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María Jesús Montero: «La negociación con Podemos se rompió tras la última reunión»

La ministra de Hacienda en funciones reconoce a LA RAZÓN que no había posibilidad de un acuerdo de última hora porque los de Iglesias nunca renunciaron a la coalición.

  • María Jesús Montero, ministra de Hacienda en funciones / Foto: Alberto R. Roldán
    María Jesús Montero, ministra de Hacienda en funciones / Foto: Alberto R. Roldán

Tiempo de lectura 8 min.

22 de septiembre de 2019. 17:05h

Comentada
T. Bolaño / A. Martínez.  22/9/2019

Esta médica que también cursó estudios de Cirugía se maneja con soltura ante las preguntas como si lo hiciera con un bisturí. Pilar fundamental del equipo que negoció con Podemos la investidura, aún hoy se pregunta cómo se rechazó la oferta de coalición.

¿Cuándo se dieron cuenta, en la negociación, de que íbamos a elecciones?

Tras la última reunión, porque no había posibilidad de que Podemos asumiera que el entendimiento de la izquierda podía tener otra fórmula que no fuera la coalición. Entonces fuimos conscientes de que iba a ser casi imposible el acuerdo. Siempre se mantiene el hilo, hasta el último minuto, pero todos supimos que iba ser difícil un cambio de posición por su parte y que si la derecha no asumía su responsabilidad, nos abocábamos a elecciones.

¿Qué parte de responsabilidad por la repetición electoral corresponde al PSOE?

Nos corresponde la responsabilidad de no haber convencido a Podemos de que había que hablar primero de las políticas y del programa. La buena marcha de la negociación hubiera partido de poner los problemas de los ciudadanos desde el primer momento en el centro del debate. No ser capaces de convencerles de que hablar de la coalición o la estructura del Gobierno era una cuestión complementaria.

Acusan a Pablo Iglesias de haber boicoteado la negociación. ¿Es imposible un gobierno progresista en España mientras él siga al frente de Podemos?

Mi impresión es que cuando Iglesias dijo que daba un paso atrás, no era auténtico. El equipo de negociación que venía de parte de Podemos no tenía ningún margen para mover la negociación. Cuando tú mueves tu posición y lo que responde la otra parte es volver a la casilla de salida. A cada propuesta, volver al punto inicial. Eso es enrocamiento en una postura que impide avanzar. Nosotros hicimos varias simulaciones de gobierno de coalición y a todas nos dijeron que no.

Que Iglesias haya advertido de que ya no dará un paso atrás después del 10-N, ¿anticipa un nuevo bloqueo?

Me llama la atención que en la última conversación con el señor Sánchez, el señor Iglesias casi le amenazara trasladando que lo siguiente sería un gobierno de coalición y que él ya no daría un paso atrás. Como si el problema de este país consistiera en la posición del señor Iglesias. De lo que se trataba era de superar la concepción de dos gobiernos en uno que él tenía y que con otros integrantes de Podemos pudiéramos hacer un gobierno cohesionado. Un gobierno que estuviera en condiciones de no ser un problema sino una solución. No me corresponde a mí ni al PSOE valorar lo que tiene que reflexionar Unidas Podemos. Primero que se expresen los ciudadanos y todos reflexionaremos tras los resultados.

Si Podemos hubiera aceptado la oferta de julio, ¿tendríamos hoy un «gobierno a cualquier precio»? ¿Sería estable ante retos como el Brexit o la desaceleración económica?

Seguro que el gobierno hubiera tenido estabilidad, hubiéramos podido afrontar esos retos con una complicidad, pero esa complicidad se lastró y no fue posible en el transcurso de la negociación ni después. Si se hubiera acrecentado esa confianza, la propuesta hubiera sido una buena solución para este país. El PSOE hizo una propuesta generosa de gobierno de coalición, ofreció una vicepresidencia y tres ministerios, yo todavía me pregunto cómo la rechazaron. No me cabe en la cabeza pensar que Podemos tuviera una pretensión tan alejada de la propuesta que se hizo, advirtiéndoles que esa propuesta tenía vigencia durante el mes de julio y que posteriormente si ese camino no conducía a buen puerto, habría que explorar otros. ¿O es que la izquierda solo tiene la fórmula de la coalición para entenderse?

¿No cree que se arrepienten, cuando les piden recuperar la propuesta en ese punto?

No lo he escuchado de su boca, solo que faltaría poco para el acuerdo desde esa propuesta. Mi sensación es que Podemos se equivocó cuando rechazó esa oferta.

¿A qué votantes se dirigirá el PSOE en esta campaña?

Nuestro objetivo es permitir y conseguir que los ciudadanos que habían apostado por el PSOE lo sigan haciendo. Tenemos que tener la capacidad de plantear una oferta real para el voto moderado, que quizá no tenga tan clara la definición ideológica: que en su día se hubiera conducido hacia Ciudadanos y que hoy está desencantado porque es indistinguible del PP y Vox. Ese voto tiene que pensar que quien aporta estabilidad es el PSOE y, como no, que la izquierda de este país confíe en esta formación. Así que todos los públicos son elegibles, pero tenemos más sintonía con el voto de izquierda y de centro, que lo que quiere es soluciones, no reparto de sillones ni de cargos.

¿Se creyeron la propuesta de tres condiciones de Rivera?

El propio momento y la puesta en escena hacían sospechar que iba más de farol o que era un movimiento a la desesperada ante la crítica de inmovilismo, que un intento de llegar a un acuerdo con el PSOE. Es muy difícil explicar que el líder del partido de Ciudadanos, tras referirse al señor Sánchez como el «líder la banda» –poco menos que de maleantes– a 48 horas de producirse una votación saliera públicamente diciendo que ponía tres condiciones para desbloquear la investidura. Además, constatamos el farol cuando las tres condiciones que proponía ya se cumplían y las dudas que se expresaban eran un mero pose que buscaba la confrontación. Ciudadanos vive a lomos de la confrontación, su caldo de cultivo es el conflicto.

Existe el riesgo cierto de que el equilibrio de fuerzas sea similar tras el 10-N. ¿Qué hará diferente el PSOE para conseguir el Gobierno? ¿Podría recuperarse la coalición?

Tenemos que ser capaces de llevar al ánimo de Podemos que el entendimiento de la izquierda es necesario y obligatorio pero que no hay un solo camino posible. Podemos no ha salido de su propuesta de julio, para ellos no existe otra fórmula de entendimiento. No lo comparto. Hay muchas maneras y sobre todo cuando la coalición ha fracasado. Hay que ponerse de acuerdo en otras cuestiones. Sería una irresponsabilidad no esperar a la lectura de lo que los ciudadanos expresen y cada formación política tendrá que reflexionar si la línea que seguían era la correcta.

Parece que el bipartidismo se consolidará en las próximas elecciones, ¿este escenario favorecería la estabilidad?

Efectivamente, la experiencia que hemos tenido en este país es que la aparición de nuevas fuerzas –a izquierda y derecha– no ha aportado estabilidad al país. La prueba está en que en los últimos años ha habido hasta cuatro elecciones para que se abra camino la voluntad popular. Entre otras cuestiones porque las normas de las que se ha dotado la democracia española están más pensadas para el escenario bipartidista que para el de fragmentación. Hay que pensar que el sistema sea capaz de albergar una situación bipartidista y también fragmentada, hay que perseguir que ese ambiente de conformación de gobierno lo permita.

¿Ese sistema sería una doble vuelta, por ejemplo?

Bueno, hay muchas fórmulas, yo diría que la que concite más acuerdo. Lo importante es que al menos el partido del Gobierno y el principal partido de la oposición coincidan en cuáles son las fórmulas que dan más estabilidad, con independencia de quién gane las elecciones. El PP tiene experiencia de bloqueo y el PSOE le liberó para que pudiera conformar gobierno. Hoy por hoy es el PSOE quien tiene experiencia de bloqueo, por lo que esta situación parece que la viven quienes tienen vocación mayoritaria. Las dos grandes fuerzas políticas tenemos que hacer una reflexión seria, porque no podemos conducir al país cada vez que hay una elección, a una repetición.

Una de las distorsiones que amenazan en el horizonte es la sentencia del «procés». ¿Cómo cree que afectará?

Preocupa. A todos nos preocupa la sentencia del «procés», porque producirá impacto entre la ciudadanía catalana. A unos les gustará más o menos. A unos les parecerá que se ha dictaminado mucho o poco, pero va a suponer una conmoción dentro de Cataluña. La sentencia va a ser un elemento capital durante la campaña que unos y otros van a querer aprovechar. Unos, los independentistas, cuestionando al Estado de derecho; otros, la derecha, alimentando el conflicto territorial.

¿Teme el PSOE la desmovilización tras la falta de acuerdo entre la izquierda?

Si el señor Sánchez hubiera querido el poder por el poder, hoy no estaríamos en convocatoria electoral. Hubiera tenido diferentes opciones para aceptar lo que no le gustaba, pero hubiera sido el precio a pagar para mantenerse en el sillón. No lo ha hecho, ha dado muestras de perseguir más la gobernabilidad del país que su propia figura como presidente y la respuesta es clara: la izquierda se pondrá de acuerdo con aquello con lo que comparta políticas, a la derecha le da igual con tal de conseguir el poder.

Pero, ¿entiende el hastío?

Entiendo la decepción de la gente. Los propios negociadores hemos tenido esa sensación de desazón. Le puedo asegurar al electorado de izquierdas que ha habido un intento franco y honesto por parte del PSOE de perseguir una alianza de izquierdas que permitiera estabilidad y cambiar la vida de los ciudadanos. Por lo que ha velado el PSOE es por que ese acuerdo no generara más problemas que soluciones y que, por tanto, el gobierno no se convirtiera en una preocupación, sino en el instrumento para cambiar la vida de la gente. Ni queríamos el poder a toda costa ni queríamos pactar con los independentistas para romper este país. Ahora los ciudadanos tienen que tomar la palabra.

¿Cómo afectaría al PSOE la eventual irrupción de Errejón en el espectro de la izquierda el 10-N?

La hipotética participación del señor Errejón o de su formación es un reflejo de la situación por la que ha atravesado Podemos, donde buena parte de sus socios fundadores han abandonado el partido.

¿Se desbloquearán los 4.500 millones para las autonomías?

Estamos explorando la fórmula para actualizar las entregas a cuenta. Confío en que será posible hacerlo. Le recuerdo que Montoro se negó a actualizar las entregas a cuenta sin tener aprobados los Presupuestos. En cambio, nosotros estamos intentando hacerlo sin Presupuestos y en funciones. Es una situación inédita, pero siempre hemos mostrado nuestra voluntad de que las comunidades reciban esa financiación.

¿Cuándo ocurrirá?

Mi pretensión es a la mayor brevedad posible.

España sigue con los Presupuestos de Montoro, ¿puede permitirse entrar en 2020 con estas cuentas prorrogadas?

Debería no poder permitírselo porque son unos presupuestos que tienen muchas carencias. Soy realista y visto el calendario, si hubiéramos tenido investidura en septiembre, hubiéramos llegado a enero con los Presupuestos, porque están prácticamente confeccionados. Visto que las elecciones son el 10 de noviembre, espero que se constituya gobierno a la mayor brevedad posible y entorno al mes de febrero podemos, si todo va bien, estar presentado el proyecto de Presupuestos. Sería una fecha, no la deseada, pero razonable. Si nos vamos más tarde de este mes, tendremos dificultades con las nuevas figuras fiscales que nos tienen que permitir mayores ingresos. Esos gastos tienen que tener la cobertura de esos mayores ingresos y hay que llegar a tiempo.

Si el PSOE logra formar Gobierno, ¿la veremos de vicepresidenta?

Tengo confianza en que la posición del PSOE y su gestión durante este periodo del bloqueo permita que los ciudadanos sepan que somos garantía de estabilidad política, económica y territorial. Confíen y nos hagan fuertes. Creo que repetiré en las listas por Sevilla.

Precisamente algunos ven su futuro lejos de Madrid, en 2020, ¿la veremos en Hacienda o liderando el PSOE andaluz?

A mí me encantaría culminar mi trabajo en el ministerio de Hacienda, porque tengo que aprobar estos presupuestos. Ahora pienso que me voy a quedar siempre en Hacienda. Trabajo como si esta responsabilidad fuera a comprometerme toda la vida. No tengo ninguna perspectiva que no sea ser la ministra de Hacienda y si el presidente considera que mi tiempo en este ministerio ha terminado, deportivamente, así lo aceptaré.

No es incompatible con ser vicepresidenta...

(Risas) Mi responsabilidad está donde está, creo que mi vicepresidenta lo hace realmente bien y que ninguno lo podríamos hacer mejor que ella.

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