El virus mata en prisión al líder de Los Zetas

«Gordo May» cumplía una pena de 37 años. Había dirigido al cártel en Cancún y estaba condenado por decapitar a doce personas

Moisés Escamilla, "Gordo May"
Moisés Escamilla, "Gordo May"Archivo

El líder del grupo criminal «Los Zetas» Moisés Escamilla ha fallecido por coronavirus en la prisión mexicana donde cumplía condena, según han informado las autoridades del país. Conocido como el «Gordo May», comenzó a sentirse mal el pasado 6 de mayo y dos días después falleció. Cumplía una condena de 37 años de prisión acusado, entre otros delitos, de decapitar a una docena de personas en Yucatán.

La Secretaría de Salud del estado de Jalisco confirmó el deceso del hombre, que llevaba once años y medio recluido en el penal federal de Puente Grande, situado a las afueras de la ciudad de Guadalajara. Tenía 45 años y no había registrado enfermedades previas durante su estancia en la cárcel, que se ha convertido en un importante foco de contagio de coronavirus.

El estado de Jalisco, uno de los más poblados del país, registra 829 casos confirmados de la enfermedad, de los cuales 74 han sido detectados en el recinto penitenciario de Puente Grande. Este lugar es muy conocido en México desde que en el año 2001 el capo de la droga Joaquín «El Chapo» Guzmán se fugase escondido en un carro de la lavandería; la primera de las evasiones protagonizadas por el jefe del cártel de Sinaloa, rival de Los Zetas.

Moisés Escamilla cumplía una condena de 37 años por pertenencia a delincuencia organizada, posesión de armamento exclusivo del Ejército y por ser hallado responsable de la decapitación de 12 personas en Yucatán, en el caribe mexicano. Este suceso ocurrió en agosto de 2008 en las cercanías de Mérida, la capital del estado. Cuando los encontraron, los cuerpos estaban apilados, semidesnudos y sin cabeza; un mensaje atribuía el crimen a Los Zetas y aludía a una venganza por no cumplir tratos en la venta de drogas.

Líder de la organización en Cancún

Apenas un mes después del macabro hallazgo, fueron detenidas nueve personas en Cancún, entre ellas Moisés Escamilla, que ejercía como líder del grupo criminal en este núcleo turístico y, según informaron las autoridades en aquel momento, tenía a su cargo un grupo de «policías municipales y civiles» que le informaban de los movimientos de las fuerzas policiales en Cancún. Era el encargado de distribuir cocaína en todo el estado de Quintana Roo y de pagar a los agentes por protección.

Cuando lo detuvieron llevaba cuatro años operando en Cancún, como líder de la célula denominada «Zetas Vieja Escuela», la más poderosa de la zona, que se había hecho con el control de uno de los principales destinos de turismo internacional en México, para el tráfico de cocaína que importaban desde Centroamérica vía marítima. Les decomisaron varios fusiles automáticos, pistolas, munición y granadas.

Los Zetas son un grupo criminal constituido por desertores de las Fuerzas Especiales y que empezaron su actividad como brazo armado del Cártel del Golfo. Posteriormente se independizaron y formaron un grupo criminal propio, descrito por la agencia antidroga estadounidense como «el grupo paramilitar más tecnológicamente avanzado sofisticado y violento».

Su aparición supuso un punto de inflexión en el mundo criminal de México, al aplicar un modelo que consistía en tomar y mantener un territorio aliéndose del miedo, con actos terroríficos como el perpetrado por Escamilla, más que de la corrupción, como se había hecho hasta entonces. Según informes judiciales Los Zetas fueron desarticulados de la zona de Cancún y Playa del Carmen entre 2012 y 2014.

Las cárceles, foco de contagio

Estos son los días más duros de la pandemia en México, que hasta el momento ha registrado 35.022 casos confirmados y 3.465 muertes. La última semana ha sido la más letal, con casi un tercio de los fallecimientos totales. Y las prisiones se han convertido en foco de contagio y rápida dispersión del virus en el país, favorecido por el hacinamiento, las graves deficiencias de higiene y servicios de salud que señaló la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) en el Diagnóstico Nacional de Supervisión Penitenciaria 2019.

El subsecretario de Salud, Hugo López Gatell, la voz del Gobierno durante la pandemia, reconoció el 14 de abril que se produjeron brotes de Covid-19 en sendos penales de Yucatán y Estado de México, seguramente provocados por el propio personal penitenciario, según señaló el funcionario, que anunció que habían aumentado las medidas de higiene y reducido a la mitad las visitas para evitar la dispersión de la enfermedad.

México es uno de los países más violentos del mundo. Recientemente el Senado aprobó una ley de amnistía a iniciativa del Gabinete de Andrés Manuel López Obrador con la que se prevé liberar en el contexto de la pandemia a unos 6.000 reclusos condenados por delitos no violentos como pequeños robos y posesión de drogas para descongestionar los presidios.

En México hay 19 prisiones federales de alta seguridad con casi 17.000 reclusos y 309 cárceles estatales con unos 176.000 presos, según datos recogidos por Efe. La CNDH afirma que al menos un tercio de los centros penitenciarios de México presentan sobrepoblación.