La derecha francesa se conjura frente al fenómeno Zemmour

La extrema derecha tradicional y la derecha clásica han sido los dos factores determinante para el impacto en un panorama político en plena metamorfosis

Más allá de las divisiones internas entre candidatos dentro de la derecha, todos parecen conjurados con un mismo mensaje y así lo repiten uno tras otro
Más allá de las divisiones internas entre candidatos dentro de la derecha, todos parecen conjurados con un mismo mensaje y así lo repiten uno tras otroCHRISTOPHE PETIT TESSONEFE

Pocas veces un fenómeno político irrumpe en el inicio de un curso político electoral como Eric Zemmour lo está haciendo en Francia. Periodista muy mediático dispuesto a meterse en cualquier polémica, ultraderechista, autor de libros de venta millonarios, condenado en varias ocasiones por delitos de «incitación al odio racial», Zemmour se ha convertido en una revelación política que puede desestabilizar a todas las derechas francesas y promete poner patas arriba la campaña electoral. Y todo ello, antes de que haya lanzado oficialmente su candidatura por las presidenciales de 2022. Pero los institutos de opinión ya lo dan por sentado y comienzan a cotizarlo: durante el mes de septiembre lo situaban entre el 10% y el 11% de intención de voto, muy por delante, por ejemplo, de la propia alcaldesa de París, la socialista Anne Hidalgo.

El impacto de Zemmour en un panorama político en plena metamorfosis donde se van definiendo las candidaturas para las presidenciales se entiende analizando dos factores: una extrema derecha tradicional, la de Le Pen, que se ha ido acoplando tanto al sistema que ha dejado esa vía libre al “outsider” Zemmour, percibido ahora como el verdadero azote del establishment político. Y por otro lado, una derecha clásica con muchos candidatos posibles y un proceso de selección demasiado dilatado que puede permitir a Zemmour sacar provecho de sus divisiones internas. En este contexto, y a sabiendas de que hasta que se celebren sus primarias cerradas a principios de diciembre no tendrán candidato fijo, Los Republicanos han decidido establecer un muro de contención contra Zemmour. Probablemente porque contra una figura tan mediática que hace tanto ruido, bien vale aquello de que la mejor defensa sea un buen ataque. El jefe de filas de la familia conservadora, Damien Abad, ha emplazado esta misma semana al propio Zemmour a un debate. “Escucho decir a Zemmour que comparte convicciones con la derecha republicana. Los franceses tienen derecho a un debate para aclarar lo que diferencia a la derecha republicana de Zemmour” ha sentenciado Abad esta semana. La respuesta, siempre pellizcando en tono irónico del propio Zemmour no se hizo esperar en twitter: “¿Usted lo propone porque su jefe, Xavier Bertrand, no se atreve a hacerlo?”, en referencia al candidato conservador, Xavier Bertrand, que por el momento contaría con más apoyo en los sondeos.

Más allá de las divisiones internas entre candidatos dentro de la derecha, todos parecen conjurados con un mismo mensaje y así lo repiten uno tras otro, desde la presidenta de la región parisina, Valerie Pécresse, hasta el exnegociador del Brexit en Europa, Michel Barnier, en sus apariciones en medios de comunicación : frente al tsunami populista que quiere encarnar Zemmour, Los Republicanos serán su muro de contención. Pero con otros partidos ya en modo de campaña completa, LR avanza lento en su elección de candidato. El partido acaba de decidir que no se hará a través de una primaria como se propuso anteriormente y donde cualquier persona con puntos de vista de derecha puede votar, sino en un congreso restringido donde sólo los miembros del partido tienen voz, el próximo 4 de diciembre. Hasta entonces tendrán que ir marcando sus diferencias con el presidente Macron, ya casi metido plenamente en campaña y con el nuevo fenómeno Zemmour, que muchos en el partido habían infravalorado hasta ahora.

“No comparto nada de los valores de Zemmour " decía este miércoles en la emisora Europe 1 el presidente de Los Republicanos en el Senado, Gerard Larcher, que como todos los barones del partido, se ha lanzado a parar los pies de Zemmour. Sin embargo, esta nueva estrategia en bloque llega después de varios episodios que han dado aire al polemista ultraderechista. En parte por subestimación y en parte, por algunas declaraciones que ahora podrían pasar factura como las del diputado conservador Eric Ciotti, que hace unas semanas llegó a declarar que votaría por Zemmour en caso de una eventual segunda vuelta entre él y Macron.

Zemmour nació en Montreuilt (periferia parisina multicultural), en 1958, y fue educado en la tradición religiosa judía. Habla hebreo y frecuentó ritualmente varias sinagogas parisinas. Periodista muy combativo, su carrera política comienza con la publicación de ensayos muy polémicos, como ‘El suicidio francés’ (2014), donde comenzó a esbozar su tesis francés: ‘La destrucción de Francia, suplantada por árabes y negros’. ‘Francia no ha dicho su última palabra’, su último libro, publicado este mismo mes de septiembre, vendió 80.000 ejemplares en apenas cuatro días. Sus apariciones constantes en la cadena de televisión CNews son objeto de fuertes polémicas que, por un lado suponen cierto desprestigio par la cadena entre algunos sectores y por otro, que se disparen sus índices de share. Ese impacto mediático, esa capacidad de polemizar para multiplicar audiencia, es el gran as en la manga de Zemmour al que todos temen. Una especie de espectacularización del populismo ultraconservador que entra en campaña con resultados imprevisibles.