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Bailemos un chotis

La columna de Carla de la Lá

  • Bailemos un chotis

Tiempo de lectura 5 min.

19 de mayo de 2018. 12:38h

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Carla de La Lá Madrid. 19/5/2018

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Qué bonitas las brevísimas tardes de la primavera en #Madrid ¡Hay que valorarlas como si fueran plantas exóticas!

El otro día, cenamos en nuestro restaurante vegano de cabecera: el Copenhagen, de Ortega y Gasset (me río, porque nos parecía sosísimo hasta que nos dimos cuenta de que era vegano, que no lo sabíamos, y desde entonces nos empezó a parecer estupendo y comprendimos, asumimos y hasta aplaudimos su desabrimiento y su insulsez. Ahora es salud, vitaminas y austeridad ¿comprenden amigos? Y esto me ha pasado con tanta gente...¡Qué importantes son las circunstancias y los contextos a la hora de valorar lo que sea!).

Cenaba con la inigualable y bella artista Beatriz Lumbreras, Felipe Álvarez de Toledo, mi marido, y mi psiquiatra favorito, que es mi hermano y debatíamos en torno a una espartana mesa sobre un temazo: el suicidio, la auto-evacuación.

Felipe, sostenía, como el #Eclesiastésque las personas inteligentes sufren más (“Porque en la mucha sabiduría hay mucha frustración y quien añade conocimiento añade dolor”. Ecl. 1:18); me viene una conversación con mi madre hace muy poco:

Mamá: Qué tal Carlita...

_Bueno...estoy preocupada por Pepe.

Mamá: ¡Qué tontería! No te tiene que preocupar Pepe, en absoluto.

_Pero sufre mamá, está sufriendo en el colegio.

Mamá: hijita, es que eso de no sufrir es un poco de primate, no?

Pero, en Copenhagen, Alejandro decía que no. Comparaba la felicidad o el equilibrio, con la escalada sobre una peligrosa montaña vertical, donde el alpinista (inteligente o no) estaría más seguro en la medida en la que estuviera sujeto al mayor número posible de anclajes; de ese modo, si un anclaje falla, el alpinista no caería al vacío.

La estabilidad igual, decía, para permanecer seguros debemos asirnos a la vida (al equilibrio mental) con el mayor número de anclajes, a saber, la pareja, la familia, los hijos, el trabajo, los amigos, las aficiones, los hobbies, el deporte, la cultura, el ukelele, la numismática, las semillas de chía...cuantos más anclajes, más difícil será precipitarnos...

Para mí el verdadero anclaje, el que no falla jamás, la clave, es Dios, el que cree en Dios, tiene dentro una primavera y un sol radiante en pleno invierno, y ya pueden caer chuzos de punta, queridos. Mi hermano, que es ateo, como mi maridín y como casi todo el mundo, decía, que es habitual en la gente más primitiva que apuesten toda su estabilidad (sin saberlo) a una carta; que diversifican menos sus afectos e intereses y claro, cuando esta les falla... "Le dejó su mujer y se suicidó".

La gente se suicida mucho cuando hace calor, llegan las cerezas, las ciruelas, el melón, la sandía y la autolisis, amigos. Sin embargo, Madrid, nuestra Madrid, la cuidad más cara, dura, caótica y áspera de España, por lo visto es la más feliz en el mapa nacional de suicidios (siempre lo sospeché).

¿Les he dicho ya cuánto, cuantísimo adoro Madrid? Ay, Madrid, desordenada, seca, libertina, y jeta, inteligente y generosa. Permítanme amigos el homenaje, que estamos en San Isidro.

Me considero de Madrid, aunque no nací aquí y aunque mi padre intentó hacerme ciudadana del mundo leyéndome a Montesquieu desde que me salieron las orejas. Todo eso está muy bien, pero soy de Madrid.
El universo, el cosmos, lo inventaron los rusos o los americanos... pero en Madrid, Oh Madrid, hasta la gente que te cae mal, te cae bien.

¿Y quién necesita amistades en Madrid? Tener amigos es necesario en Barcelona, en París, en NY...pero en Madrid, Oh Madrid, fiel compañera, la suerte de la fea la bonita la desea...


¡Qué tierna eres Madrid!, con tus monumentos casi bellos y tus avenidas casi grandes y tus tiendas casi elegantes y tus mujeres casi guapas.

¿Cuál es su barrio favorito de Madrid? El mío, este desde el que les escribo y que algunos tachan de aburrido y pacato cuando es sorprendente y salvaje. Fuente inagotable de placer e inspiración, vivo en el Barrio de Salamanca desde hace más de 20 años_restando los casi 2 en Barcelona_ y lo que voy a decir no me ofrece la más mínima duda: en este barrio, la gente está loca, loca de amor, de estrés, loca de familia, de toda la vida, loca de libro, loca de deseo...loca de principios y loca al fin. Pero sus locuras, no se proyectan desconsideradamente hacia el exterior, se contienen, en lo posible porque hay cortesía y educación. El mundo es muy ingrato con el Barrio de Salamanca.


Yo, señores, también reivindico los bares de viejos de Madrid, pero los bares de viejos "bien", de esos limpitos, impecables, con su barra de madera lacada y su señora de visón y speedy tomándose un par de cañas ella sola. En Madrid, buen café no, pero una caña bien tirada, sí.


Adoro el Café Bar Silma, aunque mi favorita era #Laflecha_ la mejor cafetería de la capital, que han derrumbado para poner en su lugar un gastro-bar de esos, decorados insistentemente, con machaconería trendy-glam, lámparas de latón, papeles pintados de hojas de palma verdes, sillas de terciopelo azules con remaches dorados, espejos años sesenta, lámparas fase y extra de salsa Neo Art Decó fashion en los baños, para alegría de tronistos y tronistas.


Yo que padezco migrañas frecuento poco esos tableros de parchís con camareros.

Aclaro, queridos que para mí gente-guapa o guapo no es el tronista. Lo siento, pero no veo en ellos el brillo del entendimiento, la moral, la filosofía y la creatividad, que son la estética. El destino del tronista siempre fue la fealdad pero el tronista, amigos, es la clase de feo dolorosamente hiper-trabajado en todo lo externo. Igual que sus restaurantes favoritos, eh?

Carla de la Lá

Sobre la autora

Soy periodista, escritora, diseñadora, profesora y empresaria. Dirijo la oficina de Madrid de GLOBE Comunicación. Tengo 4 hijos, un marido, un exmarido, un perro y un gato y pienso que la vida es como un bizcocho que se te quemó. La receta nunca sale como uno espera, como la foto del libro ¡Se te ha quemado el bizcocho!_Oirás_Claro, ya lo sé, yo misma lo puse a la temperatura equivocada...¿pero sabéis qué?

No hay que dejarse llevar por la cubierta requemada, coges un cuchillo, la quitas y por dentro está buenísimo, y ya si le pones una buena mermelada...mmmm ¡delicioso!

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