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La mentira afgana

Tiempo de lectura 2 min.

27 de agosto de 2010. 02:43h

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27/8/2010

Campos de amapolas, opio, heroína, territorio lunar, usos y costumbres religiosas que no están en el Corán, lapidación,  burka, expulsión de las niñas de las escuelas, mutilación de orejas y narices, empleo de ácidos corrosivos para rociar en los rostros, furor bélico, conocimientos de armas sofisticadas, gracias a la CIA, tribalismo cainita sólo restañado por la xenofobia, que es la ponzoña del patriotismo.  Los dos generales estadounidenses con mando global coinciden en que la guerra de Afganistán es asaz incierta. Quienes dinamitaron los Budas de Samiyán poseen una barbarie subatómica pero no menos letal. Antes de Cristo, los macedonios de Alejandro conocieron el agujero del infierno. Tuvimos mínimas  bajas en la Guerra del Golfo (González) y en la segunda de Irak (Aznar), y ahora la sangría afgana es el conflicto escondido del presidente Zapatero. No participamos en una guerra sino en «una misión de paz», como si fuéramos una ONG o la Cruz Roja. Mentira. Cubrimos un perímetro en el norte pacificado y nuestros aliados nos reprochan que no hacemos expediciones ni patrullas. Mentira. Los pastunes talibanes  aterrorizan Kabul a satisfacción. Los talibán  no llevan un sello de fuego en la frente y hace  unas semanas uno de ellos, asistente, asesinó en un cuartel a un joven británico de los gurkas nepalíes. ¿Ignora el Gobierno de ZP que los afganos no necesitan ser instruidos en el manejo de las armas ? ¿Qué charada bienintencionada estamos representando allí? Hasta las tribus de la Alianza del Norte se alinean con los pastunes cuando los talibán asienten su poder. La guerra de Zapatero no es de utilería y miente gravemente a la nación con el repetido mensaje subnormal que hasta nuestra Guardia Civil está en Kabul para enseñar a regular el tráfico. Y matamos civiles.  

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