El perreo que conecta a Pedro Sánchez con Miley Cyrus

La relación entre el presidente y la artista comenzó con un tuit, pero detrás de su «coqueteo» virtual se esconde una pasión musical, el reguetón, al que el líder socialista ha incluido en sus listas de reproducción favoritas

Pedro Sánchez y Miley Cyrus, en imágenes de archivo
Pedro Sánchez y Miley Cyrus, en imágenes de archivoLa RazónLa Razón

Pedro Sánchez se puede dar por satisfecho. Si Kennedy fue agasajado en su 45 cumpleaños por Marilyn Monroe con la canción más sensual de la historia, nuestro presidente, mal remedo de JFK, según los analistas políticos, ya ha tenido también su particular premio de parte de otro icono estadounidense, Miley Cyrus. La artista, comprometida con la lucha contra la pandemia, pidió hace días–a él y a los principales líderes políticos–que se involucrase en la financiación de test, vacunas y tratamientos, especialmente para los colectivos más desfavorecidos.

El presidente respondió, y el «affaire» telemático ha ido más lejos por obra y gracia de las redes sociales, ya que podría haber entre ellos una conexión aún más metafísica. A ambos les une el perreo, ese baile que incita a moverse en la pista de cintura para abajo con una candencia similar a la de una pareja de canes en pleno enganche erótico. Miley Cyrus hizo gala de este arte hace unos años vestida con un ajustado corsé que más tarde se quitó para lucir un bikini color piel plastificado y bailando twerking (igual que el perreo, pero con acento americano), con el cantante Robin Thicke. Su actuación, a pesar del torbellino que desató, llegó a alcanzar 306.000 tuits por minuto.

Del perreo de Sánchez solo se sabe que está en su Spotify. Nada de cómo, ni dónde, ni cuándo practica este baile tan candente, pero la curiosidad está haciendo correr ríos de tinta después de un tuit rescatado de 2017 que saca a la luz las «playlists» de su Spotify. Es decir, su cancionero particular. El presidente quiso compartir en su cuenta de Twitter una de sus listas, que él llamó banda sonora de primarias, y esto le jugó una mala jugada, ya que no se percató de que al acceder a su «playlist» quedaba al descubierto su perfil de usuario.

El ingenio que suele aflorar cuando pasan estas cosas no se ha hecho esperar y las redes se han llenado de memes punzantes y comentarios desternillantes. Lo que llama la atención de su perfil en esta plataforma es el amasijo de estilos y corrientes. Desde David Bowie o Iggy Pop hasta el el gansta rap de Snoop Dogg, un subgénero de rap identificado con el modo de vida de algunas pandillas violentas. Las redes lamentan también que Pedro Sánchez no haya encontrado la música que le gustaría escuchar mientras se prepara la tostada para el desayuno.

Esta lista aparece vacía, pero si admitiese consejo, la idónea sería la canción «Weightless», de Marconi Union. Tiene, según el investigador David Lewis Hodgson, que se ha empleado a fondo hasta dar con el tema más relajante del mundo, inmenso potencial para apaciguar cualquier mente y dura ocho minutos, tiempo suficiente para hacer un buen café, tostar la rebanada de pan y, de paso, rebajar los malos humos si los hubiera.

Aunque reserva un sitio a artistas veteranos como Serrat, Manolo Tena o Miguel Bosé, en la lista abundan grupos de moda como Izal, Vetusta Morla, Miss Cafeína, Bad Bunny o La Habitación Roja. Demasiada mezcolanza para pedir a un psicólogo que analice su carácter, comportamiento o estado de ánimo a partir de sus preferencias musicales.

«Hipersexualizado»

Tal es el batiburrillo que ni siquiera David Greenberg, investigador de la Universidad de Cambridge, podría aplicar su teoría según la cual los criterios musicales nos acercan algo más a la personalidad de alguien y determinan si es más empático o sistemático.

De acuerdo con su trabajo, nuestro estilo musical es un parámetro muy útil para saber en qué categoría humana entramos. Por ejemplo, entre Mozart y Bartók, las personas empáticas escogerían al primero y los sistemáticos al segundo. Estos últimos se inclinan también por el rock duro, el punk, el jazz de vanguardia y otros estilos complejos. El blues, el rock suave, los cantautores y las baladas y canciones melódicas sería la música elegida por las personalidades más afectivas.

Es de suponer que en campaña el criterio del presidente es estratégico. Los políticos suelen recurrir a canciones pegadizas con mensajes simples y repetitivos, igual que el discurso político. En la decisión de voto hay un buen componente emocional, mucho más poderoso que el racional, y una música que haga reír, soñar, ilusionarse o evocar recuerdos siempre será más efectiva. Es parte de una comunicación audaz.

Las palabras se las lleva el viento, pero el votante nunca olvida qué le hizo sentir el candidato. Tal vez por eso Adele se negó a que Donald Trump utilizase sus canciones en campaña.Cuando no está en campaña, Sánchez se entretiene haciendo sus propias «playlists» para escuchar en sus viajes. El grupo indie Public Service Broadcasting es uno de sus favoritos para este menester. Su perfil musical no habría sido tan comentado si en él no confluyen anécdotas tan paradójicas como la que protagonizó en 2018, cuando acudió en el avión presidencial al Festival Internacional de Benicàssim para asistir en directo al concierto de rock de The Killers. Que en sus preferencias de cabida al reguetón plantea también ciertas sospechas.

Esta música acapara las listas de popularidad, pero es tan odiada como amada. No olvidemos que el colectivo feminista ha denunciado sus letras misóginas y el contenido hipersexualizado, a pesar de que investigadores como el psicólogo Javier Orejuela ponen en duda que escuchar una canción pueda tener un impacto tan directo sobre el comportamiento. Cabe también la posibilidad de que el presidente comparta cuenta con sus dos hijas adolescentes, ya que hay numerosos artistas que no armonizan demasiado con el personaje. Es el caso de El Jincho de Orcasitas, un rapero de éxito con un conocido pasado delictivo.

Discrepancias de gobierno

En cuestión de musicalidad, Pablo Iglesias, vicepresidente segundo del Gobierno, y Pedro Sánchez armonizan poco. Al líder de Unidas Podemos le cuesta apearse de la canción protesta y la usa como una estrategia más de aleccionamiento para mantener viva la memoria de la generación que, a su entender, trajo la democracia. Sabina, Aute, Silvio Rodríguez o Javier Krahe, con quien llegó a compartir escenario, están en su repertorio. Su gusto deja claras sus ideas personales vinculadas con un comunismo anacrónico.

En su libro «Asaltar los cielos», el politólogo José Ignacio Torreblanca habla de su paradigmática amistad con Nega, un rapero de fondo ideológico comunista. Cabe preguntarse si ahora mismo repetiría los mensajes de uno de sus temas favoritos: «El miedo va a cambiar de bando», «la marca España, un padre de familia buscando en la basura», «el que siembra miseria recoge bomba lapa» o «el miedo lo sienta el gobierno». En sus ratos de ternura le dedica a sus hijos la versión que hizo Paco Ibáñez de «El lobito bueno», un poema de José A. Goytisolo que le cantaban sus padres y habla de un príncipe malo, una bruja hermosa y un pirata honrado. El mundo al revés.