Elecciones

El PP se dirigirá a Sánchez antes de negociar con Vox

Antes de la negociación postelectoral, Génova ofrecerá al PSOE un acuerdo para que los extremos no condicionen a la lista con más votos

CÁCERES, 23/05/2023.- CÁCERES.- El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, (d), junto a la candidata del PP a la Presidencia de la Junta de Extremadura, María Guardiola (c) y al cabeza de lista a la Alcaldía de Cáceres, Rafael Mateos (i), durante un acto electoral de la formación, este martes en la capital cacereña. EFE/ VICENTE ROSO
Feijóo estuvo ayer con la candidata a la Presidencia de la Junta de Extremadura y el cabeza de lista a la Alcaldía de Cáceres Vicente RosoAgencia EFE

En la noche del domingo se conocerá primero el recuento de la urna municipal. Y ahí los datos actualizados de PSOE y Partido Popular, que siguen recibiendo información demoscópica aunque no pueda publicarse, coinciden en reconocer al PP como la lista que conseguirá más votos en estas elecciones a nivel nacional. En 2019 el PP llegó a perder las municipales por más de 1,5 millones de votos y ahora esperan superar a los socialistas por más de medio millón de papeletas: el trasvase total, por tanto, sería de alrededor de dos millones de votos.

Pero la fotografía que quede en la noche del 28-M, ese mapa, en teoría, en azul, será corregido en las semanas siguientes por los pactos postelectorales. Y antes de entrar en ese proceso, desde la dirección popular harán oficial al PSOE una propuesta de un gran acuerdo nacional para garantizar la investidura de la lista más votada, pensando, principalmente, en clave autonómica y también de las generales. Podría formalizarse en la misma noche electoral, con el recuento de votos ya en proceso.

La idea de que gobierne la lista más votada la llevan agitando en la nueva dirección del partido desde hace meses, preparando la propuesta que vestirán formalmente el próximo domingo, en una interpelación directa a los socialistas y a Pedro Sánchez.

No es una cuestión menor, aunque a los dos lados del tablero la den por amortizada y sin ningún recorrido, ya que, en función del resultado que dejen las urnas, esta propuesta podría alterar el futuro de comunidades tan emblemáticas como Castilla-La Mancha o Valencia. Emiliano García-Page puede conseguir la mayoría absoluta o puede ser la lista más votada en la noche electoral, lo que abriría la puerta a un gobierno PP-Vox: el escenario en la Junta sigue muy ajustado y sometido a la incertidumbre a cuatro días de la votación. Y en Valencia puede suceder algo parecido, pero alternando los términos de la ecuación: que sean los populares los que ganen las elecciones, pero, con Podemos dentro del Parlamento, no sumen la mayoría absoluta con Vox.

Aunque se quede en un brindis al sol, la dirección del PP verbalizará esta propuesta porque, aunque no prospere, le servirá de coartada para luego poder sostener ante la opinión pública que los acuerdos a los que lleguen con Vox son responsabilidad del PSOE. Detrás, la llave que lo mueve todo es la decisiva batalla por el relato, en la que empezará la pelea nada más cerrarse el domingo los colegios electorales.

El PP va a redoblar en esta recta final de campaña los llamamientos al voto útil y no da pistas, ni siquiera entre las altas esferas del partido, sobre cómo gestionará a partir del 29-M su relación con Vox. En off, en el entorno del presidente popular rebajan la capacidad de influencia de los «verdes» y prefieren derivar el debate hacia la idea de que, si llegan a necesitar los votos de Abascal, obligarán a este partido a «retratarse» y elegir entre dejar que gobierne la izquierda o facilitar un Ejecutivo del PP. Pero desde la dirección de Vox han empezado a calentar ya la precampaña con el mismo patrón que siguieron en las últimas elecciones andaluzas, a pesar de que en ese caso no sirvió para frenar la mayoría de Juan Manuel Moreno al frente de la Junta.

En público, y en privado, ya están dejando caer el mensaje de que, aunque sea por un solo concejal o diputado autonómico, exigirán entrar en los nuevos gobiernos. Es un órdago que habrá que ver si luego son capaces de sostener en la negociación, porque la diferencia en votos que haya entre PP y Vox es una variable que, objetivamente, tiene que pesar en la discusión para formar un nuevo Gobierno.

En todo caso, es un hecho que Vox se sentará en la mesa de negociación exigiendo «sillones», y la manera en la que se salde este pulso puede influir en la posición con la que los dos partidos, PP y Vox, afronten las próximas elecciones generales.

Alberto Núñez Feijóo tiene delante una coyuntura que le obliga a retratarse con respecto a la posición crítica que ha mantenido siempre hasta ahora frente a la identificación del PP con los planteamientos de Vox o las alianzas con ellos. Desde la Presidencia de la Xunta siempre reivindicó la independencia y autonomía del PP, y no vio con buenos ojos las aproximaciones de la anterior dirección a las siglas de Abascal.

Hasta ahora se ha mantenido coherente con sus posiciones anteriores y ha optado por un liderazgo sin complejos y en el que el PP ha dejado de mirar por el espejo retrovisor a las decisiones de sus competidores en el bloque de la derecha. Pero estas elecciones son su Rubicón, después de que el acuerdo de coalición PP-Vox en Castilla y León se acelerase, precisamente, para dejarlo cerrado antes de que él asumiera de manera oficial la Presidencia del PP. Fue la manera de evitar que se «manchase» con una de las herencias de la etapa de Pablo Casado. Ahora, si quiere seguir siendo coherente con lo que ha defendido cuando era barón del partido y no líder nacional, Feijóo tampoco puede imponer a sus candidatos, si no hay consenso, el criterio de ceder gobiernos a la izquierda si Vox no se mueve de esa exigencia de que para apoyar investiduras quiere cobrarse puestos de poder.

Este domingo se mide la capacidad de resistencia del PSOE y la fuerza del cambio que reivindica el PP. Y el resultado global y los resultados particulares en cada territorio dejarán margen para las interpretaciones, hasta el punto de que es posible que el análisis se mueva en los términos de que el PP avanza, pero el PSOE resiste; o el PP gana, pero el PSOE no pierde. Éste es el objetivo de Moncloa.