¿Acabaremos sin abrazarnos?

Vamos hacia la austeridad gestual, nosotros, que somos tan propensos al achuche

Fotograma de la película 'Lo que el viento se llevó'.La Razón

Aprovecho su reciente reposición televisiva en La 2, casi auténtico estreno o más bien reestreno de los que ya no se dan en las salas (antes había locales especializados en reestrenos doble, en el que el Dorè coruñés destacaba). Eran sesiones de 4 a 8 de la tarde y así mi primera peli seria fue ‘Las rocas blancas de Dover’. Fui a hurtadillas y quedé rendido por sus casi cuatro horas de duración.

“Lo que el viento se llevó’ y lo que el culo nos dolió”, decíamos entonces bromeando pero reconocedores de la paliza. Volvimos a recordar las peripecias del Sur norteamericano para no dejar de serlo. Interpretación sublime de la sentimentalmente inestable Vivien Leigh, a quien aporreaba su marido Laurence Olivier. Un Hamlet clásico e inolvidable. Le daba mal vivir, decían que celoso de su belleza y calidad. La ví en un teatro de Londres haciendo “Una gata sobre un tejado de zinc caliente” y aquí con Bautista y Rafael Arcos en el papel de galán de ambigua sexualidad. Era evidente pero solo insinuada. Supuso un gran éxito para Aurora Bautista, como lo fue su colocadora y todavía perenne ‘Locura de amor’ de Juan de Orduña que hizo más que ‘El último cuplé’, aunque también creó época y consagró a la Montiel luego rebautizada Saritísima por Terenci Moix.

Años después, Nuria Espert siguió esa trágica línea rompedora con una ‘Yerma’ de Víctor García que asombró al mundo. Se la ví en San Francisco y puso en pie. La Cadena 13 suele recuperar esos títulos emblemáticos, como hace días exhumando ‘Condenados’. Mereció la pena. Hacíamos muy bien cine.

Volviendo a ‘Lo que el viento’, encontramos a un Clark Gable muy estirado e inexpresivo, como sintiéndose un aristócrata sureño. Minie mereció un Oscar y lo logró con justicia a pesar de ser negra, algo que fue polémico en aquella América aún racista de 1938 y menos permisiva que hoy, aleluya, aunque algunos Estados todavía conserven aquellas raíces. Ahí les duele, precisamente ‘Raíces’ fue una gran serie denunciadora-discriminadora. No es el caso de Nueva York, Los Ángeles o Miami, con un casi 70 por ciento de población latina y el español como segunda lengua. Los tenemos asustados con nuestro “spanglish”. Abramos un punto y aparte en nuestro programa festero, hay que recortarlo o casi suprimirlo. Vamos hacia la austeridad gestual, nosotros, que somos tan propensos al achuche.