Toni Bolaño

Pónganse de acuerdo

Conclusión: no hay ruptura, pero tampoco sentido común

Yolanda Díaz y Pedro Sánchez durante el pleno del Senado
Yolanda Díaz y Pedro Sánchez durante un pleno del SenadoGonzalo PérezLa Razón

Mal rollo. Tensión. Agresión verbal. Este es el tono entre Unidas Podemos y el PSOE a cuenta de la modificación de la ley del «solo sí es sí». A cuenta de una modificación necesaria que tapone la herida abierta hace ya cuatro meses. Todos los intentos de acuerdo han fracasado. Si no hay un milagro, hoy se votará en el Congreso y los socios del Gobierno de coalición votarán por separado. No parece que el milagro del consenso esté al acecho por la rudeza del lenguaje podemita de ayer mismo. Nadie insulta y menosprecia a aquel con el que quiere pactar. «Traición al feminismo» y «pacto de la vergüenza» –por el apoyo del PP a la tramitación de la reforma– fueron los «cariñosos» epítetos de los morados a los socialistas, lo que acentúa el malestar en el PSOE y los reafirma en su posición de hartazgo hacia sus socios. En especial hacia Irene Montero, Ione Belarra, sin olvidarse de Pablo Iglesias. De Yolanda Díaz nada se sabe. Tampoco de Alberto Garzón. Los dos líderes juegan su propio partido.

PSOE y Podemos mantienen su pulso enconado en la víspera del 8-M. Ambos parecen cómodos en sus posiciones porque las encuestas sobre las generales mantienen viva la esperanza. La izquierda puede sumar aunque el PP sigue por delante pero lejos de la mayoría absoluta. Los 176 escaños se le atragantan a Feijóo. No llega ni con Vox, ni con la ayuda de sus aliados asturianos y navarros. Sin embargo, el mascarón de proa de la coalición, la confianza, está en sus horas más bajas. Nadie está por la ruptura porque la ruptura sería tanto como entregar las armas antes de la batalla de diciembre. Ambos partidos porfían que el enfrentamiento afianza sus graneros de votos.

Conclusión, no hay ruptura pero tampoco hay sentido común. «Seny» que diríamos los catalanes. Eso brilla por su ausencia. La bronca constante, que agita la derecha política, mediática, económica y judicial, no es buena consejera en un momento de tribulaciones y de cambios porque, señores y señoras del Gobierno, la tensión desmoviliza. Romper la unidad del feminismo también. El feminismo siempre ha tenido muchos acentos y el debate en sí mismo no es negativo. De hecho, el PP ha entrado en el terreno de juego para desmarcarse de Vox, pero utilizarlo como arma arrojadiza en la pugna política es un craso error cuando un 25% de los ciudadanos ven negativas las políticas feministas. Podemos ha optado por la brocha gorda, los prejuicios y los maximalismos en lugar de apostar por una política con amplitud de miras y con las puertas abiertas para dar cabida a los más reacios.

La actitud de Podemos, su sacar músculo, no solo obedece a su particular pulso con el PSOE. Va más allá. Obedece a un pulso soterrado y cainita con la vicepresidenta Yolanda Díaz. Estamos aquí y no daremos ni un paso atrás, es el mensaje claro y diáfano de Podemos a Díaz. Quieren ser protagonistas y no actores secundarios en la fórmula Sumar. Lo han dejado claro en Madrid porque es el único lugar de España donde lo podían dejar claro, porque fuera de Madrid Podemos es un azucarillo disuelto en las turbulentas aguas de la política. Tan claro lo han dejado que hacen imposible que la izquierda pueda imponerse en la joya de la corona. La división es la principal vitamina electoral del adversario. Podemos en Madrid –capital y comunidad– no aspira a nada. Solo a conseguir la derrota de la izquierda. Todo un mensaje para Yolanda Díaz. Así se entiende su ensordecedor silencio sobre la descomunal bronca entre socios.

No habrá ruptura pero las heridas quedarán abiertas. No olviden otros campos de batalla que Podemos aprovechará para marcar perfil propio. A Sánchez y a Díaz. Léase Ley de Vivienda, pensiones o «ley mordaza». Todo un lodazal que convenientemente aderezado provocará más tensión y más enfrentamiento. Y más desmovilización de un electorado hastiado. Pónganse de acuerdo por favor. Por la salud de la coalición. Por la sensatez.