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Micky: «No soy tonto, sé que estoy en el último cuarto de mi vida y hay que vivirla»

¿Les dice algo el nombre de Miguel Ángel Carreño? ¿Y si les digo Micky? Sí, el de Los Tonys. «El chico de la armónica», el del «Enséñame a cantar», de Eurovisión'77, el hombre de goma y el artista incombustible y polivalente

  • Entrevista al cantante Miguel Ángel Carreño, Micky. Foto: Cipriano Pastrano
    Entrevista al cantante Miguel Ángel Carreño, Micky. Foto: Cipriano Pastrano

Tiempo de lectura 8 min.

12 de agosto de 2018. 01:26h

Comentada
Juan Beltrán.  11/8/2018

¿Les dice algo el nombre de Miguel Ángel Carreño? ¿Y si les digo Micky? Sí, el de Los Tonys. «El chico de la armónica», el del «Enséñame a cantar», de Eurovisión'77, el hombre de goma y el artista incombustible y polivalente. No necesita más presentaciones. Casi 60 años en la música que celebra con «Desmontando a Micky», un puñado de canciones llenas de vivencias, ironía y ritmo en forma de rock, pop y baladas con las que irrumpe nuevamente en el panorama musical. Micky en estado puro, pasado, presente y, a este paso, futuro del pop-rock español. Producido por su querido Jorge Muñoz Cobo (Dr. Explosion), ha sido grabado en los estudios Circo Perrotti y editado por Ramalama Music.

Qué lejos aquellos años 60... ¿no?

Sí, Los Tonys, «Escala en Hi Fi», las matinales del Price... muchos años. Soy del siglo pasado, pero no pasa nada, aquí estamos.

¿Más de 50 años en la música son mucho o no son nada?

Si te refieres a la velocidad del paso del tiempo, casi nada, pero si es a la experiencia que vas sumando y a tener aventuras, son mucho.

Confiese, de pequeño se cayó en una marmita de buenas vibraciones, si no, es imposible tanta cuerda del «chico de goma».

De niño me caí a una piscina y estuve a punto de ahogarme, pero me salvó alguien cantando una canción y, es curioso, pero a lo mejor estoy marcado por ese detalle.

Por lo visto, tiene creatividad y cuerda para rato...

Sí, porque tiene truco, la experiencia, los recursos y muchas vivencias. El secreto está en la buena vida, en ser honesto y en no ser demasiado «rarito» en mis actividades. Normalito, normalito.

Da imagen de vitalista y optimista, ¿es así o la profesión va por dentro?

Quiero pensar que la profesión va un poco por dentro. Soy positivo, con sentido del humor, me río de vez en cuando, incluso solo, y creo que soy buena persona. El público lo capta y es importantísimo para mí, porque me ha ayudado a mantener cincuenta y pico años.

¿De qué hablamos cuando hablamos de Micky?

De una definición que hago de mí mismo: «M», de misceláneo; «I», de incombustible; «C» de categórico; «K», de kilométrico; e «Y», de ye-yé. Ese es Micky.

¿Vuelve como los vinilos o nunca se ha ido?

Nunca me fui y los vinilos vuelven porque suenan mejor que el CD, que sale del sonido cero en adelante y eso es todo truco. Me han puesto en bandeja recuperar el vinilo, que es un trasto precioso para tenerlo en una estantería.

¿Este «desmontar» a Micky, es para llegar a los orígenes?

Quiero pensar que esa sería la última consecuencia. Micky ha ido década a década sumando trabajos y experiencias musicales y ha llegado el momento de ir para atrás, deconstruir, desmontar y empezar otra vez con el sonido analógico, las guitarras de los amplificadores de válvulas, la batería cruda y a esa forma de cantar de antes cuando cantaba «En un pueblito español»... volver un poco al principio.

Micky tiene nuevo disco, pero ¿qué fue de Los Tonys?

Muchos ya no están entre nosotros, como Fernando Argenta, Enrique Modolell y Paco Ruiz. De los originales, solamente quedan, Juan Mª Fuster, el primer bajista, y Antonio del Corral
–Tony–, que dio el nombre al grupo.

Hay aquí algún guiño al pasado con ellos

Sí, «Sulphur soap» (Jabón de azufre), que yo no grabé «Megatón Ye-Ye» y era un tema que debía a los Tonys, lo he revisado de verdad. En la película sale una versión de Ricardo Sáenz de Heredia
–cantante de Los Shakers–, muy valiente y auténtica y yo le debía a Los Tonys una versión intermedia entre la mía y la de Ricardo y me ha salido perfecta.

La canción «Desmontando a Micky» repasa su carrera. ¿Aprendió ya a nadar?

Sí. Fue canción del verano en 1965, un himno en la playa de San Lorenzo en Gijón, cuando Los Tonys íbamos allí a pasárnoslo bien, toda la pandilla me llevaban en volandas hasta el mar con un bañador antiguo de botones y unas calabazas de flotador cantando «Es una pena, no sé nadar...».

¿Y entiende ya por qué no es millonario?

Se entiende, con la música... pocos. Esa canción es también parte de la explicación de Los Tonys, que siempre fuimos irónicos, sarcásticos y con mucho sentido del humor. Canciones como «La gallina», «Guau!!, ladrido de perro cuando ladra» o «No comprendemos por qué no somos millonarios», definían muy bien nuestra forma de ser.

¿Sobrevivir cantando es una aventura?

Ahora sí, antes era otra cosa, se ganaban «perritas», las cosas no estaban tan caras y los impuestos no eran tan asesinos.

¿Se puede decir musicalmente hablando, que cualquier tiempo pasado fue mejor?

Si analizas el devenir de la música, de los grupos y de la gente que ha aguantado el tirón, igual se justifica esa frase hecha. Entonces nos defendíamos bien, éramos los niños mal de familia bien (mi padre embajador), éramos los malotes, pero no nos tocaban, nos respetaba el sistema.

¿Qué es lo peor que le ha pasado en un escenario?

Que casi me electrocuto en Santander. Junté unos cables y me dio un calambrazo que casi me quedo, Tony y Fernando se engancharon a mí y caímos todos. Y lo malo es que la gente pedía «otra», creían que formaba parte del espectáculo.

¿Y lo mejor?

Todo.

Fue «El chico de la armónica» y ahora el señor, ¿la sigue teniendo, la toca?

Sí, la he dejado en el hotel porque mañana tengo ensayo, la sigo tocando.

No todos pueden presumir de que Elvis le grabase una canción.

Efectivamente, eso es un pegote, pero auténtico, no es un farol. No es ya que grabara «El chico de la armónica», sino que todo un Elvis se dignara en prestarle atención.

Usted fue a Eurovisión, ¿le gustó nuestro último dúo?

La canción no es mala, ni está mal interpretada, pero yo no hubiera llevado una balada, porque, más de lo mismo, no. La de Portugal era muy especial, hubiera llevado algo más movido e intrascendente, no tanta parafernalia de noviazgo, que quedó algo pastelón.

¿Micky tuvo pelo alguna vez?

Sí, aunque no mucho, hay que reconocerlo. Me empecé a quedar un poco calvo en la mili, con la gorra ya noté yo que eso iba a peor.

¿«La vida sigue igual» o ha cambiado desde que trabajó con Julio Iglesias?

Quiero pensar que todo es casi igual, pero la tecnología, la temperatura... hay cambios, aunque en esencia es lo mismo, como la promoción, no noto nada raro en este viacrucis, con los Tonys era igual y no pasaba nada.

¿Se siente respetado y querido?

Muchísimo, voy por ahí y se sonríen, me saludan. Tengo pandillas de gente mayor que me vacilan, me ven por la playa y me preguntan por el disco. El mayor cumplido es el respeto.

Para vivir, ¿el mar o Madrid?

El mar. Soy madrileño, pero vivo en la costa, que es una maravilla por la calidad de vida. Y no soy tonto, me doy cuenta de que estoy en el último cuarto de mi vida y hay que vivirla.

¿Conoce la palabra «jubilación»?

No, directamente, no.

¿Los rockeros mueren con las botas puestas?

Deberían, está clarísimo.

¿Qué lleva en la maleta?

Con el nuevo disco, puede que Micky pase todo el verano con la maleta a cuestas viajando por toda España, «al menos así lo espero», dice. Pero, ¿Qué es lo que nunca falta en ella? «Mi cepillo, pasta de dientes y un buen libro». ¿Y qué no metería jamás, al menos cuando viaja por placer? «El móvil, porque te vas para desconectar, desmontar, desconstruir, todo con el “de” por delante».

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