Gente

Habla la joyera de la Reina Sofía: “Es una mujer encantadora que valora mucho la tradición”

La propia emérita se presenta en el atelier de Isabel Guarch, una prestigiosa diseñadora, para elegir ella misma las piezas que quiere incluir en el joyero real

La Reina Sofía
La Reina Sofía FOTO: Albert Nieboer GTRES

Fue su madre, Isabel, quien, con un pequeño atelier en un piso en Palma comenzó con esta aventura empresarial en 1957. Desde el 2005, y con su hija al frente, la firma de joyería lanza colecciones inspiradas en la cultura tradicional y el paisaje balear del que la madre del Rey Felipe VI es fiel clienta… animada por la Reina doña Letizia.

¿Le molesta que se refieran a usted como «la joyera de la Reina Sofía»?

Todo lo contrario. Me llena de orgullo y agradezco mucho la suerte de poder hacer colecciones y piezas que llamen su atención.

¿Cómo fue esa primera toma de contacto entre Isabel Guarch y la Reina emérita?

Pues realmente la relación comenzó porque doña Letizia leyó un reportaje en un periódico local de Mallorca en el que se hablaba de mi primera colección inspirada en la Cruz de Calatrava. La entonces princesa se interesó por ella y desde Marivent nos pidieron si podíamos enviar algunas piezas a palacio para que las vieran. La persona encargada de llevarlas le explicó un poco la historia, el diseño, y al parecer le gustó. Unos días después, cuando doña Sofía regresó de un viaje, este intermediario entre la Casa Real y nosotras volvió para enseñarle más piezas, y ahí nació el germen de una relación que dura mucho.

De hecho, es habitual ver a doña Sofía lucir uno de esos colgantes de su primera colección…

Y tiene varias versiones del mismo, en oro y en plata, y también piezas de colecciones posteriores. A doña Sofía lo que le ha atraído de mi firma es que siempre, todas mis piezas, tienen una historia que contar, y ella es una amante de la tradición. Detrás de cada diseño hay muchas horas de investigación. Por ejemplo, en el caso de la cruz de Calatrava, se trata de una pieza de orfebrería que forma parte de la cultura mallorquina desde el siglo XVII, cuando los caballeros y las cofradías de religiosos la portaban. Luego se pasó ese legado a las mujeres y se extendió su uso, no solo como complemento, sino también como una seña de identidad en las casas tradicionales. Lo que hice fue modernizarla y actualizarla, mezclándola con diferentes materiales para que se pudiera llevar de una manera más casual. Además, la cruz de Calatrava tiene un elemento clave para doña Sofía y es que las terminaciones de las puntas son una flor del lis, un detalle que forma parte del escudo de la dinastía Borbón.

¿Suele venir ella en persona a adquirir alguna de sus piezas?

Viene a vernos al atelier del centro de Palma y la atiendo yo personalmente. Por eso sé de qué piezas tiene nuestras en su joyero.

¿Como cuáles?

Pues el broche del rosetón de la catedral de Palma, la pulsera de los símbolos, las piezas de jade verde inspiradas en el pino que crece en Baleares, los pendientes y collares con forma de estrella de mar que rinden tributo al Mediterráneo, un colgante que evoca la rosa de los vientos y también la colección real con monedas de plata utilizadas en la isla en el siglo XII.

¿Cómo es ella en el trato?

Es una mujer encantadora que tiene muy claro lo que quiere. Siempre me dice: «enséñame las que diseñas tú, ¿eh? Lo otro lo puedo encontrar en otro sitio».

La historia de Isabel Guarch joyería es toda una aventura que empezó su madre, Isabel, que no era una mujer convencional…

Mi madre comenzó a trabajar cuando era joven como contable en una joyería en Palma. Era una mujer muy inquieta y compaginaba el trabajo con sus estudios de idiomas y de gemología. En aquella época llegaban a Mallorca muchos portaaviones americanos y cuando entraban a comprar en la tienda, como solo ella sabía inglés, era la responsable de traducir y atenderles, y al final acabó convirtiéndose en la encargada. Tenía también un gusto exquisito y muy buena planta, y eso gustaba al cliente, que se dejaba asesorar y confiaba en ella. Lo cierto es que podría haberse quedado allí el resto de su vida, pero siempre había tenido ganas de emprender, así que decidió dar el paso y montar una especie de atelier para atender a los clientes de una forma mucho más personalizada. Tanto, que la exposición y venta de joyas estaban en el salón de casa, en una décimo cuarta planta de un piso con vistas a la bahía. A la gente le encantaba venir porque era como un lugar semisecreto, un oasis en medio de la rutina urbana de la ciudad.

¿Qué aprendió usted de su madre? Porque tengo entendido que así, de primeras, usted no se planteaba siquiera ser diseñadora de joyas…

Es que yo era una persona muy tímida y me costaba mucho relacionarme con la gente que no era de mi entorno más cercano y no me veía capaz de realizar esa tarea de asesoramiento. Pero fue cuestión de tiempo y de madurez. Con 23 años le dije a mi madre que quería sumarme al negocio y ella me trazó la hoja de ruta de mi formación: estudios de gemología, especialización en diamante, un curso de diseño en la escuela BJO de París… y así fue como este mundo me conquistó. Tener, además, a mi madre al lado me ayudó a aprender aquellos detalles que quedan siempre al margen de los planes de estudios. Aprendí rápido que, en este oficio, ser honesto es lo más importante y lo que fideliza al cliente. Nosotros no somos simples vendedores de joyas, somos asesores.

Su madre fue su gran valedora y la persona que más creyó en usted. Tanto, que usted ha tomado su apellido para seguir con el negocio…

Lo hice por respeto a su trabajo y en agradecimiento a todo lo que hizo por mi hermano y por mí. Ella me llegó a decir que la había superado, pero el mérito, de verdad, fue el de ella. Lograr lo que logró hace cinco décadas no estaba al alcance del cualquiera.

Usted ha logrado mantener en pie la firma y lanzar al menos dos colecciones al año. Intuimos que fácil no ha sido...

Todo es fruto del trabajo en equipo. Yo siempre miro al presente. Lo inmediato es la colección que sacaremos en primavera en colaboración con la Fundación La Caixa y que estará inspirada en el Gran Hotel y en el estilo modernista.

¿Aún se emociona cuando saca una nueva colección?

Realmente lo que más me emociona es pensar que mis diseños pasen de madres a hijas y que, cuando yo no esté, algo de mí y de mi historia permanezca en esas piezas.