Un acto de piratería en cielo bielorruso ejecutado por un caza MiG-29

Expertos en aviación, sorprendidos con la decisión de Lukashenko de forzar un aterrizaje para detener a un periodista

Aviones de combate rusos MiG-29 en Belgrado
Aviones de combate rusos MiG-29 en Belgrado FOTO: DJORDJE KOJADINOVIC REUTERS

No es nada habitual que un avión de combate MiG-29 se acerque a un avión comercial y le dé instrucciones para aterrizar en un aeropuerto diferente al que tenía programado. Y mucho menos si el caza, en este caso un aparato de la Fuerza Aérea de Bielorrusia, va armado y el avión comercial al que se aproxima es un Boeing 737 de registro polaco operado por Ryanair en el que viajan 171 pasajeros de doce nacionalidades.

El desvío forzoso del vuelo 4978 de Ryanair fue ordenado por el presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, cuando el Boeing sobrevolaba el espacio aéreo bielorruso cubriendo el trayecto Atenas-Vilna. A bordo iba el periodista y bloguero Roman Protasevich, perseguido por la justicia de su país por instigar protestas en 2020, durante el ciclo de manifestaciones contra el Gobierno tras unas elecciones presidenciales que la oposición calificó de ilegítimas.

Según ha trascendido, el avión comercial fue desviado bajo el argumento de peligro para su seguridad. Medios estatales bielorrusos informaron primero de que en el interior del aparato iba alojado un explosivo pero también de que hubo una supuesta pelea entre pasajeros y la tripulación. Ryanair ha explicado que su tripulación fue “notificada por Belarús ATC de una posible amenaza a la seguridad a bordo y recibió instrucciones de desviarse al aeropuerto más cercano”.

En realidad todo resultó ser un ardid para hacer aterrizar el avión en Minsk, en lugar de Vilna, y poder atrapar al periodista incómodo. De hecho, según testimonios de algunos pasajeros, tras el aterrizaje no hubo registro de maletas más allá de la detención de Protasevich. Según Bielorrusia, el MiG29 salió para monitorear el vuelo y “ayudar” si era necesario.

Un acto de esta magnitud -que ya ha sido calificado por algunas voces en la UE de “piratería” y de “secuestro de estado”- es “una violación de primera magnitud que rompe la confianza entre países” y atenta contra “la seguridad aérea”, explica el almirante retirado Ángel Tafalla, quien asegura que un avión de combate solo puede acercarse a un vuelo comercial para conocer su plan de vuelo si es que previamente no lo ha transmitido a las autoridades aéreas del país de tránsito o si éste no coincide con los datos suministrados.

“La seguridad de la navegación aérea civil se basa en el intercambio libre de los planes de vuelo. Si esos planes de vuelo los usas, como parece que ha hecho Lukashenko, para fines políticos, estás poniendo en peligro la seguridad de todos los vuelos que vayan por tu espacio aéreo”, explica Tafalla, que ha sido controlador de vuelo.

Algunas fuentes han asegurado que las autoridades rusas estaban al corriente y que agentes del KGB viajaban en el interior del aparato desviado. Mientras tanto, el Gobierno de Lukashenko ha afirmado que el hecho de que entre los pasajeros hubiera un “extremista” no influyó en la decisión de “ayudar al avión que informó de problemas”. Si en realidad hubiera existido un peligro real por una bomba a bordo, el aparato hubiera sido derivado al aeropuerto más cercano, que en este caso era de la capital lituana, Vilna, explica Tafalla.

¿Cuál tiene que ser la respuesta del piloto cuando se acerca un avión de combate? ¿Está obligado a seguir sus instrucciones? Tafalla responde que esa situación es muy “delicada” y que el piloto del vuelo comercial está obligado a obedecer una orden sobre el espacio aéreo de un país por el que transita “porque lo primero de todo es salvar la vida de los pasajeros. Así que si un caza se aproxima y te hace señales para que le sigas, en el 95% de los casos los aviones obedecen. Un caza pegado a un avión es algo que impresiona muchísimo”.

Los dirigentes de la aviación mundial reaccionaron con sorpresa y la Organización Internacional de Aviación Civil ha exigido una investigación. “Parece un abuso flagrante de la Convención de Chicago. Es piratería”, dijo a Reuters Kevin Humphreys, ex regulador de la aviación irlandés. Según el Convenio de Chicago de 1944, cada país tiene soberanía sobre su propio espacio aéreo, aunque el tratado prohíbe cualquier uso de la aviación civil que pueda poner en peligro la seguridad. Pero el derecho a sobrevolar otros países está consagrado en un tratado paralelo llamado Acuerdo de Tránsito de Servicios Aéreos Internacionales, del cual Bielorrusia no figura como miembro, según se explica en Actualidad Aeroespacial.

Este incidente puede tener consecuencias para Bielorrusia, que es un corredor importante entre Europa y Moscú o el sudeste asiático y Europa, ya que podría empujar a muchas compañías a esquivar Bielorrusia como país de tránsito pese a que provocaría un encarecimiento de los vuelos afectados.

De momento, la decisión de Minsk de obligar a un vuelo comercial a desviarse “supone una ofensa para tres países”, dice Tafalla, “porque se ha ofendido a Grecia, país del que salió el vuelo, a Lituania, que era el destino, y a Irlanda, por Ryanair”. “Desde el punto de vista de la aviación esto es un atentado a la seguridad aérea y la UE debería considerar la actuación de un gobierno como el de Bielorrusia”, añade Tafalla.

La interceptación de aviones militares son bastante más frecuentes. En los últimos meses se han producido varios episodios de estas características, a menudo protagonizados por aviones rusos, estadounidenses y chinos.