Ártico

El submarino ruso Belgorod, portador del “Arma del Apocalipsis”, inquieta a la OTAN bajo las aguas del Ártico

El temido misil puede desplazarse hasta 10.000 km bajo el agua y provocar un tsunami radiactivo

El submarino ruso Belgorod
El submarino ruso BelgorodMarina rusaMarina rusa

Rusia sigue dando pasos para demostrar al mundo que las regiones anexionadas del este de Ucrania (Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia) han llegado para quedarse. Tras la ratificación en la Duma el pasado lunes, ayer le tocó el turno al Senado ruso que refrendó los tratados de anexión de las cuatro repúblicas por unanimidad, obteniendo el respaldo de la totalidad de los miembros de la Cámara Alta del Parlamento. El ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov, salía ayer a escena afirmando que la «mayoría» de los países están con Moscú, pero no se atreven a decirlo, en alusión a la operación militar en Ucrania y las anexiones de las regiones orientales.

«Una mayoría aplastante de países, y se lo garantizo, entiende perfectamente que nos asiste la razón», defendía el jefe de la diplomacia rusa en el pleno del Senado, a pesar de que históricos aliados del Kremlin, como China, India, Serbia o Kazajistán ya han declarado no reconocer la nueva delimitación de fronteras propuesta por Rusia. «No todo el mundo tiene la valentía, e incluso la fuerza de hablar objetivamente y directamente de ello», confesaba Lavrov, «convencido de que la verdad prevalecerá». En opinión del ministro y fiel colaborador de Putin, «es en absoluto fundamental» que Occidente reconozca la anexión.

Mientras, en el campo de batalla, los logros del Ejército ucraniano están empujando a las fuerzas rusas a retroceder un considerable trozo terreno cercano a los 30 kilómetros. Moscú reconoció este lunes que las fuerzas ucranianas habían atravesado sus defensas en la región sur de Jersón. Igor Konashenkov, portavoz del Ministerio de Defensa, manifestó en rueda de prensa que los ucranianos se habían apoderado del territorio gracias a «unidades superiores de tanques» y habían «penetrado en las profundidades de nuestra defensa».

El medio de comunicación RBC, con sede en Moscú, informó que el comandante del distrito militar occidental de Rusia, el coronel general Alexander Zhuravlyov, había sido destituido y sería reemplazado por el teniente general Roman Berdnikov. Los contratiempos y victorias ucranianos están provocando la ira del Kremlin, que ayer confirmó el reclutamiento con éxito de más de 200.000 personas, dentro del marco de la movilización parcial aprobada hace un par de semanas. Se sabe que los nuevos refuerzos rusos se posicionarán en las nuevas fronteras, aún no definidas, que comprenden estas regiones y, posiblemente, a estos se sumarán más efectivos durante las próximas semanas, viendo el ritmo con el que el ministerio de Defensa ruso está llamando a filas.

El «plan B» de Moscú, que se insinúa en los medios y se desmiente de manera oficial, podría ser un golpe de efecto tan contundente como una respuesta atómica ya sea de alta o baja potencia. Una medida tan radical como temida por el resto del planeta, que en las últimas semanas se ha visto involucrado, sin querer, en una amenaza nuclear tan apocalíptica como aquellas de la Guerra Fría. Se materialice o no, el miedo queda patente en forma de temibles misiles de largo alcance que se desplazan hacia Occidente.

Ayer mismo, el rotativo británico «The Times» publicaba que un tren operado por la división nuclear rusa iba camino de la frontera con Ucrania. El analista de defensa polaco Konrad Muzyka afirmaba que el convoy estaba vinculado a una unidad que gestiona varias instalaciones de almacenamiento de armas nucleares, perteneciente a la «12ª Dirección Principal del Ministerio de Defensa de Rusia». El vídeo del supuesto tren del horror se ha publicado en las redes, aunque el analista ha asegurado que no se aprecian «preparativos de lanzamiento nuclear».

Para Muzyka, «podría ser una forma de señalar a Occidente que Moscú está escalando», sobre todo, teniendo en cuenta las palabras pronunciadas el pasado viernes por el presidente ruso, Vladimir Putin, que advertía «a los que se permitían hacer declaraciones en contra» de su país, que este «también tiene varios medios de destrucción, y con algunos componentes más modernos que los de los países de la OTAN. Y si la integridad territorial de nuestro país se ve amenazada, sin duda utilizaremos todos los medios a nuestro alcance para proteger a Rusia y a nuestro pueblo. No es un farol».

Mientras el citado tren atraviesa el centro de Rusia, el submarino ruso K-329 Belgorod, equipado con el misil nuclear Poseidón, sigue su ruta bajo las aguas del Ártico, despertando las alertas de la OTAN, que ya ha avisado a los países aliados de las consecuencias de su uso.

Submarino Belgorod
Submarino BelgorodTania Nieto

El temible misil es capaz de alcanzar con total precisión un objetivo a 10.000 kilómetros de distancia. Según el diario italiano «La Repubblica», el potente misil estaría a punto de ser probado en la zona del mar de Kara.