Las claves de la “reforma de Defensa y Militar” de Xi Jinping con la que China espera dominar el mundo en 2022

Antes de la reorganización de 2016, el gigante asiático tenía unas carencias que ha ido puliendo y posicionándose en la carrera armamentística

Soldados del Ejército Chino de Liberación Popular antes de un desfile militar en la plaza Tiananmen en Beijing (China).
Soldados del Ejército Chino de Liberación Popular antes de un desfile militar en la plaza Tiananmen en Beijing (China). FOTO: WU HONG EFE

Antes de la reorganización de 2016, el Ejército Popular de Liberación de China representaba a toda la Armada, la Fuerza Aérea, el Comando de Cohetes y el Comando de Apoyo de la retaguardia sin una fuerza terrestre china separada. Con el núcleo de la “Reforma de Defensa y Militar” de Xi Jinping, implementada a partir de enero de ese año, la principal mejora fue la creación de las Fuerzas Terrestres de China.

Sin una fuerza terrestre, se presentaba al mundo como un ejército político que se basaba principalmente en la ideología del Partido Comunista, y sobre todo, más en exhibirse al mundo que en amenazarlos. Pero esa reforma mejoró las Fuerzas Armadas de China, que empezó a mostrarse al mundo como una verdadera potencia con la que, a día de hoy, algunos países como Estados Unidos tratan de evitar que el líder del país vaya más allá, como el caso de intentar invadir Taiwán.

Esos cambios provocaron que la clasificación de los otros tres grupos quedara algo ambigua. Y es que varios de los líderes se repartían el control de cada una de las fuerzas, que según expertos militares de China, lo hacían bajo la total confianza de Xi Jinping y el poder naval. Pese a que Xi, que tomó el poder en 2013, carecía de experiencia en operaciones terrestres, tomó la importante decisión para China de independizar las fuerzas terrestres. Diferenciar la estructura de unidad personalizada según la velocidad de maniobra, alcance, potencia de fuego, reconocimiento, vigilancia y protección, algo que poco a poco ha ido adaptando y se demuestra en sus números, era primordial.

La principal razón fue la sensación de crisis de que las fuerzas terrestres chinas tenían que responder agresivamente a las amenazas de Estados Unidos, Japón, Taiwán y Rusia, equipados con armas y equipos de guerra terrestre de última generación. Los líderes chinos ya habían tomado conciencia de la guerra de Estados Unidos en Irak en 1990 sobre la importancia de la ciencia y tecnología militare para unificar el reconocimiento y vigilancia, mando, control y ataque de precisión. Con esa idea, se volcaron en el uso de la tecnología y de comenzar a prepararse para la que llamaron “guerra moderna”.

Por otro lado, tenía que convertirse en un escenario ofensivo en preparación para amenazas externas. China no podía tolerar a Estados Unidos en la cabeza de las potencias mundiales más importantes, y también veía que Rusia empezaba a rearmarse sin apenas hacer ruido. Era el turno pues, de China.

Una reducción del ejército

En segundo lugar, la reducción del ejército también fue importante para China. El número de grupos desplegados en este, oeste, norte, sur y central se redujo de 35 a 18. La fuerza principal del Grupo de Ejércitos se cambió de las últimas dos o tres divisiones de infantería de fuerza intensiva para cada división militar y una división blindada y de artillería a una Brigada de Armas Combinadas (CAB). Actualmente, hay cinco CAB por Grupo de Ejércitos, de las que Estados Unidos declaró, en una entrevista con Red Diamond en 2019, que eran brazos pesados, medianos, livianos y anfibios, y también combinados.

La configuración del CAB se estableció en diez batallones, y cada batallón en siete compañías: dos de infantería mecanizada, dos blindadas, una de artillería, una de defensa aérea y una compañía sede. Es decir, se orientó para mejorar la formación de unidad en una función de operaciones terrestre y una estructura de unidad para cada área. Además, la ampliación del área operativa le provocó un mayor alcance de las operaciones de la CAB.

Con todo ello, los expertos ya avisaron: se va a intensificar la operación terrestre, y China va a ser más agresiva. La retirada de Estados Unidos de Afganistán en agosto de 2021 fue celebrada por Rusia, pero por supuesto, por China, ya que ha visto debilitarse a su “rival” y la Administración Biden ha mostrado sus carencias militares a la comunidad internacional. Esto sumado a su crecimiento en la carrera armamentística, así como misiles hipersónicos y drones, podría generar un 2022 donde China, sin miedo, plante aún más cara a Occidente.