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Hay elementos positivos en la remodelación del modelo

Crecimiento antes que después por Antonio Brufau

  • Crecimiento antes que después por Antonio Brufau

Tiempo de lectura 4 min.

20 de mayo de 2012. 01:58h

Comentada
20/5/2012

Los problemas que atraviesa la economía española y su devastador  reflejo sobre los mercados deberían estar limitados en el tiempo en tanto comiencen a producirse los efectos de las reformas acometidas durante los últimos meses y las medidas de ajuste que se están produciendo, particularmente en el sector financiero.

Sin duda, esta crisis, de enorme calado e importancia, cambiará en gran medida las reglas del juego y el escenario global. El modelo ha cambiado y es fundamental sentar las bases para que los problemas que acechan a economías como la española no se repitan.

En el proceso de redefinición de modelo, encontramos suficientes elementos positivos como para ser optimistas respecto a nuestro futuro. Los datos que muestra nuestra economía nos permiten pensar que tocaremos fondo a finales de año, gracias al dinamismo de las exportaciones, que llegarán a aportar, más pronto que tarde, crecimiento a nuestra economía.
Otras debilidades con que contábamos frente a nuestros vecinos europeos se han frenado con la reforma laboral, que nos sitúa en niveles parecidos al mercado europeo.

Más allá de los datos fríos, afrontar el futuro ha requerido en todas las épocas y circunstancias, tener la disposición de ánimo, flexibilidad y capacidad de respuesta para interpretar adecuadamente los cambios que tienen lugar a nuestro alrededor.

El cambio de modelo va a venir, sin duda, de la mano de dos aspectos clave: la innovación y el talento. No existe un motor de progreso socioeconómico y de cambio cultural más potente que el de la innovación. Necesitamos personas creativas, sin miedo a arriesgar, personas que comprendan el valor de la diversidad, de la flexibilidad. Gente atenta al pulso de los cambios sociales, que vea la vida como un proceso de aprendizaje permanente. En este entorno, me parece clave la figura del emprendedor como expresión de la simbiosis entre el empresario y el innovador.

No obstante, la responsabilidad del cambio no debe recaer únicamente en los ciudadanos. No será posible alcanzar nuevos horizontes de progreso sin un liderazgo europeo fuerte que adopte medidas eficaces, ambiciosas y sostenibles, basadas en algunos principios fundamentales: fortalecimiento del mercado único europeo, aplicación de políticas coherentes y consistentes en el tiempo, e impulso de iniciativas que sirvan de estímulo a la recuperación económica.
Se trata de que todos los sectores sociales, a escala nacional y europea, trabajen decidida y coordinadamente en favor de la competitividad, del crecimiento y del empleo. Que entendamos que las personas son siempre parte de la solución, y no del problema. Que no se trata de desregular ni de estatalizar, sino de hacer funcionar mejor la interacción público-privada, de aprovechar los recursos del modo más eficiente posible.

Esta crisis lo es, ante todo, de competitividad, y alcanza a toda la cadena de valor del modelo productivo, de la que el sistema financiero es un eslabón esencial, pero no más que otros, como los sistemas educativo y de innovación, el modelo regulatorio o el esquema fiscal.
Estoy convencido de que sólo abordando el problema en toda su magnitud y complejidad, conseguiremos que España pueda aprovechar sus ventajas competitivas en un futuro, una vez superada la crisis.

Si logramos entre todos desprendernos del pesimismo y trabajar juntos, estoy seguro de que habremos dado el primer paso, tal vez el más difícil, en la senda de la recuperación. En otros momentos decisivos de nuestra historia democrática, la sociedad española ha demostrado saber estar a la altura de los grandes retos. En esta ocasión, tenemos las condiciones para poder volver a estarlo.
 

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