Argentina

Le echaron por decreto

La Razón
La RazónLa Razón

Pablo Porta Bussoms pasará a la historia como el presidente contra quien tuvo que aprobar el Gobierno de Felipe González un decreto regulador de las elecciones a las presidencias de la federaciones nacionales para que dejara el puesto. El fútbol le votaba mayoritariamente y tenía la reelección siempre asegurada. Los malos resultados de la selección nacional le crearon ambiente adverso y el acoso constante de los medios informativos llevaron a la opinión pública el sentimiento de que se trataba de un inepto incapaz de conducir el fútbol con tino. Heredó una Federación que requería modernización en todos los aspectos. Creó un buen organigrama, que potenció cuando, a la muerte de Santiago Bernabéu, Luis de Carlos prefirió que Agustín Domínguez dejara el Madrid y se convirtiera en el más eficaz y preparado de cuantos secretarios generales ha tenido el fútbol nacional. La Federación estaba tan anticuada que en España se implantaron las tarjetas blancas en lugar de amarillas, como en todo el mundo, porque el secretario federativo, Andrés Ramírez, tenía televisor en blanco y negro y no se percató de que en el Mundial de México, en el 68, las amonestaciones arbitrales tenían color. Porta amplió el edificio de la Federación con la compra del hotel contiguo. Fue magnífica inversión que permitió a Ángel María Villar ventajosa venta para el cambio de sede a Las Rozas aunque, según sentencia judicial, el propietario de edificios y terrenos es el ayuntamiento rozeño. Sufrió las mayores críticas con el Mundial del 78, en Argentina, especialmente por el lugar de concentración, la famosa «Martona». Fracasó la selección, también de la mano de Kubala, en la Eurocopa de Italia, en el 80, y el remate final fue el desastre del Mundial-82 con Pepe Santamaría. Porta no tuvo mano izquierda para tratar con los futbolistas y la tensión fue constante. Con él se vivieron cambios organizativos. Se reestructuraron las competiciones con la Segunda B, Tercera y las regionales y en cada aumento de clubes de categoría nacional sumó votos a favor. Con Porta se potenció el reparto de dineros para remodelaciones de estadios del fútbol menos favorecido y, en parte, se concedió a fondo perdido. Dirigió la Federación Española desde que ganó la primera elección hasta 1984, en que tuvo que dejar el cargo por el llamado «decreto anti-Porta». Con aquel decreto se produjo un gran contrasentido porque, como yo mismo le pregunté a Javier Solana en la conferencia de prensa del Palacio de la Moncloa, se podía ser presidente del Gobierno mientras fuera reelegido, pero de fútbol o cualquier otra federación no más de ocho años. Aquel error fue reparado posteriormente. Ahora, se dio el caso de que el propio Gobierno se achantó ante las amenazas de Villar, quien exigió saltarse la norma dictada relativa a las elecciones federativas. Porta fue campeón universitario de boxeo en el peso medio y ello le creó fama de partidario de las tortas. Con el tiempo se tornó buen encajador. Después de la Federación, fue miembro importante de la FIFA.