Lenguaje

Identidad por Agustín García Calvo

La Razón
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¿De qué hemos estado hablando? Pues de lo que se habla, de lo que dice la realidad, tratando de desprendernos de nuestras ideas acerca de ella: así, lo que los cultos llaman realidad o existencia se descubría que no es todo lo que hay, ya que es una guerra entre lo no sabido, siempre resistiéndose a realizarse, y el ideal de Dios, que trata de terminar con esta guerra en un saber y ser definitivo, siempre en vano; pero ese mismo descubrimiento y guerra nos hacía ver que no puede haber tampoco una separación más que vaga y confusa entre lo natural, o sea, lo desconocido, con lo real, ni entre la realidad con las puras ideas, ni de la pretenciosa distinción de «objeto» y «sujeto», entre las cosas (lo que se decía naturaleza) y el Hombre. Eran esos tanteos los que nos han hecho venir a reconocer que no es posible tampoco hablar de lo que se habla (la realidad) sin volver también a hablar de lo que habla de ello, lo que se llama lenguaje o lenguas: pues desde la consideración de los dialectos humanos, que nos muestran a cada paso la creación y la destrucción de cosas por medio del significado y cambio de uso de sus palabras, hasta lo más astracto y común, donde nadie puede honestamente responder a la cuestión de si Dios dijo «Luz» y la hizo, o si, por el contrario, son las cosas, con su culminación en el Hombre, las que han acabado hablando y diciendo «Dios», el caso es que nunca puede en verdad desenredarse nuestra física de nuestra lógica y viceversa.

Y es así que el otro día les proponía a los lectores que nos detuviéramos ahí un tanto y, recordando que ninguna realidad puede fabricarse sin una intervención de las palabras de cualquier lengua, junto con algunos modos de números, volver a lo que pasa en nuestra propia lengua, que pueda revelarnos algo. Pero lo que propongo es que nos centremos primero en el mecanismo del significado, y de ahí saquemos al tablero algunas palabras que puedan ser reveladoras, para luego partiendo de ahí atender a ciertos juegos sintácticos, que puedan ser reveladores o desmentidores de la lógica realista. Así proponía y propongo el término «Identidad», para atender luego a ecuaciones como «a = a», que suelen tomarse tranquilamente como indicadores de la identidad entre «a» y «a», puesto que las dos son la misma, ¿no?