Alfredo Semprún

Hondas de David a control remoto

Entre los velos de la propaganda de los ayatolás, poco refinada pero eficaz, los analistas militares comienzan a preguntarse si los sistemas de armas desarrolladas por Irán son algo más que un bluff.

Hondas de David a control remoto
Hondas de David a control remotolarazon

Entre los velos de la propaganda de los ayatolás, poco refinada pero eficaz, los analistas militares comienzan a preguntarse si los sistemas de armas desarrolladas por Irán son algo más que un bluff.

El pasado 21 de septiembre, la Guardia Revolucionaria iraní, la milicia paramilitar que, a imagen de las Wafen SS nazis, actúan como el valladar del régimen teocrático iraní, mostró a la Prensa internacional su colección de drones occidentales derribados sobre el espacio aéreo de Irán. Salvo un aparato de fabricación norteamericana hecho pedazos, que, al parecer, había sido destruido por sus propios operadores, Teherán exhibió un «Phoenix» británico, y sendos ejemplares estadounidenses de «Aereosonde», de despegue vertical; del pequeño «Desert Hawk» y de un «Global Hawk». Lo importante es que estaban prácticamente intactos, no se sabe si por la acción de los medios de guerra electrónicos iraníes o por fallos en los enlaces de comunicación satélite de los operadores militares occidentales. En cualquier caso, explicaría cómo la industria aeroespacial de Irán, que cuenta con buenos ingenieros e informáticos –Persia siempre dio grandes matemáticos– ha conseguido, mediante lo que se denomina «ingeniería inversa», desarrollar una flota de drones de largo alcance y capacidad para disparar misiles y bombas guiadas.

También, por supuesto, con ayuda técnica rusa y china, pero no solo: en la década de los 80 del pasado siglo, Irán, en guerra con Irak, ya puso en servicio los primeros drones radiodirigidos, apenas aparatos de aeromodelismo, para misiones de reconocimiento. Hasta ahora, la verdadera capacidad militar de los modelos iraníes era una incógnita y muchos expertos los consideraban poco operativos en condiciones de combate real, con alta contaminación electrónica. Pero hete aquí que, de pronto, Teherán facilitó en julio imágenes aéreas de varios buques de la US Navy, entre ellos, el «USS Boxer», tomadas, presuntamente, por sus drones de reconocimiento en el estrecho de Ormuz, y que, luego, aparatos de ataque no tripulados de factura iraní consiguieron blancos muy precisos en una refinería de Arabia Saudí. Es decir, que funcionar, funcionan, aunque cabe preguntarse si su tecnología es capaz de superar las defensas norteamericanas como ha hecho con las de los saudíes, también de origen occidental. Si es así, Teherán tiene una «honda de David» contra el gran Goliat.