Historia

India

Más golpes da la vida

Como en tantas ocasiones, la realidad histórica en muy diferente a la televisión. Muchos personajes públicos han quedado atrapados por las leyendes de los shaolines

El presidente Putin, muy aficionado a las artes marciales, fue el primer dirigente extranjero que visitó el monasterio de Shaolín
El presidente Putin, muy aficionado a las artes marciales, fue el primer dirigente extranjero que visitó el monasterio de Shaolínlarazon

Entre los recuerdos de la mayoría de las personas con más de cincuenta años, se encuentra, sin duda, la serie televisiva «Kung-Fu» que narraba las aventuras de un monje shaolín llamado Caine e interpretado por David Carradine. Como tantos productos norteamericanos relacionados con Oriente, lo narrado no pasaba de ser un entretenimiento que apenas tenía punto de contacto con la realidad. A decir verdad, los monjes de la serie reducían su vida a aprender artes marciales y escuchar las máximas, un tanto tontorronas por otra parte, que el Maestro, ciego por más señas, le comunicaba al «pequeño saltamontes».

La realidad histórica del monasterio shaolín es, sin embargo, muy diferente. Su fundación a finales del siglo V d. de C. inscribe en la expansión del budismo –una fe nacida en el norte de la India– por Extremo Oriente. En el año 464 d. de C., un monje budista llamado Batuo o Fotuo llegó a China con la intención de predicar la nueva religión. Treinta y un años después había conseguido el respaldo del emperador Xiaowen erigiéndose el monasterio de Shaolín en el monte Song, una de las montañas sagradas de China. El lugar quedó consagrado con el tiempo al bodhisattva Vajrapani atribuyendo la leyenda tal circunstancia al hecho de que, a mediados del s. VI d. de C., la citada divinidad proporcionó a un monje llamado Sengchou una extraordinaria capacidad para la lucha.

Semejantes dotes son atribuidas por las fuentes no al conocimiento de ninguna técnica relacionada con las artes marciales sino a la fuerza derivada de realizar ciertos ritos –en especial invocaciones– en honor de la divinidad. De hecho, es muy posible que el adiestramiento de los monjes en algo parecido a las artes marciales no tuviera lugar hasta la rebelión de los turbantes rojos, en el siglo XIV, durante la dinastía Yuan. Todavía entonces se redujo al manejo de bastones como arma y, de manera bien significativa, el causante de esa innovación fue un modesto empleado de la cocina al que algunas leyendas tardías del XVII identificaron con el rey Kimnara que se habría hallado de incógnito en el monasterio. La utilización de bastones para la defensa no fue, desde luego, suficiente para evitar que el monasterio se convirtiera en víctima de repetidas depredaciones.

Los turbantes rojos lograron, desde luego, arrasarlo en torno a 1351 obligando a los monjes a abandonarlo. Semejante desgracia está más que documentada, pero dos siglos después los monjes enseñaban a sus adeptos que la derrota había sido una rotunda victoria. A lo largo de los siglos XVII y XVIII, el monasterio volvió a ser destruido y deshabitado en varias ocasiones. A esas alturas, las artes marciales ya habían comenzado a ser cultivadas por los monjes que incluso se dedicaron a enseñarlas mientras atravesaban errantes el territorio de China, un hecho relatado, por ejemplo, en la leyenda de los cinco monjes fugitivos. En las inmediaciones del siglo XIX, las enseñanzas de los monjes shaolín fueron exportadas al Japón.

Ni que decir tiene que la expansión exterior no proporcionó más eficacia defensiva a las técnicas de los monjes. En 1928, Shi Yousan, uno de los señores de la guerra que aparecieron tras la caída de la monarquía, volvió a tomar y destruir el monasterio. En 1966, durante la Revolución Cultural, ya sólo quedaban en Shaolín cinco monjes que fueron vejados públicamente quedando el recinto vacío durante los años siguientes. Hasta 1999, no hubo un nuevo abad shaolín. En 2006, el presidente Putin, un aficionado a las artes marciales, se convirtió en el primer dirigente extranjero en visitar el enclave. Fue un significativo prólogo al final parcial de la prohibición que pesaba sobre el lugar y que se levantó al año siguiente. Más recientemente, el gobierno chino incluso ha permitido la instalación de unos cuartos de baño para uso de los monjes y de los turistas a la vez que algunos monjes, más o menos reales, realizaban jiras por Occidente realizando saltos y piruetas. Como en tantos casos, la realidad histórica es más prosaica y sencilla que la ficción. Sin embargo, la propaganda emanada de una serie de televisión ha servido incluso para que algún conocido personaje mediático cayera en las redes de un desaprensivo que, al final, pudiera ser un asesino en serie.