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Cataluña abre espacio electoral a Vox y preocupa a Casado y Rivera

La sentencia del «procés» puede lastrar el crecimiento del PP, que llegaría a los dos escaños, y perjudicar las opciones de Ciudadanos, que bajaría.

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    Rocío Monasterio e Ignacio Garriga exigieron ayer en Barcelona que se incluya a los CDR en la lista de los grupos terroristas

Tiempo de lectura 4 min.

16 de octubre de 2019. 16:01h

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Carmen Morodo Madrid. 16/10/2019

La campaña electoral está marcada por tantas circunstancias excepcionales que cada vez parece estar más abierta. Cataluña empieza a entusiasmar a Vox, y preocupa al PP y a Ciudadanos.

Los partidos independentistas también están convencidos de que pueden sacar ventaja de la tensión porque saben que ayudará a que todo su electorado se movilice en las próximas elecciones generales. El discurso rupturista del partido de Santiago Abascal frente al del bloque constitucionalista puede convertirse en una importante baza electoral para este partido ya que sus votantes son los más ideologizados y menos racionales, según coinciden en sostener los expertos demoscópicos.

La última encuesta en la que trabaja NC Report para LA RAZÓN apunta a que el PSC pierde un escaño; Ciudadanos, dos; y el PP puede crecer en un diputado. Más País y la CUP también amenazan con entrar en la Cámara Baja con otro diputado. Pero todo hay que ponerlo en cuarentena porque los efectos de la nueva crisis catalana abierta por la sentencia del «procés» pueden dar la vuelta a todas las previsiones. Y hacer que los que se sentían ganadores, se queden atrás; y aquellos, como Vox, a los que se había decidido ignorar en campaña, empiecen a tomar posiciones.

En ese sentido, para PP y Ciudadanos Cataluña ya no es apuesta segura como en otras campañas porque sus herencias y la irrupción de Vox han descolocado sus proyecciones. Ciudadanos carga con la gestión que hizo de su victoria en las últimas elecciones autonómicas y de la huida de su plana mayor a Madrid para proyectar sus carreras políticas en clave nacional. Al PP le pesa la gestión que hizo Mariano Rajoy del artículo 155 de la Constitución, por poco contundente, y del referéndum ilegal, porque el votante constitucionalista todavía está digiriendo que no se cumpliera aquel mantra de Rajoy de que «no iba a haber urnas». El desembarco de Cayetana Álvarez de Toledo en las últimas elecciones generales de abril no evitó el desastre y ahora el PP se enfrenta al interrogante de cómo funcionará en Cataluña su apuesta por un tono moderado y, de momento, dispuesto a sostener el pacto con Pedro Sánchez para dar una respuesta unitaria del constitucionalismo a la reacción soberanista a la sentencia del «procés». Una posición de partido de gobierno, con sentido de Estado, resaltan en Génova, que contrasta con la decisión de Vox de tirarse al monte con un discurso bronco y que va mucho más allá que el del PP y Ciudadanos.

La mayor parte de los votantes de los principales partidos reaccionan a la nueva crisis catalana de manera coherente con su posición tradicional. Así, los de Vox son los que más se movilizarán con el argumento, agitado por la dirección de Vox, de que ha sido una sentencia complaciente y que favorece que los líderes independentistas estén en cuestión de semanas o meses en sus casas. El análisis radical de Abascal del fallo del Supremo puede atraer a votantes del centro derecha a su partido, del PP y también de Ciudadanos. La formación de Albert Rivera tiene un sentido de ser como partido moderado, bisagra, puente entre socialistas y populares, pero también está muy identificado con un discurso muy duro contra el independentismo, del que intenta apropiarse Vox.

El electorado socialista, con su partido en el Gobierno, es el más estable en esta cuestión, según el análisis de NC Report. Y puede salir beneficiado o perjudicado. Si se envuelve en el artículo 155 de la Constitución y en la bandera, recibirá votantes del centro derecha, pero está por ver qué pasa en Cataluña y cómo sale parado el PSC si se excede a nivel nacional en la dureza de su discurso. Y también es previsible que la crisis catalana no tenga efecto en los votantes morados ya que su respuesta a la sentencia es coherente con su posición de siempre.

Al mismo tiempo, los tres partidos independentistas van a intentar capitalizar la sentencia en fiera competencia por ver quién tiene más mártires. La situación de tensión lleva a pensar que la participación será más alta en Cataluña que en el resto de España, lo que puede hacer que crezcan los escaños independentistas catalanes tras el 10-N en el Congreso de los Diputados, en perjuicio de los constitucionalistas. Además, es evidente que si la situación en Cataluña se descontro la la sentencia del Tribunal Supremo acabará siendo vista cómo blanda por una mayoría de los ciudadanos.

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