Revolución de sangre

La violencia marca el aniversario de la revuelta egipcia al dejar nueve muertos y centenares de heridos, entre ellos un español. Los laicos piden la salida de Mursi

Unos manifestantes sostienen una gran bandera egipcia en la plaza Tahrir de El Cairo, Egipto, durante una multitudinaria protesta coincidiendo con el segundo aniversario de la revolución que derrocó a Hosni Mubarak
Unos manifestantes sostienen una gran bandera egipcia en la plaza Tahrir de El Cairo, Egipto, durante una multitudinaria protesta coincidiendo con el segundo aniversario de la revolución que derrocó a Hosni Mubarak

La violencia marca el aniversario de la revuelta egipcia al dejar nueve muertos y centenares de heridos, entre ellos un español. Los laicos piden la salida de Mursi

Como si el tiempo no hubiera pasado, las calles que llevan a la plaza Tahrir se llenaron ayer de gases lacrimógenos y los manifestantes volvieron a pedir la caída del régimen, esta vez el del presidente Mohamed Mursi y sus Hermanos Musulmanes. Dos años después del estallido de la revolución que derrocó al dictador Hosni Mubarak, la rabia, la frustración y las demandas siguen siendo las mismas.

Los egipcios han conquistado el derecho a manifestarse, pero siguen enfrentándose a la represión de las fuerzas de seguridad, que ayer emplearon gases lacrimógenos en grandes cantidades para impedir que los manifestantes alcanzaran edificios gubernamentales en la capital y otras ciudades. Los choques ya habían comenzado el día anterior en El Cairo, en la calle Qasr al Aini, donde pocos centenares de jóvenes tiraron piedras y cócteles molotov a los agentes antidisturbios, mientras el olor y el picor de los gases penetraba entre las decenas de miles de manifestantes pacíficos que se congregaron en la plaza desde varios puntos de El Cairo. Narices inflamadas y ojos llorosos también a las puertas del palacio presidencial y del edificio de la radio televisión pública, y en las calles de Alejandría y Suez, donde la sede del Gobierno local fue asaltada. Las oficinas de los Hermanos Musulmanes en Ismailiya y en Damanhur fueron atacadas, así como muchos otros símbolos del grupo gobernante, al igual que ocurrió hace 2 años con el Partido Nacional Democrático de Mubarak. Más de 250 heridos era el balance oficial al cierre de esta edición, ninguna víctima mortal confirmada.

La violencia pone en evidencia una vez más no sólo la gran oposición al Gobierno islamista, sino los viejos problemas irresueltos que incendian las calles de forma cíclica desde la revuelta del 2011. Los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad se vienen repitiendo debido al odio visceral entre los manifestantes y la Policía, que no ha sido reformada en estos dos años. Por su parte, el presidente Mursi y la Hermandad decidieron no bajar a la calle ni conmemoran el aniversario con eventos especiales, al igual que los islamistas más radicales, los salafistas. El grupo aprovechó la fecha para lanzar un programa de medidas sociales que calmen el descontento popular por las promesas incumplidas del Gobierno y las condiciones de vida cada vez más duras para la mayor parte de los egipcios, que siguen esperando la justicia social, la dignidad humana y el pan que pidieron hace 2 años.