El coronoavirus asfixia a Gaza

Las autoridades gazatíes piden ayuda urgente a las organizaciones internacionales ante la falta de medios para frenar los contagios

Si dos años atrás un informe de la ONU ya estimaba que la Franja de Gaza sería un “lugar invivible” en 2020 por una economía quebrada (con un paro que supera ahora el 50%), aguas contaminadas, un sistema de salud precario, las desastrosas consecuencias de tres guerras con Israel y más de trece años de bloqueo, la tardía penetración de la pandemia del Coronavirus en la franja palestina ha elevado aún más el grado de estrés y temor entre sus dos millones de habitantes.

En los primeros meses de alerta internacional se logró contener la expansión de la pandemia, esencialmente porque el bloqueo israelí-egipcio limita casi al completo el tráfico humano desde y hacia Gaza, y a que tras la detección de los escasos positivos registrados en los pasos fronterizos, los contagiados eran ubicados en instalaciones de aislamiento.

Pero tras descubrirse la pasada semana cuatro positivos en una misma familia del campo de refugiados de al-Maghazi se despertaron las alarmas, ya que todavía se desconoce el origen del foco. Y ante el riesgo a una veloz expansión, el grupo islamista Hamas impuso el lunes pasado un cierre total del territorio que sigue vigente. Por ello, comercios, escuelas o mezquitas siguen cerradas, las calles lucen fantasmales y se establecieron puestos de control que dividen el territorio en tres áreas: norte, centro y sur.

Según el Ministerio de Sanidad palestino, ayer lunes se descubrieron 69 nuevos casos, elevando así los contagios a 356, con 4 fallecimientos y 72 recuperados. Pero ante la escasez de kits de testeo -ayer se hicieron 670 pruebas PCR-, se cree que las cifras podrían ser mucho más altas.

El cierre supone la quiebra de facto para miles de familias, que sobreviven con una economía diaria de subsistencia. Ahmed Fissa, padre de dos, apenas ganaba 7 dólares diarios. Con la incógnita de cómo alimentar a su familia, explicó a la agencia Ap que “no tengo dinero ni ahorros, y no quiero pedirle a nadie”.

Las autoridades sanitarias gazatíes solicitaron ayuda urgente a agencias internacionales, ante el fundado temor de una expansión exprés y la evidente falta de recursos médicos y de protección.

Ignacio Cáceres, director de la oficina de la Cruz Roja en Gaza, recordó en declaraciones al canal público israelí “Kan11” que “encontrar casos de corona fuera de las instalaciones de aislamiento era algo que temíamos hace meses, y en particular en campos de refugiados. Son áreas mucho más densamente pobladas de lo normal”. Y añadió: “ya se vivía una crisis humanitaria antes del Corona. En Gaza se sobrevive solo gracias a la ayuda internacional”.

Todo ello ocurre mientras la tensión no cesa en la frontera con Israel: el sábado se contabilizaron 23 nuevos incendios, causados por globos incendiarios palestinos lanzados hacia campos israelíes fronterizos; un día antes, se lanzaron seis proyectiles; y el Ejército israelí repitió los bombardeos a instalaciones militares de Hamas sin causar heridos ni víctimas.

El grupo islamista se desmarcó de las negociaciones por mediación egipcia para intentar rebajar las llamas, y ante lo que considera un incumplimiento del frágil alto al fuego vigente, alertó que “quien sea que endurezca el sitio sobre nuestro pueblo, pagará un alto precio en seguridad y estabilidad”. Israel limitó la zona pesquera y la entrada de gasóleo a la franja tras los lanzamientos de principios de agosto, lo que provocó el cierre de la única central eléctrica. Por ello, sus residentes cuentan con apenas cuatro horas de corriente diarias.

Mientras, el martes pasado ingresó a la franja el emisario qatarí con una entrega de 30 millones de dólares, destinados a pagar los sueldos de funcionarios de Hamas y ayudas a familias pobres.

Ante la explosiva situación, el emisario de la ONU para Oriente Medio, Nikolay Mladenov, imploró el viernes pasado que “las facciones palestinas deben detener inmediatamente el lanzamiento de proyectiles y artefactos incendiarios. Israel debe permitir la entrada de gasóleo para la electricidad. En estas circunstancias, ningún esfuerzo de mediación logrará mejorar la situación”.

Más restricciones que durante las guerras con Israel

Hanah Salaq, periodista gazatí y colaboradora en Al-Monitor y Al Yazira, explicó en conversación telefónica con LA RAZÓN que, a pesar de que se esperaba que tarde o temprano el virus se expandiera, “ha supuesto un gran ’shock’. La situación es más restrictiva que durante las guerras con Israel, todos permanecemos en casa y solo se sale a comprar comida. La gente tiene miedo, y no pasará hasta que se aclaren las cifras reales y los focos de contagio”.

La joven periodista cuenta que esto es mucho más duro que en situaciones adversas previas: “la electricidad es insuficiente ante el sofocante calor del verano. Muchos pacientes la requieren, es básica para la vida rutinaria”. Y si bien destacó que hay iniciativas solidarias por parte de quienes mantienen ingresos, “es muy difícil ayudar a todo el mundo”.Salaq cree que Hamas presionará con más tensión para forzar a Israel a permitir el acceso de ayuda humanitaria, pero recordó: “la gente odia esta situación, cuando los bombardeos hacen temblar la casa y estás con los niños”.