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Muere David Delfín

La muerte acechaba al diseñador desde hacia meses. Un tumor cerebral lo mantenía postrado sin perder la osadía, la ternura del rebelde y la provocación. El verde hospital marcó de manera casi profética algunas de sus «perfomances». David Delfín revolucionó el panorama creativo español en un momento en el que necesitaba de alguien que agitara el arte. Nos dio vida

  • David Delfín en una de esas imágenes que lo convirtieron también en un personaje icónico
    David Delfín en una de esas imágenes que lo convirtieron también en un personaje icónico / Gorka Postigo

Tiempo de lectura 8 min.

04 de junio de 2017. 21:19h

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Pedro Mansilla.  3/6/2017

Diego David Domínguez González ha fallecido, ese perfecto desconocido que a usted no le suena de nada era Davidelfin, uno de los nombres más reconocidos de la moda española de los últimos quince años. Justo los que llevaba esquiando por el escalafón imaginario de la moda española. Y elijo la metáfora de «esquiar» porque el subía y bajaba en este escalafón imaginario con la aparente facilidad, suele esconder la máxima dificultad, con la que se deslizan los buenos esquiadores. Su primera subida está datada en 2002 cuando presentó, junto a Bimba Bosé y los tres hermanos Postigo, la colección «Openin Nite» en el Circuit IV de Barcelona, solo tres años después de la creación de la marca -un proyecto multidisciplinar donde la fotografía, la arquitectura y el video han convivido desde entonces-. La última, el pasado mes de noviembre al ser galardonado con el Premio Nacional de Moda. Un reconocimiento extraordinario a un diseñador también extraordinario. El jurado que le concedía el premio más importante de la moda en España no se equivocaba. Su nombre al sumarse a los de Pertegaz, Rabanne, Berhanyer, Arzuaga y Sybilla, engrandecía hasta el infinito, como un espejo lo hace frente a otro, el premio con el que acababan de reconocerle. Davidelfin tenía méritos suficientes, aunque también imaginamos que en las razones del jurado pesaría la conciencia de que David estaba enfrentándose a la doble muerte -Gómez de la Serna dixit- de ese tumor cerebral que lo ha derrotado finalmente.

La distinción moral cuando no el premio metálico nos regaló una tregua tan dulce como efímera. Todos soñamos con que David volvería al brillante ejercicio de su actividad, pues no en vano su ropa, pero sobre todo su capacidad para provocarnos metafísicamente en cada uno de sus desfiles, lo justificaban de sobra. Digo esto porque la frase con la que le gustaba definir su trabajo era «ideas y emociones». Como se ve un idealismo muy alejado de ese paradigma dominante hoy que parece sentenciar que solo tienen derecho a existir los diseñadores que facturan. Por lo que se ve, la moda ha dejado de ser un arte para convertirse en un negocio, extraña bofetada del destino para alguien que siempre repitió como un mantra, con la ironía del cómplice, «Kunst ist Kapital» de Joseph Beuys. Más allá de los números de su pequeña empresa, Davidelfin era un artista contemporáneo que hacia arte no pintando, esculpiendo, fotografiando o grabando vídeos -los cuatro cancerberos que guardan el templo sagrado del arte contemporáneo- sino planteando con sus colecciones de moda las mismas preguntas que se hacen ellos. Una pretensión me gustaría añadir -esta trasgresión, esta promiscuidad- tan mal vista por la «alta cultura» en nuestro país que el «stablisment», excepción hecha de Ana Locking, solo se lo ha permitido a él. Alicia Framis y Helga de Alvear, que lo llevaron a la Bienal de Venecia y a la feria ARCO en 2003, o Soledad Lorenzo que les permitió presentar «Extremidad» en su prestigiosa galería un año más tarde, son la excepción que confirma la regla. Ellas, que cargaron con esa responsabilidad, deben seguir esperando que los dioses se lo paguen. La colección «Cuerpo extraño», exhibida primero en Cibeles y luego en el Museo de Arte Contemporáneo de Málaga, un desfile-acción coincidiendo con «Cosas del surrealismo» en el Museo Guggenheim de Bilbao o la «Retrospectiva» en la Corcoran Gallery of Art de Washington, completarían esta inclusión en la modernidad que también lleva su nombre.

De todos los valores que posee este arrollador encantador de serpientes, quisiera distinguir su capacidad camaleónica para jugar con la moda en su frontera natural con el arte contemporáneo. Más allá de sus colecciones concretas, y hubo muchas, lo que me hizo rendirme a su genialidad fueron sus puestas en escena, sus «ideas para coser». Iba de Pistolleto a Riefenstahl con la gracia con la que Kurt Wild y Bertolt Brecht montaban una de las mejores óperas del siglo XX con tres peniques. Decía el crítico de arte Fernando Castro, que prologó un pequeño libro sobre una de sus mejores colecciones presentadas en Cibeles, que David era tan listo que se atrevía a citar a Joseph Beuys o a Louise Bourgeoisie con la seguridad de quien llevase toda la vida estudiando sus obras y milagros. Cuando Zara dejó herido de muerte a nuestro esforzado «prêt-à-porter» y los nombres fundacionales se fueron arrugando, esa gracia suya para la intuición, para el deslumbramiento, para la provocación, para el golpe de efecto genial, lo convirtió en el mirlo blanco de la moda española. Llevó los revólveres de Warhol, las hormigas de Dalí, los besos o las sogas de Magritte y las cuchillas de Beuys hasta los accesorios y complementos de su marca, pero su tienda «dada» en la calle Jorge Juan no recibió las bendiciones de una clase media muy «aspiracional» pero poco amante de los compromisos en metálico.

Siempre nos quedará su hoja de servicio intachable, «Davidelfín 2», «Cour des Miracles», «In Loving Memory», «Mi manchi», «Ladies and Gentleman», «Los Mortales», sus cuatro colecciones presentadas en la Semana de la Moda de Nueva York, «Dyogenes Syndrome», «Katharsis», «Will» o su conferencia sobre «Almodóvar and Fashion» en el Fashion Institute of Technology. David es irrepetible y lo es por su relampagueante lucidez, extraída primero del mundo del teatro y después del mundo del arte. Tanto era su talento que, incluso el alfabeto con el que estamos acostumbrados a asociarlo en mil «performances» también es suyo. Una rara habilidad con la mano izquierda que apareció al escribir los textos de su adorado Beuys sobre los uniformes militares de segunda mano empleados en la colección «Sans titre». Estamos hablando de 1999, su primer proyecto. Tengo una botella vacía de Talisker donde él me escribió una amabilísima dedicatoria con esa preciosa caligrafía que guardo como si fuese una botella firmada por el otro artista de Málaga. Sé que esa botella, dicho con permiso de Marcel Duchamp, ya es una obra de arte irrepetible. Como a muchos de sus amigos, Diego, Gorka, Devorah, Danni Pannullo, Pepón Nieto, Raquel Sánchez, Soledad Lorenzo, Bibi y Rossy, Juan Gatti, Elena Benarroch, Mario y Alaska, Félix Sabroso, Sara Laso, Antonia San Juan, Mariola Fuentes, Javier Cámara, Eva Hache, Topacio Fresh, Isra, Tito, Esther o Pablo, a mí también se me han saltado las lágrimas al conocer su muerte con solo cuarenta y seis años. De poco sirve el consuelo romántico de pensar que ese es el signo fatal de los héroes, que los dioses nos los arrebaten demasiado pronto. Ha muerto Diego David Domínguez González. La leyenda Davidelfin ha comenzado.

Bimba Bosé en colecciones para no olvidar

Sus colecciones no dejaban indiferentes a nadie y en las presentaciones sobresalía la que fuera su musa y amiga Bimba Bosé, que también murió a causa del cáncer recientemente. La fatalidad unió a dos figuras de la moda española llenas de vitalidad y espíritu creativo. La muerte, a la que Delfín trataba con la ironía de los surrealistas, los arrebató en el mejor momento de sus carreras. El escándalo los acompañó desde el primer momento, y su éxito confirmó que no era una pose.

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