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Serrano asolada

La Razón
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Superado este invierno de nuestro descontento, llega la primavera sacando los colores a la ciudad. En Madrid florecen cárdenos los árboles donde trinan los pájaros… Ah, pero ¿trinan? Porque no hay quien los oiga. Lo único que se oye estos días en Madrid es el tronar de las excavadoras. Algunas bromas se han repetido tanto que ya son leyendas urbanas, como la del alcalde Álvarez del Manzano enseñando la ciudad a un famoso extranjero que, asombrado ante nuestras agujereadas calles, preguntaba: «¿Y ya han encontrado el tesoro que buscan?». Leyendas aparte,esta ciudad lleva años regurgitando los mondongos. Y cuando ya pensábamos que la crisis se iba a llevar por delante las megalomanías municipales, ha llegado la remodelación de Serrano. Desde que se puso en marcha ha convertido la Milla de Oro en un escenario de guerra. Entrar en los portales y tiendas es una maniobra casi gimnástica. Los peatones se bajan de los coches para ver cómo está de chungo el panorama, mientras las señoronas empingorotadas pisan con sus Jimmy Choo los tablones polvorientos, soltando improperios entre dientes. El otro día un quiosquero del barrio hacía la pregunta del millón: «Y todo este numerazo, ¿para qué?».