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Chenoa y el confinamiento

Chenoa
ChenoaCristina Bejarano

Chenoa podría ser la sustituta de Ana Obregón en el tradicional posado playero del inicio de las vacaciones. Si se mantiene en forma, naturalmente. Porque ahí está la cuestión del ser o no ser una reinona en las redes con más de 945.000 seguidores y conseguir algo así como 60.000 «me gusta» solo por haber posado en bikini (uno azul eléctrico, quizá como protesta subliminal por el tarifazo) para sorprender con su nueva figura a conocidos y extraños. Porque, sépanlo ustedes, detrás de un cuerpo de Venus con brazos hay una historia de sacrificios y renuncias, mucha penitencia. Chenoa ha ido más allá de la clásica dieta para la operación bikini. Durante la cuarentena, esa que ya nos parece como de otro siglo, decidió hacer un punto y aparte en su estilo de vida. No se sabe a qué malsanas costumbres y a qué pecados renunció, quizá a los bollos de crema y a la tumbada en el sofá a ver maratones de series con un kilo de bombones. Sí cuenta que adquirió nuevos hábitos alimentarios y hacer ejercicio para fortalecer los glúteos. ¿Zumba, como Doña Letizia? Así, merced al coronavirus, no alcanzó el sentido de la vida, pero sí el del confinamiento en forma de un programa de sentadillas, abdominales y planchas con divertidas coreografías. Y además, fruta, verduras, deporte y sonrisa, explica. Lo resume: amor y deporte. Si practicara el kamasutra, casi le sobraría el deporte. En fin, que a Chenoa la han llamado «cañona», «pibón» y «buenorra», todo lo que me imagino que estará penado en la Ley de Libertad Sexual de Irene Montero. Aprovechen ahora.