La estrategia del acuerdo Aukus va más allá de los submarinos nucleares

La prioridad será ayudar a Australia a desarrollar una flota de ocho submarinos de propulsión nuclear y armamento convencional

Un acto en conmemoración del centenario del Partido Comunista China (PCCh)
Un acto en conmemoración del centenario del Partido Comunista China (PCCh) FOTO: CARLOS GARCIA RAWLINS REUTERS

El anuncio de una nueva alianza de seguridad -Australia,Reino Unido, Estados Unidos (AUKUS)- que permitirá a Australia equipar su armada con submarinos de ataque de propulsión nuclear, parece una señal para China así como para los aliados estadounidenses en Asia, de que Washington está decidido a dar un paso adelante para hacer frente al desafío de Pekín en la región del Indo-Pacífico.

AUKUS tiene un amplio objetivo, que incluye el fortalecimiento de la cooperación trilateral en ámbitos clave como la ciberseguridad, la inteligencia artificial, las tecnologías cuánticas, el desarrollo de misiles, y el fomento de una “mayor integración de la ciencia, las bases industriales y las cadenas de suministro relacionadas con la seguridad y la defensa”, en palabras del Secretario de Estado Antony Blinken.

La prioridad será ayudar a Australia a desarrollar una flota de ocho submarinos de propulsión nuclear y armamento convencional, tras un periodo consultivo intermedio de 18 meses. Aunque muchos han expresado su preocupación por el hecho de que esta medida pueda debilitar el régimen mundial de no proliferación nuclear, también tiene importantes implicaciones para el equilibrio de poder y una incipiente carrera armamentística en Asia-Pacífico.

Por otro lado, la solicitud de China para adherirse al Acuerdo General y Progresivo de Asociación Transpacífico (CPTPP) justo horas después del anuncio de la nueva asociación de seguridad tripartita podría ser -o no- una coincidencia. En cualquier caso, ambos acontecimientos ilustran el rápido cambio del entorno geoestratégico en la región del Indo-Pacífico.

Como parte del nuevo pacto, Australia abandonará su plan de 43.000 millones de dólares de construir submarinos convencionales franceses y, en su lugar, construirá buques basados en tecnología estadounidense y británica. El primero se construirá en las antiguas instalaciones de la Australian Submarine Corporation, cerca de Adelaida, antes de 2040.

El establecimiento de una base industrial local para la construcción y el mantenimiento de estos submarinos en Australia permitirá a Estados Unidos llevar a cabo un mayor sostenimiento, mantenimiento y reabastecimiento de su flota. Esto tiene ventajas operativas: convertir a Australia en un centro más valioso para las operaciones marítimas y submarinas del Indo-Pacífico y abrir potencialmente la puerta a acuerdos de posicionamiento más amplios entre Estados Unidos y Australia.

Australia posee además los mayores recursos de uranio conocidos del mundo y es el tercer productor mundial de este metal, por detrás de Kazajistán y Canadá. No utiliza energía nuclear, ya que genera la mayor parte de su electricidad a partir del carbón, aunque la Organización Australiana de Ciencia y Tecnología Nuclear (ANSTO) ha operado reactores nucleares para la investigación y la producción de isótopos desde la década de 1950 y actualmente opera el reactor OPAL, que se puso en marcha en 2006.

Asia Oriental es una vasta extensión de territorio marítimo y continental, y Estados Unidos necesita más zonas desde las que poder operar. Además del acceso a instalaciones militares, Washington necesitará reservas de combustible, inventarios y municiones en lugares dispersos. Australia está magníficamente situada en términos geoestratégicos como ancla meridional para las fuerzas estadounidenses y aliadas lejos de la periferia de China.

Los nuevos planes representan uno de los pasos más audaces que ha dado la administración Biden para reforzar las alianzas en Asia-Pacífico y ampliar su presencia militar en medio de la competencia geopolítica con China. Pero también ha suscitado críticas, incluidas las de Francia como país aliado de la OTAN, que tenía un contrato multimillonario para construir los nuevos submarinos australianos, así como las de los expertos en no proliferación, a quienes les preocupa que Washington comparta con otro país tecnología nuclear sensible.