Nueva York, la mayor morgue del coronavirus

EE UU registra más contagiadas que ningún otro país. Las autoridades locales recurren a las fosas comunes ante la cantidad de cadáveres sin reclamar

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De China a EE UU. Son ya 1,6 millones de positivos en todo el mundo, de los que 475.749 corresponden a EE UU. Y en ningún lugar la epidemia ha descargado con más violencia que en Nueva York. Solo en la ciudad, el último conteo de la Universidad John Hopkins daba 5.150 muertos, 7.844 en todo el Estado, que acumula la asombrosa cifra de 161.807 casos confirmados. La enfermedad parece estar anegando los territorios vecinos.

Aunque Nueva Jersey, al otro lado del Hudson, solo ha lamentado, de momento, 1.936 muertos, el número de positivos es ya de 54.588, casi el doble que el tercer Estado en la siniestra clasificación, Michigan, que acumula 21.504 positivos y, eso sí, 1076 muertos. Para entender lo que suponen los números neoyorquinos puede servir la tasa de enfermos por 100.000 habitantes, 832, y de muertos, 40. O bien puede uno asomarse a las terribles fotografías de las fosas comunes en la isla de Hart, muy cerca del Bronx y, por supuesto, lejos de las grandes avenidas y hoteles de Manhattan ahora vacíos.

Hart es el lugar donde la ciudad sepultaba a los que no pudieron costearse una plaza en el cementerio. De 25 enterramientos semanales de ese tipo Nueva York ha pasado a 25 diarios, y aunque tradicionalmente los encargados de abrir las fosas eran prisioneros, el volumen de decesos es tal que la ciudad y el Estado han recurrido a agencias de contratación externas. Igual que han flexibilizado los requisitos para que los empleados de pompas fúnebres de fuera de la Gran Manzana puedan trabajar.

También ha sido necesario disponer no menos de 80 camiones frigoríficos a las puertas de varios hospitales, montar un hospital de campaña a orillas del East River, atracar un gigantesco barco hospital de la armada en los muelles de la ciudad y abrir un hospital de campaña en Central Park. Respecto a los enterramientos masivos en fosas comunes hace ya días que la ciudad preparaba el terreno, aunque nadie ha especificado si estos son inhumaciones reversibles, que permitan la recuperación de los cuerpos y un funeral en condiciones una vez pase la crisis o si la tierra de Hart será la última morada para cientos de vecinos.

La popularidad del gobernador Cuomo

Mientras, crecen los rumores de que los votantes demócratas, enamorados de la actuación del gobernador, Andrew Cuomo, podrían preferirlo a Joe Biden, al que nadie está escuchando en las últimas semanas. Cuomo, por su parte, sigue con su rutina diaria de comparecencias, que le ha granjeado un estatus parecido al que tuvo Rudy Giuliani en los días posteriores al 11 de septiembre de 2011.

En la última de sus conferencias, Cuomo creyó ver signos positivos en la evolución de la crisis, por más que las cifras absolutas sean dantescas. Ha prometido que el Estado financiará tests masivos, especialmente en barrios como presencia mayoritaria de población negra e hispana. Considera evidente que el coronavirus, su incidencia en los distintos barrios, demuestra una «desigualdad estructural sistémica en nuestro sistema de atención médica». Duda que «nadie se sorprenda de que tengamos una mayor incidencia entre la comunidad afroamericana y latina» e incluso invoca como culpable último el «racismo sistémico en nuestra sociedad» y las «desigualdades estructurales».

Más bien, como demuestran los primeros estudios, la enfermedad está siendo implacable con los barrios de la ciudad donde sus vecinos no pueden recurrir al teletrabajo, allí donde abundan los empleados de la construcción, los supermercados, las cocinas de los restaurantes, etc. Asimismo las zonas con prevalencia de inmigrantes de primera generación, muchas veces hacinados en viviendas demasiado pequeñas, donde resulta imposible guardar una cuarentena.