“Maxim el malo”: el anarquista “youtuber” que orquestó un secuestro de doce horas en Ucrania

Krivosh mantuvo retenida a una veintena de personas armado con bombas y armas largas en una ciudad al oeste del país

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El terrorismo encontró este martes en la apacible ciudad de Lutsk (Ucrania) un nuevo escenario para demostrar que, hasta en los lugares donde nunca ocurre nada, siempre puede acechar el peligro. Esta vez, la imagen del miedo ha sido la de un minibús urbano tomado en la plaza del teatro de esta ciudad al oeste de Ucrania, de poco más de 200.000 habitantes, por un perturbado que se ha bautizado a sí mismo en las redes sociales como Maxim Plojoi (Maxim el malo) y que en realidad es Maxim Krivosh, un antisistema muy activo en sus perfiles de internet.

Portando un arma automática y varios explosivos (dos bombas y una granada de mano), tomó el minibús y a una veintena pasajeros que se encontraban en ese momento de camino al trabajo a primera hora de la mañana, habiéndose tomado la molestia de avisar momentos antes, vía Twitter, explicando sus razones para llevar a cabo el horrible secuestro y felicitando a todos por el «Día del Antisistema».

A partir de ese momento, todos los medios de comunicación del país han cambiado las programaciones del día por la imagen del autobús inmóvil y con las cortinas echadas, abriendo boletines especiales de noticias e intentando dar una explicación a lo que estaba ocurriendo, ampliando informaciones a cada minuto. Al cierre de esta edición, el secuestrador había sido detenido y todas personas, liberadas.

Según las principales agencias de noticias de Ucrania, el secuestrador exigía delirantes condiciones para liberar el autobús, como que los jefes de los tribunales, los ministerios, los fiscales, el Parlamento y la Iglesia publicasen en Youtube una declaración admitiendo que son unos terroristas, afirmando que tenía otro explosivo escondido en otro lugar lleno de gente.

Poco después, en la capital del país, Kiev, dos artefactos explosivos eran desactivados en la estación de metro de Minskaya, después de haber evacuado la zona, por lo que no se registraron víctimas, y a última hora de ayer, la Policía seguía buscando la conexión entre los dos actos terroristas y vinculaciones con algún grupo que hubiese apoyado a Maxim Krivosh. Según el ministro del Interior ucraniano, Anton Heraschenko, el terrorista llamó a la Policía para informarles de que iba a llevar a cabo el hecho en cuestión.

El rotativo ucraniano «Ukrainskaya Pravda» daba a conocer poco después de saberse la noticia que la Policía había encontrado en redes sociales algunas de sus publicaciones, en las que el secuestrador escribía sobre su descontento con «el sistema en Ucrania».

Lo cierto es que el autor del secuestro habría pasado, al menos, diez años en prisión por varios delitos como robo, extorsión o fraude, además de por tenencia ilícita de armas y explosivos. Durante su estancia en la cárcel escribió un libro titulado «La filosofía de un criminal» y que llegó a publicarse en 2014, en el que analiza la esencia del bien y del mal, además de hablar de su pasado.

La obra se podía encontrar hasta hace poco en internet para todo el que quisiera descargarla en abierto y algunos de sus párrafos describen perfectamente la personalidad de su autor, con frases como, «me han estado corrigiendo durante 15 años, pero no he mejorado, sino que, por el contrario, me he vuelto aún más quien soy».

Maxim Krivosh estudió en un seminario y estuvo a punto de entrar en un monasterio, hasta que la religión, según comentó él mismo, le desilusionó. A partir de ese momento, se volcó en las redes sociales y empezó a militar en el activismo antisistema, con unos planteamientos que este martes intentó llevar a la práctica.

El terrorista está casado y tiene un hijo de 15 años, al que la policía ha llevado al lugar del suceso y con quién el pistolero ha rehusado verse. A última hora, un avión no tripulado de las fuerzas del orden sobrevolaba la plaza esquivando los disparos del secuestrador, mientras la Policía abría un proceso penal por terrorismo. Poco tiempo después, la pesadilla acabó con la liberación de los secuestrados sin que hubiera que lamentar víctimas.