Benedicto XVI

Atentos a la sabiduría por José María GIL TAMAYO

La Razón
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En esta Jornada Mundial de la Juventud que ha llenado de alegre presencia juvenil las calles de la capital española, ésta se ha convertido desde ayer en un gran espacio de enseñanza de la doctrina cristiana, en el que cientos de obispos de todo el mundo se han repartido por iglesias, locales, cines y polideportivos para impartir sesiones de catequesis a grupos lingüístico que van desde 15 asistentes a 15.000. Todo un record magisterial. Pero esto sólo será un «calentar motores», ya que las grandes catequesis serán las impartidas por el Papa con sus discursos y homilías a partir de hoy. Tanto en su magisterio más importante, como son sus encíclicas, como en su anterior investigación y enseñanza teológica, la Iglesia Católica cuenta en estos momentos con el Papa de más preparación teológica de toda la historia y con mayor bibliografía propia. Un excepcional maestro de la Fe, que no deja de regalarnos la luz maravillosa de la sabiduría cristiana que alumbra nuestro tiempo y que él ha atesorado con su larga dedicación y estudio y la asistencia del Espíritu Santo, y reparte con generosidad. En todo esto Benedicto XVI está ejercitando un verdadero magisterio de lo esencial del cristianismo, imprescindible en esta hora histórica y eclesial.

Con un estilo propositivo y optimista el Papa va a lo esencial de la fe. Sus palabras dan las adecuadas respuestas de la fe a los anhelos más profundos del ser humano y del creyente, presentándolas actuales para la vida concreta de los hombres y mujeres de nuestro tiempo y tendentes a lograr la verdadera felicidad.

Por todo esto, no deja de resultar extraño que persistan con respecto a Benedicto XVI, por un lado los ya demostrados falsos prejuicios y acusaciones de duro defensor de la fe; y por otro, la posición de quienes sólo ven en la enseñanza papal un arsenal de «munición» con la que combatir sin más los errores que acechan a la fe cristiana, sin aprovecharla para responder al mal con el bien que el Papa ofrece.

Ojalá que los católicos con el rico y fecundo caudal del magisterio de Benedicto XVI, del que tendremos una muestra estos días en la JMJ, hagamos el necesario esfuerzo de escucharlo con atención y sentido religioso, leerlo después con interés, meditarlo en la oración, reflexionarlo en el estudio, practicarlo en la vida y difundirlo en nuestros ambientes. En definitiva, hacerlo, fructificar.


José María Gil Tamayo es Consultor del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales