Irán

«El Nobel de la Paz a Narges Mohamadi es un reconocimiento a su labor y a las personas que viven bajo la opresión y la tiranía»

El analista político Daniel Bashandeh subraya que la concesión del galardón a la activista iraní significa que la comunidad internacional vuelve a colocar en la agenda a Irán

La activista iraní Narges Mohamadi, premio Nobel de la Paz 2023 @NOBELPRIZE 06/10/2023
La activista iraní Narges Mohamadi, premio Nobel de la Paz 2023@NOBELPRIZEEuropa Press

Narges Mohamadi lleva a sus espaldas más de tres décadas de activismo por los derechos humanos en Irán. Permanece largas temporadas en prisión con liberaciones intermitentes. Su vida es así desde 2010. Salió en 2020, pero ingresó dos años después en la cárcel de Evin tras recibir una condena de más de 10 años y 154 latigazos por delitos relacionados con la difusión de propaganda. Mohamadi es un icono. Un quebradero de cabeza para el régimen, que la ha detenido hasta en 13 ocasiones y pretende mantenerla en reclusión, alejada de los focos. Pero Mohamadi no desiste. Por eso, el Comité Noruego del Nobel en Oslo reconoció el viernes su trayectoria con la concesión del Premio Nobel de la Paz. El analista político de origen iraní Daniel Bashandeh repasa las implicaciones de este homenaje en conversación con LA RAZÓN.

¿Qué significa que el Premio Nobel de la Paz sea concedido a Narges Mohamadi en un momento como el actual para los derechos de las mujeres en Irán?

Narges Mohamadi simboliza la lucha por los derechos humanos en Irán. Representa a la mujer iraní en su lucha contra el régimen islámico, contra una teocracia que limita la esfera individual y, sobre todo, la esfera de la mujer. Pese a todas las dificultades que hay en Irán, continúa haciendo activismo, lo cual significa mucho. Está en prisión. En este contexto, tener a una mujer como ella en prisión y tener a prisioneros políticos que no están alineados con la República Islámica y que demandan un cambio hacia un modelo democrático significa que el régimen en sí es vulnerable. No ha abierto una canalización para tener un punto de encuentro. El régimen ha sido claro: no habrá reformas ni alteraciones en el sistema político, lo único que habrá es un endurecimiento de las penas. Es su único mecanismo. Cuando la única medida de un régimen para mantener el poder es la represión, no podemos hablar de un régimen estable. Y Mohamadi representa a toda la población que ha tomado las calles. El premio es muy simbólico.

Es una conmemoración a Masih Alinejad y otras tantas mujeres iraníes.

Son dos activistas muy importantes. Alinejad está haciendo oposición desde fuera de Irán, desde Estados Unidos. Es parte de la diáspora que hace activismo con una postura política muy clara: ir en contra del régimen. Es también importante contar con perfiles como el suyo, con toda esa gente que se está organizando fuera de Irán, independientemente de su ideología. Tienen un marco en común, pretenden tumbar el régimen. Alinejad es un altavoz internacional muy importante. De hecho, se ha reunido varias veces con diferentes mandatarios europeos y americanos. Lleva un mensaje. Mientras, la figura de Mohammadi simboliza la resistencia desde dentro. Pese a las duras condiciones en Irán, pese a su mala salud, continúa teniendo un papel fundamental. Representa precisamente eso, que pese a las dificultades hay una causa concreta por la que luchar y que merece la pena hacerlo. Lo tiene muy claro. Es defensora de los derechos humanos contra el régimen islámico. Este premio es un reconocimiento a su labor y a todas esas personas que viven bajo la opresión y la tiranía.

¿Cuál cree que será la respuesta del régimen iraní? Critica la «politización» del galardón.

Es evidente que el régimen va a hablar en esa línea. Pero es importante que la comunidad internacional haya otorgado este premio a una mujer iraní, sobre todo a Narges Mohamadi. El hecho de que se le haya dado a ella en este momento significa que la comunidad internacional vuelve a colocar en la agenda a Irán. En el último año hemos visto que la cuestión iraní ha marcado el paso, pero poco a poco se ha ido apagando el foco porque el interés de Occidente cambió. El hecho de que en Irán no haya una oposición alternativa, organizada internamente, también incentiva que los países occidentales miren con cautela cualquier movimiento. Además, hay intereses estratégicos de por medio. Es importante que el régimen de Irán encuentre una oposición diplomática y también mediática. Ambas se complementan, son una llamada de atención a los dirigentes internacionales. Lo que ha intentado hacer el régimen en este último año es salir del aislamiento. Por eso hemos visto rondas de contactos por el acuerdo nuclear, desplazamientos de diplomáticos iraníes a diferentes países y el reciente intercambio de prisioneros con Estados Unidos. Esto significa que Irán quiere reconocimiento internacional, que lo está buscando.

Narges Mohammadi lleva más de dos décadas de activismo, ¿qué ha cambiado en todo este tiempo en el país? La prensa internacional se ha hecho eco estos días del caso de Armita Geravand. Está en coma bajo custodia de las fuerzas de seguridad. Se subió a un tren en Teherán sin velo y salió del vagón inconsciente.

La represión no se ha atenuado contra las mujeres ni contra el resto de la población. Es mentira que haya desaparecido la Policía de la Moral. Es más, sigue patrullando. Hemos visto cómo ha vuelto a ocurrir con Armita Geravand. La población ha entrado en una etapa de desobediencia civil, de rechazo a las leyes y al sistema. Porque cuando ves que tu vida está en peligro por el mero hecho de movilizarte y salir a protestar, a opinar, cuando ves que van a acabar con tu vida o te van a meter en prisión, encuentras otras formas para canalizar el descontento. Es la oposición al régimen mediante la desobediencia civil. Y eso, claro, implica endurecer penas. Esto da a entender que la situación es inestable, que el régimen necesita seguir haciendo demostraciones de fuerza y, sobre todo, evidencia que la única vía para mantenerse en el poder es la represión. Y cuando utilizas la represión, pierdes la legitimidad.

¿Nada ha cambiado en el último año?

Sí, durante este año la gente ha dado un paso importante. El miedo psicológico a salir a la calle sin el velo, a salir a manifestarte o enfrentarte a la autoridad ya no existe. Es un punto de inflexión. El muro del miedo ha caído, y el régimen intenta volver a construirlo. Pero cada vez tiene menos margen de maniobra porque si pasamos a una etapa de desobediencia civil, en el que en cualquier momento puede suceder un caso como el de Mahsa Amini o Armita Geravand, esto va a continuar. El régimen está en alerta. Si antes de Amini ya había habido protestas, ahora todo el trabajo de gente como Narges Mohamadi, que ha luchado por sus ideales, por un Irán lejos de la teocracia, está dando sus frutos. Lo estamos viendo, no es un trabajo en vano. Narges Mohamadi simboliza eso. Gente como ella inspira a la población iraní a seguir adelante. Es un orgullo.