Intercambio secreto de prisioneros entre EE UU y Hizbulá

Llega a Líbano el colaborador financiero de la milicia proiraní, condenado en Estados Unidos por lavado de dinero

El empresario libanés Kassem Tajeddine, liberado recientemente por Estados Unidos, fue recibido ayer con honores por una comitiva de cientos de partidarios de Hizbulá en el aeropuerto de Beirut. Con banderas amarillas del Partido de Dios, más de medio millar de simpatizantes bloquearon la carretera que va al aeropuerto internacional Rafic Hariri para recibir a su querido compatriota excarcelado.

Tajeddine debía cumplir una pena de cinco años, acusado de evadir las sanciones de EEUU, pero un juez estadounidense ordenó su liberación en mayo, dos años antes de finalizar su condena, como medida preventiva por el coronavirus, ya que tiene 65 años. Después de someterse a una cuarentena regresó a Líbano ayer.

Su liberación y la de otros doce libaneses, todos ellos acusados de colaborar con Hizbulá o por delitos relacionados con el lavado de dinero, ocurre en un momento en el que Washington ha puesto en marcha nuevas sanciones contra Siria, conocidas como la “Ley Cesar”. Estas sanciones también afectan a Irán y su aliado chií libanés.

Tajeddine estaba en la “lista negra” de EE UU desde 2009 por ser “asesor financiero” de Hizbulá en el extranjero, a través de la exportación de productos que servían para lavado de dinero de la organización designada terrorista En 2017, fue detenido en Marruecos y extraditado a Estados Unidos, donde fue juzgado y condenado a penas de cárcel.

Aunque Washington lo niega, hay especulaciones de que se trate de un acuerdo entre bambalinas de intercambio de prisioneros, ya que a la liberación de este importante comerciante libanés le precedió en marzo la de Amer Fakhoury, un libanés naturalizado estadounidense, conocido como el “carnicero de Khiam”. Fakhoury fue arrestado en el aeropuerto de Beirut en septiembre de 2019, y un tribunal militar le condenó tras ser acusado de secuestro, encarcelamiento y tortura de presos en la prisión de Khiam, al sur de Líbano, que fue destruida por aviones israelíes en la guerra de 2006 entre Israel y Hizbulá.

Pero, repentinamente, en marzo, el mismo tribunal se retractó de la sentencia y en plena pandemia del coronavirus, que obligó a las autoridades libanesas a cerrar el aeropuerto y las fronteras terrestres, un helicóptero estadounidense ascendió a los cielos desde la embajada de EE UU en Beirut, transportando al “carnicero de Khiam” indultado.

Sin querer dar detalles sobre el posible acuerdo entre Washington y Beirut, Yassine Jaber, ministra y jefa del comité parlamentario de Asuntos Exteriores de Líbano, declaró ayer que “algunos dicen que puede haber habido negociadores, pero otros dicen que tomó un camino judicial. Tajeddine cumplió parte de su condena y luego solicitó la liberación anticipada. Hay muchas teorías”.

Según un diplomático occidental consultado por LA RAZÓN, Estados Unidos ha aumentado la presión sobre Líbano, y “ataca a todos los sectores al mismo tiempo: el cierre de rutas fronterizas ilegales entre Líbano y Siria con el pretexto de detener el contrabando entre los dos países. La crisis del dólar estadounidense en los mercados nacionales, el intento de incluir la implementación de la Resolución de Seguridad de la ONU 1559 y el desarme de Hizbulá”, lo que ha provocado enfrentamientos entre manifestantes en las protestas populares por la crisis económica.

Para el diplomático, que todos los problemas hayan explotado al mismo “no puede ser fortuito”. A su juicio, se trataría de llevar al Gobierno libanés, claramente alienado con Hizbulá, “al límite para que negocien en una posición de debilidad”.

Las amenazas de Nasrala

Sin embargo, para el líder de Hizbulá, Hasan Nasrala, la presión de EE UU solo acercará más e Líbano a la influencia de Irán. Así, en un discurso televisado el martes por la noche, Nasrala dijo que para resolver la deteriorada crisis económica del país, Irán puede abastecer de petróleo a Líbano y culpó a las políticas de Washington por la situación. También adelantó que China “está lista para invertir en Líbano”, y que Hizbulá tiene otras cartas para jugar, sin dar más detalles.

“Castíganos [EE UU a Hizbulá], pero ¿por qué estás castigando al pueblo libanés?”, se preguntó el líder chií. “Nuestras armas permanecerán en nuestras manos. No pasaremos hambre. No dejaremos que nuestro país pase hambre”, advirtió