Biden vuelve a ganar y espera la retirada de Sanders

El veterano «socialista» queda por detrás del «número dos» de Obama en los tres estados que finalmente celebraron elecciones primarias a pesar del coronavirus

Joe Biden
El candidato Joe BidenEvan VucciAP

Lo bueno para los demócratas es que Joe Biden arrasó en los tres estados que celebraron primarias el martes. Eso significa que ya es casi seguro que tienen candidato. Lo que de confirmarse aplacaría los temores a una guerra fratricida ante la inminencia de unas elecciones cruciales.

Lo malo que el país no hizo ni caso, nadie habla ya de primarias, entretenido como está en sacar la cabeza y respirar en mitad de una crisis que puede ser histórica, inédita desde la gran pandemia de la gripe española de 1918 y el revolcón bursátil e industrial del 29. Los votantes no fueron a los colegios electorales en Ohio, donde el gobernador había pedido aplazar los comicios por miedo a la pandemia vírica.

Pero sí acudieron a las urnas en Illinois, Florida y Arizona. En este estado, donde teóricamente los hispanos podían marcar la diferencia en favor del candidato socialista, el ex vicepresidente Biden sacó 231.000 votos, el 43,4% del censo, y 31 delegados, por los 168.000 votos, el 31,5% del censo y 20 delegados de Bernie Sanders.

En Florida la victoria de Biden fue directamente devastadora: obtuvo 1.075.000 votos, 61,9% del censo y 148 delegados frente a los 396.000 votos, el 33% del censo y 33 delegados de Sanders. En Illinois, finalmente, Biden había obtenido 908.000 votos, el 59% del censo, 82 delegados, mientras que Sanders tuvo que conformarse con apenas 554 mil votos, el 36% del censo, apenas 46 delegados. Con estos resultados las cuentan cantan: en estos momentos Biden suma un total de 823 delegados por los 663 de Sanders.

Unos números que no harán más que incrementarse con los próximos comicios. Si es que se celebran. Si Sanders no asume antes que su empeño ya no da más que para que el equipo electoral de Trump haga acopio de argumentos contra Biden. Los consejeros de Sanders contratacan con la necesidad de apretar al candidato previsible para asegurarse que adopte los postulados más atrevidos y contundentes del ideario que enarbola Sanders.

Pero desde su propio entorno ya filtran que Sanders considerará los pasos a dar en los próximos días y evalúa todas las opciones. Faltan tres semanas para las próximas elecciones, ha comentado el jefe de su campaña, Faiz Shakir, «Sin embargo, en un futuro inmediato, está enfocado en la respuesta del Gobierno al brote de coronavirus y en asegurar que cuidaremos a las personas trabajadoras y los más vulnerables». Niegan que vaya a abandonar. Pero tampoco ya nadie lo descarta.

¿Quién será el candidato a vicepresidente?

Normal que en publicaciones como Politico más que elucubrar con la retirada de Sanders dediquen sus páginas a estimar quién será el elegido por Biden para que le acompañe en calidad de candidato a la vicepresidencia. El columnista Bill Scher apuesta por Kamala Harris y Amy Klobuchar en un listado que incluye a la senadora por Wyoming, Tammy Baldwin, próxima al ala izquierda del partido, y donde incluso hay lugar para Elizabeth Warren, aunque en su opinión gozaría de más poder y podría dedicarse a cuestiones más próximas a su agenda si ocupara la plaza de secretario del Tesoro o Fiscal General. Claro que para lograr eso primero tienen que suceder varias cosas.

La primera, que las primarias sigan su curso, que la pandemia de coronavirus no obligue a suspenderlas. Un escenario dantesco, casi imposible, pero que lo es ya en un país cuyo presidente ha pasado de decir que el coronavirus era algo así como una gripe, lo dijo a principios de marzo, a referirse a la crisis en unos términos nunca vistos desde la II Guerra Mundial.

El país sigue enzarzado en la discusión sobre si el presidente tomó o no tomó medidas demasiado tarde. En opinión de Biden, «mucho se ha dicho sobre los cambios en el tono del presidente Donald Trump en los últimos días. Pero con nuestro sistema de atención médica en riesgo, la propagación del virus, nuestra economía al límite, y tantas vidas en juego, es hora de interesarse menos por sus palabras y centrarse más en sus acciones, o inacciones». El problema es que muchos discuten si las acciones no llegaron tarde y hasta qué punto el país todavía está a tiempo de enjuagar el desastre.