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La Razón
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A pesar de la crisis, la depresión y su característica cuesta, este mes de enero nos regala un acontecimiento memorable. La reunión que se celebrará en Belem do Pará con el fin de establecer un proyecto serio de autodeterminación de los pueblos sin nación. Carod-Rovira ha invertido ciento cincuenta mil euros en el evento. Al fin, los nacionalistas catalanes, mapuches, vascos y amazic podrán aunar sus esfuerzos para alcanzar la plena soberanía, que en el caso de los mapuches y los argelinos amazic, se está retrasando más de lo conveniente. Recuerdo -¡ay, memorias de la infancia!-, una frase, el latigazo verbal de un tío mío, que en paz descanse y Santa Gloria haya, que me ha acompañado siempre. «Este mundo no se arreglará hasta que Chile conceda la independencia al pueblo mapuche». Quedé tan impresionado que aún no me he repuesto. Sucede que nadie, hasta hoy, se había interesado por la desagradable situación de los mapuches, que son una nación, vaya si lo son. Chile se aprovecha de ellos, como España de los catalanes y vascos, y Argelia de los amazic. En España, al menos, catalanes y vascos cuentan con considerables ventajas económicas y una amplia autonomía política, que no equivale a la independencia, pero es lo que hay. En Chile, y para ello Carod-Rovira viajará a Belem do Pará (Amazonia brasileña), no aceptan la autonomía de los mapuche, y esa inflexibilidad, sinceramente, se me antoja intolerable. Y si la montaña no va hacia Mahoma, Mahoma -o Carod-Rovira, en el presente caso- va hacia la montaña, que no lo es tal, sino la selva esmeralda de Pará, lugar escogido para tratar de estos asuntos de vital importancia. Se ignora el número de acompañantes que reunirá a su alrededor Carod-Rovira para efectuar tan trascendental viaje, pero no serán pocos. La Cataluña independiente no puede decepcionar a los mapuches, y menos aún a los amazic, que sufren una dura persecución lingüística en Argelia. Tan grave es la situación que las autoridades argelinas han obligado a los comerciantes amazic a rotular sus establecimientos en los dos idiomas, el estatal y el amazic, y eso ha sido la gota que ha colmado el vaso de la paciencia de la indómita nación sin Estado del norte de África. A los mapuches, curiosamente, esa reivindicación fundamental para lograr la normalización lingüística no les importa en demasía, y están a verlas venir, que es postura bastante inteligente. Resultan insoportables por su ruindad las voces críticas que acusan a Carod-Rovira de despilfarrar el dinero de los contribuyentes en viajes y organizaciones de este tipo. Nos consta que Carod viaja modestamente, en la última fila de asientos de los aviones, y se aloja en hoteles de dos estrellas como máximo. Es falso que al finalizar la gran reunión en Belem do Pará, Carod y sus invitados tengan previsto permanecer unos días en Río de Janeiro. De hacerlo, sería para aunar ideas y unificar conceptos, pues no tendría sentido volver a Barcelona sin llevar claro el modelo de ayuda que se prevé conceder a mapuches y amazic, con independencia de la obligada demostración de sardanas a cargo de la Sección Femenina de la Generalidad. Han pasado muchos inviernos por mi vida, y ya puedo recuperar el suave tacto de la justicia. Los mapuches ya no están solos. Carod-Rovira apoya su independencia. Tiembla, Chile.