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Divide y perderás... un millón de votos

Tiempo de lectura 4 min.

22 de enero de 2019. 03:54h

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Lorente Ferrer.  22/1/2019

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La encuesta de NC Report para LA RAZÓN publicada al inicio de enero, un mes después del descalabro de la izquierda en Andalucía, nos confirmaba que el país estaba girando a la derecha. Frente a un centro derecha motivado que alcanzaba a nivel nacional el 51,1% del voto válido, frente a una izquierda, fraccionada también, que quedaba en el 42,0% y los partidos soberanistas en el 5,5%. El bloque de la moción de censura sumaba el 47,7%. En junio de 2016 el resultado era radicalmente diferente, las izquierdas obtuvieron el 43,8% y los soberanistas el 6,6%, con lo que sumaban el 50,4%, frente al 46,3% del centro derecha.

El frente de la moción de censura con elementos independentistas y el trato de favor a regiones ricas ha hecho que se produzca este vuelco electoral.

Podemos se está deteriorando más rápidamente que el PSOE, desde 2016 y hasta la fecha, en dos años y medio ha pasado de una expectativa de voto de 5.1 millones a 4,1 millones de votantes. En escaños de 71 a 50/53. En porcentaje de voto ha pasado del 21,2% al 17,2%. Su tendencia es a la baja y en el momento que baje del 15% del voto sabe que sus escaños serán menos de 40. Pero su descenso también se constata en los ámbitos municipal y autonómico, viendo reducida su representación en municipios y parlamentos regionales lo que imposibilitaría reeditar mayorías con el PSOE, que además quedarían descartadas por el avance del centro derecha, muestra de ello es que el centro derecha movilizó 11,1 millones de votantes en 2016, ahora llevaría a las urnas a 12,2 millones de votantes, frente a 10,0 de las izquierdas. La lección del 2-D nos enseña que PSOE y Podemos cruzaron una raya roja en junio cuando articularon una mayoría parlamentaria con grupos separatistas, y se adentraron en zona prohibida al pactar unos presupuestos insolidarios con los partidos independentistas originarios de regiones con una elevada renta per capita. Esta comunión con separatistas y el entreguismo a los mismos, ha sido duramente rechazado por el 28,5% del electorado del PSOE y el 32,6% de Unidos Podemos (Adelante Andalucía) que el 2-D, optaron políticamente por la abstención. El CIS antes referido, el realizado en diciembre y publicado en la primera semana de enero, nos mostraba cómo solo el 1,7% del electorado del PSOE y el 10,1% del votante de Unidos Podemos, está a favor de la independencia de parte del territorio nacional. Sánchez no dudó en 2015 en aliarse con fuerzas que no esconden su enemistad hacia la Constitución. Todo lo que había a la izquierda del PSOE en ese momento cuestionaba o rechazaba la Constitución y los símbolos de la Nación y a pesar de ello no dudó en sellar alianzas políticas. El PSOE llegó a pactos con estas fuerzas de extrema izquierda y nacionalistas para desalojar al PP de ayuntamientos y comunidades autónomas. Pero tres años después, en junio de 2018 los apoyos para la moción de censura llegaron también hasta de separatistas y Bildu. Por lo que el bloque de la ruptura se erigía como mayoritario con el concurso del PSOE. Los votos que legalmente llevaron a Sánchez a la Moncloa procedían de aquellos que apuestan por la ruptura de nuestro sistema político. Un adelanto electoral llevaría al Congreso una mayoría absoluta del centro derecha español, pero esta vez podría ser muy superior a la que obtuvo Aznar en 2000 y a la de Rajoy en 2011, debido a que todo el centro derecha está ahora movilizado y la izquierda está desmovilizándose. En estos momentos todo votante de centro derecha puede elegir entre el amplio abanico de opciones que representan PP, Ciudadanos y Vox.

Mientras que la izquierda, retrocede, como se demostró en Andalucía en diciembre y en todas las encuestas publicadas desde entonces, incluida la del CIS. La única salida que le queda a la izquierda española, especialmente al PSOE, es reivindicar la unidad de España, y no tener complejos en identificar y señalar a los que quieren romperla.

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