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Abril, el peor mes para votar

  • Abril, el peor mes para votar

Tiempo de lectura 2 min.

13 de febrero de 2019. 03:53h

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Lorente Ferrer.  13/2/2019

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España se encuentra preparada para un vuelco político de la mayor magnitud habida hasta ahora desde la restauración de la democracia.

En la práctica totalidad de estudios demoscópicos publicados en el último mes, salvo contadísimas excepciones, la suma de los votos que obtendrían PP, CS y Vox en un adelanto electoral superaría el 50%, mientras que las izquierdas se encuentran en el entorno del 40%.

En el sondeo de NC Report para LA RAZÓN del mes pasado, el centroderecha contaba con el 52,1% del voto, frente al 40,8% de la izquierda.

Baste para ilustrar la actual situación nacional con el ejemplo del año electoral de 2011, con elecciones municipales y autonómicas en mayo y generales en otoño. Consultando las hemerotecas vemos cómo desde inicios de año los sondeos ya adelantaban la mayoría absoluta de Rajoy en las elecciones generales que se celebraron en noviembre, y que los ciudadanos también votaron con la misma orientación, que en las elecciones generales, en los comicios previos de mayo.

Lo hemos visto recientemente en Andalucía, en donde se ha votado en clave nacional, con el centroderecha completamente movilizado que creció en 334.000 votantes netos y la izquierda desmoralizada, con un descenso neto de 684.000 votantes. Por lo tanto es indiferente la fecha de las elecciones generales, tanto da el 14-A, como el 26-M, o en el segundo semestre de 2019. Los ciudadanos ya tienen decidido liquidar esta fase de gobiernos débiles que hemos padecido desde 2015 y han elegido una solución parlamentaria «a la andaluza» para el conjunto de España. No obstante, la fórmula del superdomingo o de una convocatoria en otoño podría ser entendida como aconsejable, ya que votar en abril supondría permitir una temprana victoria histórica del centroderecha que influiría notablemente en las elecciones del mes siguiente. Por lo que se debería descartar la fecha del 14-A.

De manera que la segunda opción con más posibilidades para Sánchez sería el 26-M, y confiar que el voto a la gestión de sus mejores alcaldes consiga amortiguar el triunfo en las elecciones generales y europeas del centroderecha y evitar un descalabro del PSOE.

Pero esperar a otoño o invierno sería la opción menos mala para el PSOE, ya que tras la más que probable conquista en mayo de ciudades y autonomías por el centroderecha, los socialistas podrían esperar un desgaste entre el centroderecha por la gestión municipal y autonómica y reducir el resultado de PP, CS y Vox, y por otra parte mejorar el del PSOE, en la convocatoria de elecciones generales.

Pero el ejemplo del año 2011 nos demuestra que es difícil frenar las ansias de cambio y la necesidad de mayorías amplias y sólidas, como la que se requiere para defender la unidad de España.

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