Meghan gana la partida a Isabel II, que abre un “periodo de transición”

La realeza británica tomó ayer en Sandringham las primeras decisiones sobre el futuro de los duques de Sussex

Enrique y Meghan han planteado todo un órdago al Palacio de Buckingham y, de momento, las cartas no pueden estar jugando más a su favor. Han ganado. La reina Isabel II acepta su polémica decisión de dejar la familia real. La soberana, de 93 años, citó ayer en su residencia oficial de Sandringham, al norte de Inglaterra, al heredero al trono, el príncipe Carlos; al segundo en la línea de sucesión, Guillermo; y al gran protagonista, Enrique, para analizar la difícil situación que ahora se plantea después de que los duques de Sussex comunicaran que quieren vivir económicamente de manera independiente y dividir su tiempo entre Reino Unido y Norteamérica.

El cónclave real acaparó todo el protagonismo a ambos lados del Atlántico y finalizó con un escueto comunicado firmado por la monarca donde especifica que “respeta y comprende” el deseo expresado por su nieto menor. “Aunque habríamos preferido que hubieran seguido trabajando como miembros de la Familia Real a tiempo completo, respetamos y comprendemos su deseo de vivir una vida más independiente como familia sin dejar de ser una parte importante de la mía”, reza el texto. Así, tras lo que califica de “unas conversaciones muy constructivas”, la jefa de Estado manifestaba su “apoyo absoluto al deseo de Enrique y Meghan de crear una nueva vida”. “Enrique y Meghan han dejado claro que no quieren depender de los fondos públicos para sus nuevas vidas (...). Por consiguiente, hemos acordado que habrá un periodo de transición en el que los duques de Sussex pasarán tiempo en Canadá y en Reino Unido”, explica. “Son cuestiones complejas que debe resolver mi familia y queda trabajo por hacer, pero he pedido que en los próximos días haya una decisión definitiva”, concluye el texto.

Apenas fueron 12 líneas, pero cada una de las palabras utilizadas es tremendamente significativa. Es cierto que no se contesta a todas las preguntas que plantea esta nueva situación. Aunque al aceptar la decisión de los duques de Sussex, la monarca autoriza una nueva era en Palacio. Según la Prensa, había pedido que durante el periodo de transición, los grandes protagonistas se quedaran en Reino Unido. Pero hasta en eso, los duques de Sussex se han salido con la suya, porque Meghan ya se encuentra en Canadá y se espera que su esposo se reúna con ella y su hijo Archie en los próximos días.

De momento, siguen sin esclarecerse cuestiones claves, como si la pareja conservará sus títulos o continuará con protección de Scotland Yard, pagada ahora con dinero del contribuyente británico. Al estar fuera del país, el coste se incrementará considerablemente. Y esta es una de las cuestiones más criticadas por los ciudadanos. Si bien son muchos, según las encuestas publicadas en los últimos días, los que respetan su decisión no ven con buenos ojos que sigan con protección oficial pagada con arcas públicas o recibiendo una millonaria partida anual del “bolsillo” de Carlos.

La decepción del heredero al trono con su hijo es descomunal. El príncipe Felipe, que estuvo asimismo presente en la reunión celebrada ayer, también está sumamente descontento con su nieto. Según los diarios, considera que Enrique se está comportando como un «adolescente inmaduro» y no son pocos analistas los que creen que está manipulado por su mujer, la que fuera actriz norteamericana, a quien el papel de princesa le quedó grande. En el Palacio de Buckingham no se había vivido una “dimisión” desde que Eduardo VIII, tío de Isabel II, abdicara en 1936 para casarse con la “socialité” americana Wallis Simpson (dos veces divorciada). Su decisión nunca contó con el apoyo de la familia real. Y en ese ambiente es donde creció precisamente la pequeña Lilibeth. Para Isabel, el compromiso con la Corona es vitalicio, a lo que jamás se puede renunciar. De ahí que para ella la situación sea ahora tremendamente dolorosa.