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Europa se libra de la presión rusa

Europa se libra de la presión rusa
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El chantaje energético es el arma que mejor maneja Moscú para mantener a la UE en su sitio. Sin embargo, hoy puede ser el primer paso, de un largo camino, que podría terminar por aligerar la presión rusa sobre la yugular de los europeos. Cuatro países de la Unión (Bulgaria, Rumanía, Hungría y Austria) firmarán en Ankara un acuerdo intergubernamental con Turquía para establecer las bases del proyecto Nabucco, el gaseoducto que traerá gas a Europa desde el Cáucaso y, en un futuro, de Irak, Siria o incluso Irán. «El proyecto Nabucco es de crucial importancia para la seguridad energética europea y su política de diversificación de proveedores de gas y rutas de abastecimiento», indicó el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso en un comunicado.

 

Actualmente, una cuarta parte del gas que reciben los socios comunitarios llega de Rusia, transitando el 80% de esa partida a través de Ucrania. Los problemas entre Kiev y Moscú, y la debilidad de la economía ucraniana dejan cada invierno en el aire el abastecimiento hacia los hogares europeos. El pasado noviembre, la disputa entre los dos países obligó a parar a las factorías de media Europa, y los búlgaros se helaron literalmente de frío debido al corte del suministro ruso. Este año la historia se podría volver a repetir, ya que el Gobierno ucraniano todavía busca el dinero con el que pagar las reservas para el próximo invierno. Con la construcción de Nabucco, que empezará a bombear gas al continente en 2015, y que ha sido impulsado desde Bruselas y bendecido por EE UU, los europeos evitarán el problema no sólo de Rusia, sino también de Ucrania. De hecho, según indican algunos observadores, este país será el verdadero perdedor de la jugada. Más aún cuando desde el Kremlin, a través de la compañía rusa Gazprom, se están impulsando dos gaseoductos (el corredor norte y el corredor sur) que evitarán el tránsito por suelo ucraniano.

 

Potencialmente, Nabucco podrá aportar entre un 5% y un 10% de la demanda europea de gas. Aparentemente, un porcentaje pequeño para celebrar la conquista de la seguridad energética. Sin embargo, para el portavoz de energía de la Comisión Europea, Ferrán Tarradellas, «la protección del abastecimiento no es lo único que está en juego, también es importante el aumento de la competencia en el mercado». Según explica, «no se pretende sustituir un proveedor por otro», pero la incorporación de nuevos países suministradores a la mesa dará armas a los europeos para mejorar precios con los rusos. La negociación con estos nuevos países está llena de incógnitas. Hasta ahora, Azerbaiyán es el que más cerca está de cerrar el acuerdo. La pieza más deseada en el mapa caucásico es Turkmenistán, debido a las enormes reservas gasísticas que almacena. Ambos suministrarían a través de una de las tres bocas del proyecto. Las otras dos serán para Irak y Siria.