Política

Vox boicotea el cambio con un órdago de máximos al PP

Sobre un documento de partida «inaceptable» para el PP, la negociación acabó sin acuerdo. Casado se enfrenta al riesgo de la división sobre su estrategia.

El presidente del PP, Pablo Casado/Foto: Efe
El presidente del PP, Pablo Casado/Foto: Efe

Sobre un documento de partida «inaceptable» para el PP, la negociación acabó sin acuerdo. Casado se enfrenta al riesgo de la división sobre su estrategia.

Vox confirmó los temores del PP de que impusiera «la testosterona» frente al sentido común en la gestión de la negociación para la investidura de Juan Manuel Moreno como presidente de la Junta de Andalucía y se sentó ayer en la mesa de negociación con un documento «inaceptable» en sus términos originales, según lo calificó el PP a las seis y media de la tarde, aunque la reunión se prolongó hasta bien entrada la noche, con un pequeño receso hasta las diez para consultar a los máximos líderes nacionales. A Pablo Casado por parte de los negociadores del PP, Teodoro García Egea, secretario general, y Javier Maroto, vicesecretario de Organización. Génova confirmó a las once menos veinte de la noche que no había acuerdo y se remitió a otra reunión en el día de hoy.

La maniobra de Vox convirtió la situación en una jugada de alto riesgo para la nueva dirección del PP, puesto que su principal problema no es ya alcanzar el gobierno de la Junta, sino impedir que Vox consiga lo que señalan en las filas populares como su gran objetivo: «Hacer que reviente el partido por dentro».

A Pablo Casado no le vale un acuerdo en el que se imponga la división entre los que lo apoyan y los que no lo apoyan dentro de su formación. «No se trata de llegar a la Junta a toda costa», sentenciaban anoche desde la organización regional, a ciegas aún sobre lo que se estaba negociando en Madrid pero desde la premisa de que el documento inicial de Vox era «tóxico».

Con el PP ya abierto en canal por los críticos hacia los guiños, hasta ahora estrictamente discursivos, de la dirección nacional a algunos de los planteamientos de Vox en relación a la violencia machista, el documento con las 19 exigencias cayó como «dinamita» en la negociación del Gobierno del cambio. Aunque las horas de negociación confirmaron que aparentemente no todo eran «líneas rojas» para Vox.

Fuentes consultadas por este diario habían anticipado que la conclusión tras la primera lectura es que se estaba ante «pura propaganda para los fieles», un «despropósito», inviable, además, porque afectaba a competencias que ni siquiera estaban en manos del Parlamento andaluz, al ser exclusivas del Estado.

Luego Génova confirmó esta primera descalificación: «A Vox parece importarle más Vox que los andaluces. Se trata de un documento inaceptable por parte del PP. Varios de los puntos son un auténtico despropósito que el PP no puede respaldar. Con este documento Vox demuestra que no quiere un acuerdo. Si no cambia su postura, Vox estará desperdiciando una oportunidad histórica para que haya un cambio en Andalucía después de casi 40 años de socialismo». Vox respondió a través de Twitter, mientras seguían reunidos, que su documento sí era «negociable» frente al texto «innegociable» de 90 medidas ya cerradas de PP y Ciudadanos.

La decisión del PP es mantener su acuerdo con Ciudadanos y que Moreno opte a la investidura, salvo que el PSOE y Adelante Andalucía pacten un candidato de consenso, ya que si Vox se queda fuera del pacto del «cambio» el candidato de izquierdas sumaría más diputados y debería ser el primero en optar a la investidura.

Estos primeros contactos de la dirección del PP con Vox recuerdan bastante al pulso que sostuvieron el PSOE y Podemos cuando en la formación morada empezaron a soñar con «el asalto a los cielos». Génova ha constatado estos días «el subidón de éxito» de la dirección de Vox, las dificultades de interlocución «en un marco de lealtad y de cooperación», así como «las zancadillas encubiertas», se quejan, para seguir comiendo terreno en el electorado más a la derecha del PP. Por eso, en paralelo, dentro del partido ha ido asentándose una corriente crítica con la gestión de la relación con Vox, distante con la estrategia de Génova de evitar el choque e incluso de competir en su mismo terreno en cuestiones muy sensibles.

La decisión de Casado de asumir el término «violencia doméstica» frente a la violencia de género o violencia machista ha sido, de hecho, el desencadenante que ha provocado que por primera vez se mueva un referente como el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, para poner voz al rechazo de buena parte del poder territorial a la tentación de perder el centro para competir con el discurso del partido de Santiago Abascal.

«Todo podía empeorar. Y era una posibilidad más que evidente. Si entras en su terreno, te arrastran», se escuchaba ayer dentro del PP después de que se conociese que entre las exigencias de Vox para apoyar la investidura de Juan Manuel Moreno como presidente de la Junta de Andalucía figuraban, entre otras condiciones, que la Junta abra un proceso para renunciar a las competencias de Educación, Sanidad, Justicia y orden público. Que se deroguen todas las leyes de género y la de Memoria Histórica, eliminar las ayudas a inmigrantes ilegales, a las comunidades islámicas y a las asociaciones feministas, y reducir Canal Sur a sólo un canal y con la mitad de presupuesto.