Literatura

Barcelona

El Rey elogia a las memorias vivas de las letras españolas

El jueves Juan Marsé recibe el Premio Cervantes, un galardón que se le negaba porque este escritor siempre ha ido por libre. Todavía hoy. Ayer, ante la ministra de Cultura, demostró que el guión es suyo

El mejor guión de Juan Marsé
El mejor guión de Juan Marsélarazon

Hubo ayer un momento en el que acabó sentado en el salón de fumadores del Palacio Real, a la hora del café y los licores, cansado, o así lo parecía, con la corbata anudada como una soga, esperando recibir algo del aire de las ventanas abiertas. Lleva meses oyendo la música dulzona de las alabanzas, el maldito «sonajero» que tanto le repele, y hay momentos en el que su hastío no lo puede ocultar. Cuando en el almuerzo que se le ofreció por la concesión del Premio Cervantes el Rey, citando a Manuel Vázquez Montalbán, dijo que Marsé ha sido «el mejor poeta de la posguerra sin escribir un solo verso», hacía justicia con un hombre que sólo se ha dedicado a escribir, que cree, como Ezra Pound, que la única obligación moral de un escritor es con la palabra. Quizá por ello ha tardado tanto también en reconocérsele con el premio que recibirá el próximo jueves en la Universidad de Alcalá de Henares. Marsé no tiene «lobby». Mientras, «voy a dedicar mucho tiempo al nudo de la corbata», dijo ayer esbozando una sonrisa que su rostro de boxeador impide que se despliegue. Marsé con corbata. Así que detrás de una mesa con micrófono junto a la nueva Ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, guionista como él lo ha sido también («era el trabajo menos valorado y malpagado, lo sé porque estuve metido en ese negocio»), puede hablar de la situación del cine en España, si hace falta, con mucha claridad. «Claro que falta talento en el cine español, pero porque yo siempre echo en falta el talento», dice quien siempre ha tenido problemas con las adaptaciones de sus novelas, una obra cuyo perímetro imaginario abarca un barrio, el Guinardó barcelonés, pero en el que habitó una «memoria secuestrada» que él sacó a la luz en sus novelas. «La Barcelona de mis novelas ya no existe; quizá en mi barrio quede algo», dice.La novela en la que está trabajando transcurre en dos tiempos, en la Barcelona de 1948 y en la actual, algo insólito en sus obras («en algo he avanzado»), «pero he querido insistir en el tema de la memoria histórica, porque todos los escritores, incluso los de ciencia-ficción, lo único que tienen es memoria», tema que también estará en el discurso que pronunciará en la Universidad de Alcalá de Henares. «Hay referencias a la memoria histórica, individual, transversal y otras clases de memoria». Sin adjetivosPero hablará de una memoria con pocos adjetivos y nada quejumbrosa. Es la memoria de la imaginación, la del cine, «la de mi faena». En esa memoria está la de un joven Marsé, aprendíz en un taller de joyería, que con dieciséis años –era 1949– leyó «El Quijote», después de tres intentos, en el Parque Güell. La «prosa sonajera» fue un término que acuñó hace unos años para referirse a escritores proclives al empleo de «artilugios verbales» que encandilaban a muchos: «Parece que está desapareciendo». «Me gustan las novelas que lees y –añade– no me doy cuenta de estar leyendo. Todas las florituras verbales, la prosa galante, no me interesa en una novela; una obra de ficción te debe arrastrar desde la primera página hasta el final». Sigue leyendo a Dickens, a Stevenson y «La isla del tesoro», y no se cansa de ver «Cantando bajo la lluvia» que, «como dijo Woody Allen, es lo mejor contra la depresión». Y ahora dice que lee «a un judío que se llama Joseph Roth». Tampoco le gustán a Marsé esos escenarios apocalípticos donde las lenguas desaparecen de la noche a la mañana, sea catalán o castellano, también muy sonajeros. «Yo he vivido siempre en una sociedad bilingüe, algo connatural a Barcelona, desde que era un chaval». «El catalán no está en peligro, lo estuvo. Insisto, será bilingüe a no ser que los nacionalistas catalanes levanten un muro...». A uno de sus hijos le habla en castellano y al otro en catalán: «Los problemas empiezan cuando las lenguas se utilizan como banderas». Así que Juan Marsé se siente cómodo siendo un «escritor anómalo», porque él escribe en castellano y la lengua de Cataluña sea el catalán, afirma. Estos son sus modelos: «Con Conrad, que era polaco y escribía en inglés, Nabokov, que era ruso y lo hacía en inglés y francés, o Kafka, un checo que lo hacía en alemán».

Cine, la lengua no importaJosé Montilla, presidente de la Generalitat, asistió ayer al almuerzo que los Reyes ofrecieron en el Palacio Real. También asistió la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. Montilla quiso acompañar en esta ocasión a Juan Marsé, después de todo, primer autor catalán que recibe el Premio Cervantes desde su creación en 1976. Por la mañana, Marsé, en compañía de la Ministra de Cultura, dijo que respecto al cine en catalán, «ante todo, lo que me gustaría es que si hicieran buenas películas». «Me parece importante –añade– lo que se dice y cómo se dice, pero tanto, o más, lo que no se dice. Lo importante es que se hagan buenas películas, en la lengua que sea». Confiesa que con el tiempo se ha vuelto más «quisquilloso» y exigente en la escritura: «Antes daba por buenas páginas que ahora corregiría».