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Chantaje en el aeropuerto

Tiempo de lectura 4 min.

09 de marzo de 2011. 00:48h

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9/3/2011

Se consumó la amenaza: los sindicatos de AENA anunciaron ayer que van a presentar un preaviso de convocatoria de huelga contra la privatización de la compañía. Serán un total de 22 días de paro repartidos estratégicamente entre los meses de abril y agosto, para que coincidan con los días de más tráfico aéreo y de pasajeros: Semana Santa y el inicio y el final de las vacaciones de julio y agosto. Los paros, a los que están llamados unos 10.500 de los 12.500 trabajadores de este ente público, implican puestos claves, como el personal que trabaja en la división de operaciones, que son los últimos responsables de autorizar los movimientos de los aviones en tierra o asignar las puertas de embarque, así como los encargados de la señalización. Los sindicatos justifican esta huelga por la «pérdida derechos» que comportaría la privatización de un 49% del gestor aeroportuario. No es de recibo que el argumento para la huelga sea un futurible tan endeble como que la privatización empeorará el modelo de gestión y reducirá la inversión, con la consiguiente pérdida de la seguridad en los aeropuertos. Como es obvio, los sindicatos no presentan datos que avalen esas alarmistas predicciones. Una vez más, estamos en manos de las castas sindicales, temerosas de perder sus privilegios, y si el viajero hubo de soportar en diciembre el chantaje de los controladores, ahora es acosado por unos sindicalistas privilegiados. Al Gobierno le asiste todo el derecho de privatizar una parte de AENA como en su día se hizo con Iberia y, desde luego, haría bien en no plegarse a las exigencias desmedidas de los sindicatos. Sólo hay que ver los días que han elegido intencionadamente a sabiendas que son los más gravosos para AENA y para la economía española, además de que ver de nuevo  los aeropuertos nacionales atestados de viajeros varados en tierra no ayuda nada a la imagen de nuestro país. Ayer mismo, casi simultáneamente al anuncio de esta huelga, se supo que los aeropuertos españoles transportaron un 5,2% más de viajeros en lo que va de año con respecto a 2010, con un crecimiento del tráfico del 4,4%.  Y los datos de turismo de enero, sin ser extraordinarios sí que fueron alentadores, ya que, según la Encuesta de Movimientos Turísticos en Frontera (Frontur), España recibió un total de 2,66 millones de turistas internacionales, lo que supone un 4,7% más con respecto a 2010. La huelga supondría romper esta inercia tan positiva, más aún si tenemos en cuenta que el turismo es uno de los motores de la economía en nuestro país, y uno de los sectores que mejor ha resistido la crisis. Pero pedirle a los sindicatos de AENA que actúen con responsabilidad parece una quimera. Ya han demostrado demasiadas veces que no les duelen prendas en paralizar un país y tomar a los ciudadanos como rehenes. Por su parte, el Gobierno debe hacer todo lo que esté en su mano, pero sin doblegarse a ellos, para que esta huelga no se concrete. Tras los ejemplos de antaño, habría que empezar a valorar que nuestras autoridades impulsen la creación de una ley que limite este tipo de huelgas, sin vulnerar el derecho de los trabajadores, en sectores que son claves para la buena marcha del país.

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