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«Stefano murió literalmente de dolor, solo, como un perro»

  • Ilaria Cucchi junto a una fotografía del cadáver de su hermano Stefano
    Ilaria Cucchi junto a una fotografía del cadáver de su hermano Stefano
Roma.

Tiempo de lectura 4 min.

13 de octubre de 2018. 01:10h

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Ismael Monzón .  Roma. 13/10/2018

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Ilaria acude a la cita con una energía desbordante. En el cine L’Aquila del barrio romano del Pigneto, una sala que reabrió hace unos meses tras haber sido confiscada a la mafia, proyectan «Sulla mia Pelle». La película cuenta la historia real de su hermano, Stefano Cucchi, un joven que murió hace nueve años en un hospital penitenciario, tras haber sufrido una brutal paliza a su paso por comisaría. El caso saltó de la crónica local a la prensa nacional, pero nunca pasó de ahí. Y ahora, con el estreno de la película no sólo llegará a 190 países a través de Netflix, sino que está recorriendo un ciclo de asociaciones, círculos vecinales o simples espectadores curiosos. El público en este caso es el alumnado de un instituto y la propia Ilaria, invitada de excepción. Pero pese a la insistencia de su hija, Giulia, que en el film aparece como recién nacida y ahora se presenta con 10 años y una diadema de Micky Mouse, la madre dice que ya ha tenido bastante.

Durante las últimas semanas lleva visionando una historia que no ha salido nunca de su cabeza, la de «los seis días en los que Stefano murió literalmente de dolor, solo, como un perro». Y eso es algo que, asegura, nunca le podrán «restituir». Ella prefiere no entrar a juzgar cómo era su hermano, su familia nunca ocultó que no se trataba del hijo modelo. Si lo arrestó la Policía fue porque sabían que era un drogadicto habitual, que trapicheaba con drogas y que nunca les supondría un problema. Hasta que entró en el calabozo y el asunto se les fue de las manos, como acaba de reconocer un oficial de los Carabinieri, que está siendo investigado. Tras nueve años sin culpables y un juicio que se cerró sin condenas, el pasado jueves la declaración de Francesco Tedesco, en la que acusaba a dos de sus compañeros de golpear hasta la muerte a ese joven flacucho que pasaba por allí, ha dado un vuelco al proceso. El caso se reabrió, precisamente, por el testimonio arrepentido hace unos meses del propio Tedesco, de modo que ahora son cinco los agentes imputados.

Por eso todo lo que Ilaria acierta a describir de su hermano es que por fin es visto «como una persona», al contrario de lo que ha sucedido hasta ahora. «En el proceso, que se desarrolló contra un muerto que no se podía defender, se hablaba de su extrema delgadez, de su carácter e incluso de las relaciones que tenía con su familia, insinuando que si había un responsable era él mismo por haber muerto», sostiene. Y como es cierto que Stefano no era un chico ejemplar, «no pasaba nada por su fallecimiento porque no aportaba nada a la sociedad», asegura su hermana.

Su madre tuvo que firmar el certificado de defunción sin que nadie les explicara qué había sucedido, sólo que su hijo sería sometido a una autopsia que no fue suficiente para certificar que el individuo había muerto a causa de los golpes, pese a los horrorosos moratones visibles en las fotos que después se publicaron (ver imagen sobre estas líneas). Aquella fue una decisión difícil, de la que se responsabiliza su abogado, Fabio Anselmo, hoy pareja de Ilaria. «A mí no me gustaba la idea, pero fue fundamental. Mi padre repetía que Stefano no querría verse en esas condiciones, pero yo le respondía que él no querría haber muerto así», confiesa Ilaria. Sin la presencia de los medios, reitera, «se corre el riesgo de despersonalizar la situación» y ahí comienza a perderse la batalla.

Para ella estuvo enterrada durante años, concretamente 9 desde que mataron a su hermano en 2009. Sus lágrimas tras las absoluciones del primer juicio –estábamos solos ante un Estado que nos había abandonado, dice– recorrieron todas las televisiones. Por eso cuando el director Alessio Cremonini la llamó para reconstruir la historia en «Sulla mia pelle» (En mi propia piel), la primera reacción fue de «miedo» porque alguien ajeno se tenía que meter en su pellejo. Sin embargo, el resultado, con una maravillosa interpretación de Alessandro Borghi como Stefano Cucchi, fue impecable. En su estreno en el Festival de Venecia, ella y el actor se fundieron en un emocionado abrazo, mientras que el director hoy celebra el crucial avance en el proceso como un miembro más de la familia.

Si alguien tenía dudas de lo sucedido, hasta la pequeña Giulia, la niña con las orejas de Micky Mouse, pudo ver en el film que «era evidente que al tío le habían pegado hasta la muerte». «Lo más natural hubiera sido llevar un luto privado, pero siento que nuestra historia ha salido de nuestro círculo para pertenecer a la colectividad», mantiene Ilaria. Y lo agradece. Confiesa que el éxito es resultado de su batalla, de su abogado, pero también de todos aquellos que la abrazan por la calle. «Hoy puedo decir que habrá justicia, que se sabrá la verdad y que eso significa restituir dignidad a aquel muerto», concluye.

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