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Mira quién baila: la hija bastarda de Alberto II se pasa a la televisión

Delphine Böel, hermana de Felipe de los belgas, sigue con las polémicas y participará en la versión internacional del programa

Delphine Böel
Delphine Böel FOTO: Isopix/ABACA GTRES

Hasta ahora, en la familia Real belga había una «oveja negra» que merecía ese calificativo por méritos propios: el príncipe Laurent, hermano del rey Felipe. A su querencia por reunirse con los mandatarios del planeta más peligrosos se le une su prodigiosa capacidad para hacer los comentarios más inapropiados según las circunstancias y su condición. Pero ahora le ha salido una seria rival: su hermana por parte de padre, antes conocida como Delphine Boël. La artista plástica, nacida de una relación extramatrimonial de Alberto II, ha sorprendido a los belgas al conocerse su participación en el programa televisivo «Danse avec les starts», la versión internacional de «Mira quién baila», donde varios personajes populares concursan en una competición de bailes de salón y que se emitirá en el canal belga Play 4. Ya están circulando las primeras imágenes promocionales del mencionado programa. Ante el revuelo organizado, la conocida como Delphine de Bélgica ha intentado defenderse de las críticas al asegurar que participa para ayudar a la asociación benéfica Make a Wish, que se dedica a cumplir los deseos de niños enfermos.

«Tenía muchas ganas de apoyar el excelente trabajo de la fundación. Ellos celebran la vida tratando de liberar los poderes de curación, la esperanza y el amor», declara Delphine. «No soporto ver a los niños con enfermedades graves perder sus infancias, y también me siento mal por las familias que tienen que vivir estos momentos duros». A pesar de que superó hace poco el coronavirus y todavía se encuentra débil, está dispuesta a darlo todo en su nueva andadura: «Mi conocimiento se limita a unos pocos pasos de baile en recepciones o bodas. Soy consciente de que este reto será difícil mental y físicamente, pero no es nada comparado con lo que se enfrentan los niños que están en el hospital».

Delphine Böel y Felipe de Bélgica
Delphine Böel y Felipe de Bélgica FOTO: Casa Real belga Casa Real belga

Si Delphine fuera una personaje de la farándula, su participación no hubiese ocasionado ningún sobresalto. La sorpresa se produce porque, desde que los tribunales belgas confirmaron la paternidad de Alberto II, la escultora ostenta el título de alteza real para ella y sus dos hijos. A pesar de la frialdad inicial del soberano, desde octubre de 2020 ha ido integrándose en la vida familiar de la corona belga e incluso comenzó a participar en actos oficiales en su condición de princesa.

Se reabre el debate

Por eso, estas veleidades hacia el mundo del espectáculo causan perplejidad y reabren el debate sobre el papel de los miembros de las familias reales en el siglo XXI. Aquí la discusión resulta aún más compleja debido a que Delphine es una hija bastarda, nacida del affaire entre Alberto II y la baronesa Sybille de Selys Longchamps y, por eso, no forma parte de la línea sucesoria. Delphine creció considerando al monarca como un amigo de la familia, mientras que legalmente su progenitor era el marido de su madre, el riquísimo empresario Jacques Boël, del que la noble acabó divorciándose.

Pero la joven no se caracteriza exactamente por la discreción. El pasado 21 de julio fue la primera vez que participó en los actos oficiales del día de la Fiesta Nacional, que incluía el tradicional desfile militar. El colorido atuendo elegido por Delphine recordaba la vestimenta que llevan muchas mujeres africanas en el barrio de Matonge de la capital comunitaria, donde residen muchos congoleños.

Delphine Böel y su marido, en su primer acto oficial
Delphine Böel y su marido, en su primer acto oficial FOTO: gtres Gtres

Efectivamente, el traje pertenecía a la firma Erratum, cuyo nombre significa «subsanar los errores del pasado» y cuya autora es una joven de origen africano que da trabajo a mujeres belgas en situación de pobreza. Un mensaje elocuente si tenemos en cuenta que el país está inmerso en un periodo de reflexión sobre los crímenes cometidos por el monarca Leopoldo II durante la colonización. El 30 de junio de 2020, coincidiendo con el 60 aniversario de la independencia del Congo, Felipe de Bélgica reconoció por primera vez el daño causado y pidió perdón por los errores cometidos por su antepasado, considerado uno de los mayores genocidas de la Historia.

¿Quiere la princesa convertirse en la conciencia de su nueva familia? Lo que parece claro es que no desea pasar desapercibida.