Los sábados de Lomana: “Las mujeres son asesinas silenciosas”

Esta semana han salido a la palestra dos casos bastante mediáticos. Durante el juicio a dos mujeres, una de ellas asesinó a su marido y la otra lo intentó

Esta semana han salido a la palestra dos casos bastante mediáticos. Durante el juicio a dos mujeres, una de ellas asesinó a su marido y la otra lo intentó. A las mujeres, en general, los crímenes de sangre y esas cosas tan desagradables no suelen gustarles, prefieren que parezca muerte natural. Las mujeres son asesinas silenciosas, son las grandes envenenadoras desde el principio de los tiempos. Cuando un marido empieza a molestarlas demasiado o piensan que puede ser una buena presa para quedarse con su dinero lo eliminan de una manera sutil. Son las llamadas «viudas negras», cuyo nombre proviene de una analogía con la araña «lactrodectus mactans».

Ya en el año 54 d.C. murió el emperador de Roma a manos de su esposa Agripina con setas venenosas, con la finalidad de permitir a su hijo Nerón acceder al trono. Con las cocinillas hay que tener cuidado, suele ser la forma más común de cargárselos.

En el siglo XVIII la zarina Catalina La Grande, que llegó a Rusia desde Alemania siendo una adolescente para casarse con el zar Pedro III, fue capaz de darle un golpe de estado porque consideraba que era un pusilánime y un flojo, terminando con su vida. Murió por envenemamiento y ella se proclamó zarina de todas las Rusias.

Esta semana nos ha sorprendido una noticia a todos: ustedes recordarán a José María Mainat, marido de Rosa María Sardá (q.p.d.) y creador de formatos para televisión como OT y Crónicas Marcianas. También fue uno de los componentes de La Trinca. Su actual mujer, Ángela Dobrowolski, de 37 años, ha sido acusada de intentar matarlo para quedarse con su herencia. El tema «dinero» o «poder» es muy recurrente en todas ellas. ¿Cuál ha sido el móvil? Al parecer ella temía quedarse sin la millonaria herencia de su marido, de 72 años. En junio de este año, Dobrowolski accedió a la cuenta de correo de él, descubriendo que estaba tramitando el divorcio, y habiendo redactado un testamento en el que decía que en caso de separación, ella no tendría acceso a su fortuna. Mainat era diabético. En junio de este año, después de una cena familiar en la que se quedó un poco adormilado, ella aprovechó para inyectarle una gran dosis de insulina y provocarle un coma. Después llamó a la ambulancia, que le recomendó que le diera azúcar hasta que llegasen. Ella mintió diciendo que en la casa no había azúcar. La acusada estaba estudiando el último curso de Medicina y sabía cómo manejar la insulina y las dosis para matarlo. A él le decía que eran vitaminas y un componente para adelgazar. Cuando concluya el proceso judicial, nos enteraremos de más detalles. Mainat ha tenido suerte y consiguió recuperarse volviendo a vivir con ella. Eso sí, con muchas medidas de seguridad. Hasta el 21 de septiembre que los mossos fueron a detenerla por falsificar la firma de él para cobrar unos cheques.

Otra de las grandes envenenadoras fue Lucrecia Borgia, hija del Papa Alejandro VI. En los siglos XV y XVI, la tendencia más novedosa era llevar el veneno en una sortija que, al servir la bebida con la mano izquierda, se vertía en la copa de la víctima. Víctor Hugo, sin conocerla y varios siglos más tarde, la definió como una mujer viciosa, despiadada y maestra en venenos. A mí personalmente me parece un personaje fascinante.