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Matanza supremacista

Un terrorista acaba con la vida de 50 personas, la mayoría musulmanes, que se encontraban en pleno rezo en dos mezquitas en Christchurch, Nueva Zelanda. El asesino, que emitió en directo la matanza por internet, fue detenido junto a otros dos sospechosos.

  • Los servicios de emergencias atienden a uno de los heridos
    Los servicios de emergencias atienden a uno de los heridos /

    Reuters

Sidney.

Tiempo de lectura 4 min.

17 de marzo de 2019. 00:25h

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Gonzalo Aguirregomezcorta.  Sidney. 15/3/2019

El sonido de los murmullos y de los pasos con pies descalzos sobre el mármol, el del roce de la ropa cuando, de rodillas, los fieles acercan la frente al suelo de la mezquita Al Noor de Christchurch. El del silencio forzado de los niños que van a rezar con sus padres porque es Yumu’ah, viernes de oración; el de las mujeres que se ajustan el hiyab antes de lavarse las manos. Todas estas rutinas quedan eclipsadas por la reverberación de una semiautomática y sus casquillos. Entonces, la armonía de la comunidad musulmana se rompe. También la de un país nada acostumbrado a una tragedia de semejante calibre. Es cuando los gritos de desesperación y el olor a pólvora y a sangre comienzan a sedimentarse en la memoria de la mayoría de las alrededor de 200 personas que abarrotan la mezquita de Al Noor. El número de fallecidos en este templo es de 41 feligreses, de siete personas más en otro centro de oración localizado a seis kilómetros de distancia, y de una última que pereció en el hospital. En total, 49 muertos en el ataque terrorista. Tampoco tuvieron tanta suerte los 48 heridos, entre los que hay hombres, mujeres y niños en condiciones clínicas de leves, graves y críticos. Son algunos de los que murmuraban, se arrodillaban, caminaban y se aseaban antes de la 13:40 (hora local), momento en que el cañón retumbó por primera vez.

¿Cuántas balas se disparan en un periodo de entre 10 y 15 minutos? Ese es el tiempo que uno de los testigos afirma que duró el ataque en la mezquita Al Noor. Munición suficiente como para generar una sangría de dimensiones fatales que ha acabado con tres detenciones. Tan solo ha trascendido la identidad de uno de ellos, un australiano natural del norte del estado de Nueva Gales del Sur, Brenton Tarrant, a quien ya le han puesto el cartel de ideólogo y ejecutor de un plan trazado al milímetro. Este joven de 28 años realizó una grabación en vivo en redes sociales para que sus seguidores presenciaran la matanza en directo. Está acusado de asesinato y comparecerá hoy por la mañana ante el juez. Al cierre de esta edición, no se conocen los nombres ni la responsabilidad que han tenido en el ataque terrorista las otras dos personas arrestadas.

Matanza supremacista

Tarrant ha sido calificado de «un radical de extrema derecha» y su modus operandi contó con una exposición total en redes sociales. Publicó fotografías de la munición que usó en el ataque, en las que se pueden leer los nombres de algunas de las personas que le han inspirado. También sacó a la luz un manifiesto de 74 páginas donde explicó quién es él y cuáles han sido sus motivaciones. «Soy un hombre blanco corriente (...) tuve una infancia normal y sin grandes problemas (...) apenas tuve interés en mis estudios durante la escuela (...) quiero enseñar a los invasores que nuestras tierras nunca serán sus tierras. Mientras que el hombre blanco viva, ellos NUNCA conquistarán nuestras tierras ni reemplazarán a nuestra gente», escribió. Según las autoridades, se encontraron dos artilugios explosivos caseros en un vehículo aparcado en la zona cercana a la mezquita de Al Noor que fueron desactivados. La Policía está investigando si son obra de Tarrant.

Ante la exposición del australiano, el comisionado, Mike Bush, portavoz de la Policía de Nueva Zelanda, se apresuró a pedir a la población que no compartiera y ni siquiera viera las imágenes que el acusado había grabado de la matanza. Twitter y Facebook han asegurado que ya han eliminado el vídeo de sus plataformas y los medios neozelandeses y australianos tampoco han mostrado ninguna imagen que pueda herir la sensibilidad de sus espectadores, una práctica común que en el mayor ataque terrorista de la historia de Nueva Zelanda han llevado a rajatabla. Lo que sí quedan son los testimonios de algunos testigos, como uno que reconoció haber estado temblando durante media hora después del ataque. «Cuando el asesino estaba recargando su arma, estuve a punto de intentar huir. Hubo un hombre que me dijo que no saliera porque el asesino aún no había terminado. Cuando me volví a agachar, él recibió un tiro en el pecho». Otro testimonio pertenece a un conductor que recogió heridos por el camino entre los que se encontraba una niña de unos tres o cuatro años con una herida de bala en la espalda. No sabe si es la persona que falleció en el hospital.

Nueva Zelanda nunca antes había vivido una matanza como la de ayer y el país está completamente consternado. En 1990 se produjo un tiroteo que acabó con la vida de 13 personas; sin embargo, la dimensión y las motivaciones del actual dejan un sabor todavía más amargo. La primera ministra, Jacinda Ardern, compareció en dos ocasiones durante la tarde y reflejó en su rostro y en sus palabras el sentir de una nación triste e indignada. «Muchos de los que han sido afectados directamente por este tiroteo puede que sean migrantes, puede que haya refugiados aquí», argumentó la mandataria. «Esas personas eligieron Nueva Zelanda como su hogar y ésta es su casa. Son parte de nosotros. La persona que ha perpetrado esta violencia no tiene lugar aquí», sentenció.

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