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La reforma migratoria de Trump primará saber inglés y tener estudios

La Casa Blanca mantendrá en un limbo legal a los «soñadores»

  • Donald Trump, en una imagen de archivo / Efe
    Donald Trump, en una imagen de archivo / Efe

Tiempo de lectura 2 min.

17 de mayo de 2019. 00:14h

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Julio Valdeón 17/5/2019

Donald Trump vuelve a la carga con la inmigración. Intenta, de nuevo, sacar adelante un plan que zanje de una vez el marasmo legal en el que viven más de once millones de personas. De paso trata, o al menos eso explica, de solventar la supuesta crisis migratoria en la frontera. Una crisis real en términos relativos, pues 2018 conoció un aumento evidente del número de individuos indocumentados que apresó la patrulla fronteriza. Pero incierta, por no decir falsa, comparada con las cifras históricas, que hablan de más de un millón de ilegales detenidos a principios del milenio.

Se estima que sólo el 5,1% de todos los trabajadores de EE UU son inmigrantes ilegales. El nuevo plan debería de implementar nuevas medidas en la frontera y, vieja aspiración del Gobierno, poner el acento en las habilidades y títulos de los inmigrantes. Se primará a los hablen inglés, tengan estudios superiores y los que presenten ofertas de empleo de empresas norteamericanas. Se pretende, de paso, reducir el peso que tiene la llamada reagrupación familiar. El mecanismo que permite a los inmigrantes regularizados traer a EE UU a su familia directa, con especial atención a los cónyuges y los hijos.

Pero se trata de un objetivo confuso, por cuanto resulta evidente que uno de los acicates esenciales a la hora de solicitar el visado de residencia y trabajo es y será la posibilidad de trabajar y vivir junto a la familia. Un anhelo que no es, ni muchísimo menos, patrimonio de los inmigrantes más desfavorecidos. Por otro lado lo cierto es que hoy en día el sistema ya favorece a los inmigrantes más cualificados. Asunto distinto son los que llegan de forma irregular. La mayoría de ellos, por cierto, vía aeropuertos. No a través del desierto, por más que la imagen del muro y la épica de la frontera gane en el discurso frente a la realidad de quienes llegan con su pasaporte en regla y luego deciden quedarse.

Antes que Trump, cuyo plan tiene pocos visos de salir adelante –debe pasar el filtro del Congreso, en manos de los demócratas ahora–, ya lo habían intentado sus predecesores. Por ejemplo Barack Obama. Ahora el magnate deberá convencer a la oposición, labor complicada, más si cabe al dejar fuera de la reforma a los «soñadores», los jóvenes indocumentados que llegaron de niños con sus padres y permanecen en un limbo legal. La portavoz de la Casa Blanca, Sarah Sanders, justificó la inacción en este terreno en que «cada vez que alguien ha presentado un plan de inmigración, como el DACA –el dedicado a proteger a estos jóvenes que aprobó Obama en 2012 y abolió Trump en 2017–, ha fracasado, es un tema que genera divisiones».

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