La protesta por el asesinato de George Floyd estalla en la Casa Blanca

Los servicios secretos trasladaron al presidente Trump al búnquer del Ala Oeste el pasado viernes tras perder el control de los mayores disturbios raciales desde 1968

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La capital de Estados Unidos arde en todos los sentidos. Al ambiente de indignación que se respira en las calles con concentraciones pacíficas que se han ido radicalizando durante los últimos días, se suma la ola de ataques violentos y destrozos causados a manos de manifestantes raciales que se saltaban el toque de queda impuesto al anochecer.

La violencia se acabó adueñando en Washington de los disturbios raciales convocados de manera simultánea en múltiples ciudades del país. Unas concentraciones pacíficas de día que se han tornado violentas de noche, provocando los mayores saqueos, incendios y graves enfrentamientos entre algunos manifestantes radicales y las autoridades policiales.

EE UU parece encauzarse en la peor crisis social de su historia reciente en plena pandemia sanitaria y económica. Con las peores cifras de paro registradas (más de 40 millones de estadounidenses han solicitado la prestación por desempleo por el coronavirus), las calles se llenan de crispación por la desigualdad social que sufren los estadounidenses de raza negra.

Sobre todo, por el abuso de la fuerza policial en las detenciones. Concentraciones pacíficas por la muerte de George Floyd, ciudadano afroamericano que murió asfixiado por la violenta acción de un policía de Mineápolis, se iniciaron de manera pacífica en múltiples ciudades de EEUU. Pero las manifestaciones de protesta se fueron convirtiendo en tensos altercados raciales hasta terminar radicalizando sus intervenciones.

La tercera jornada de protestas frente a la Casa Blanca, enmarcada en la sexta noche de manifestaciones en todo el país, se convirtió en un campo de batalla con violentos enfrentamientos contra la policía, saqueos masivos a establecimientos de la ciudad y múltiples incendios de vehículos, material urbano, edificios e iglesias.

El toque de queda impuesto en una veintena de estados del país al caer la noche puso en acción la violencia de los más radicales, con actos de vandalismo y ataques con fuerza contra una desbordada autoridad policial. Hasta cinco unidades policiales, que han trabajado de manera conjunta, se han visto obligadas a reforzar la seguridad de las calles de la capital estadounidenses, entre ellos el FBI y cerca de 2.000 soldados de la Guardia Nacional sólo en Washington. Más de medio centenar resultaron heridos en los disturbios. Más de 5.000 militares, en total, desplegados por más de veinte ciudades del país.

Otras 140 poblaciones de EE UU se mantienen en alerta con diversas convocatorias hasta ahora pacíficas por la muerte de Floyd y en contra del abuso policial. Pero, sin duda, la capital estadounidense y, sobre todo, los alrededores de la Casa Blanca, ha sufrido el mayor impacto y las más graves consecuencias de las protestas raciales en las últimas horas.

Tras una larga inusual ausencia de Trump en Twitter, el presidente publicó una serie de tuits culpando a los medios y a los demócratas por la mala gestión en sus estados con respecto al conflicto racial que está viviendo en país en los últimos días. Sus mensajes en clave electoral fueron criticados por la falta de sensibilidad ante una de los mayores disturbios raciales que acechan el país desde la muerte de Martin Luther King en 1968.

Precisamente Trump se refirió a los disturbios raciales que se entienden a lo largo del país desde hace una semana atribuyéndolos a alborotadores “totalmente profesionales”, en alusión a los miembros de Antifa. “Estados Unidos designará a ANTIFA como organización terrorista”, añadía el presidente Donald Trump en Twitter.

Fuentes republicanas cercanas al presidente aseguraron que Trump habría pasado casi una hora en el búnker de la Casa Blanca la noche del viernes, en pleno apogeo de las protestas. Búnker situado en el sótano de la residencia del presidente de EE UU, especialmente diseñado para su uso en situaciones de emergencia, como ataques terroristas. Esta versión fue confirmada por un funcionario del gobierno, que también habló bajo condición de anonimato.

El conocido como búnker del sótano de la Casa Blanca es, en realidad, el Centro de Operaciones de Emergencia Presidencial (PEOC, por sus siglas en inglés). Compuesto por una estructura similar a la de un búnker, se encuentra situado debajo del Ala Este de la residencia del presidente de EE UU. El secreto mejor guardado de la Casa Blanca sirve como refugio seguro en caso de emergencia y, a la vez, como centro de comunicación del presidente.

Es la primera vez que Trump se refugia en el histórico búnker de la Casa Blanca, que fue construido durante la Segunda Guerra Mundial para proteger la vida del presidente Franklin D. Roosevelt de un posible ataque aéreo contra la capital de EE UU. Durante los ataques del 11 de septiembre de 2001, el vicepresidente Dick Cheney, agentes del Servicio Secreto y varios asistentes fueron evacuados al PEOC. En el momento de los atentados, el presidente George Bush se encontraba en Florida.

Lo cierto es que lo poco que se sabe del búnker de la Casa Blanca es gracias a las películas. En 2013, “Ataque a la Casa Blanca” y “Asalto al poder” mostraron una versión cinematográfica de su interior.

Tanto el Servicio Secreto como un portavoz de la Casa Blanca, Judd Deere, confirmaron tras los violentos disturbios de los últimos días que los funcionarios no están autorizados a ofrecer información ni protocolos de seguridad del presidente.

Pero sí ha trascendido que, tras la creciente tensión en las protestas del viernes y mientras una multitud enfurecida marchaba desde la Casa Blanca hacia el Capitolio de EE UU, agentes del Servicio Secreto trasladaron al presidente Donald Trump al búnker, en alerta máxima por la repentina situación de violencia.

Bajo el contexto de los disturbios raciales en Washington ocurría otro acontecimiento histórico. Coincidiendo con el toque de queda de las 23h la noche del domingo, se apagaron por primera vez las luces de la fachada de la Casa Blanca.

Una muestra de la excepcional situación que está viviendo la capital estadounidense estos días, con tensos acontecimientos que, lejos de apagarse, continúan en aumento y se espera que se prolonguen durante los próximos días con marchas convocadas por las grandes ciudades del país.