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Pete Buttigieg: una estrella en ascenso en el Partido Demócrata

El ganador del caucus de Iowa rompe la campaña con un cóctel de juventud, abierta homosexualidad y un intachable paso por los marines

Democratic presidential candidate and former South Bend, Indiana mayor Pete Buttigieg, speaks during a campaign event in  Concord, New Hampshire
Pete Buttigieghabla a sus seguidores en Concord, New HampshirBRENDAN MCDERMIDReuters

Después de meses de especular con los grandes paquebotes demócratas, de sostener que sus primarias no eran país para viejos y lamentar la gerontocracia entre los primeros espadas, llegó Pete Buttigieg, nacido en 1982, 38 años, y reventó todos los cálculos en los caucus de Iowa. Bueno, en lo que de momento se sabe que ocurrió en Iowa. A falta de datos definitivos. En mitad del caos y el ridículo de un partido al que muchos acusan de ser incapaz de gestionar unas simples primarias.

Fiel a su optimismo acorazado lo había avisado hasta en dos ocasiones. El exalcalde de South Bend (Indiana) sostenía ante quien quisiera escucharle –no importaba nada si eran dos o doscientos los periodistas– que los sondeos le eran favorables y que estaba seguro de que iba a salir como triunfador de la noche. Pero una cosa era escuchar al candidato, asumir que en su postura había una confianza nacida de leer las encuestas internas y la necesidad de sacar pecho pasara lo que pasara, y otra contemplar al fin los números.

Con el 62% escrutado Buttigieg lideraba con el 26,9% de apoyos, por el 25,1% de Bernie Sanders, el 18,3% de Elizabeth Warren y el 15,6% de Joe Biden. Buttitieg, sí, que peleó en el Medio Oeste como si en estos caucus le fuese la vida, que sabía de sobra que todas las opciones de los aspirantes menos agraciados por la opinión pública y los medios pasan por dar la campanada nada más arrancar el proceso. Buttitieg, que dio decenas de mítines y no sufrió los rigores del «impeachment», libre de acudir al Senado.

Horas antes de que el Comité Demócrata estatal certificase que iba en cabeza, comentó que «hemos llegado con ímpetu... y hemos llegado victoriosos». Lo dijo mientras en su campaña repetían que a medida que lleguen nuevos datos su ventaja podría ampliarse, ya que en teoría siempre avanza más despacio la cuenta en zonas rurales, donde Buttigieg tendría su mayor granero. Gran esperanza de los moderados, barría a Biden y presentaba credenciales como el hombre que puede frenar el tsunami de los socialistas acunados en los campus.

Un currículum impecable

¿Pero quién es este hombre con el que nadie contaba? ¿Y por qué aventura que puede dar la batalla al soez y arrollador Trump? Hijo de inmigrante maltés que primero fue al seminario y después hizo carrera como profesor de literatura en la Universidad de Notre Dame, en Indiana, Buttigieg, estudiante extraordinario, licenciado en Harvard, experto en autores como Graham Greene, agraciado por Oxford con una beca Rhodes, juvenil admirador de un justiciero senador llamado Bernie Sanders, fue también alcalde de South Bend entre 2011 y 2018.

Pero todavía más interesante que su gestión municipal, muy alabada, mucho más que su postura contra la legislación estatal con la que el entonces gobernador de Indiana, Mike Pence, hoy flamante vicepresidente, primaba la objeción de conciencia, incluso más que el hecho de que saliera del armario y declarase que es gay, fue el hecho de que en 2009 se alistó en los marines y sirvió como alférez de inteligencia. Durante siete meses de 2014, Butittiegg dejó la alcaldía en manos de su segundo y marchó a Afganistán, como parte de una unidad contraterrorista. Estuvo en Bagram y en Kabul. Recibió varias condecoraciones. Pasó a la reserva. Regresó a la alcaldía.

El crimen, las negociaciones con Corea del Norte, el destino de la sanidad, las cuestiones relativas al aborto, la lucha contra el cambio climático, las complejidades y polémicas que rodean los a la inmigración… todo en su programa será revisado con lupa. Pero nadie, y mucho menos Trump, puede rivalizar con un periplo vital digno de la cámara Clint Eastwood.