Los VIP se blindan en Madrid

La capital ha visto florecer los clubes privados a los que sólo unos pocos pueden acceder: secretismo absoluto sobre sus miembros, eventos exclusivos y puro «networking». Así son los nuevos escondites de las altas esferas

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Tiempo de lectura 8 min.

21 de mayo de 2016. 16:00h

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22/5/2016

Madrid siempre ha destacado por ser una ciudad abierta. Pocos lugares saben acoger como lo hace la capital española. Pero quizá este carácter tan extrovertido sea lo que ha provocado que algunos busquen una manera más discreta de disfrutarla. De esta forma, en los últimos tres años hemos visto cómo han empezado a florecer de manera discreta (esa es la máxima que siempre se tiene que respetar) una serie de clubes y locales privados destinados sólo a unos pocos miembros dispuestos a pagar en algunos casos cantidades astronómicas por poder compartir espacio y tiempo con algunas de las personas más influyentes de nuestro país.

Inspirados por las sociedades y los clubes ingleses y americanos, se han configurado como un nuevo punto de encuentro de empresarios, artistas, periodistas o políticos que quieren alejarse del ruido para disfrutar de su tiempo libre. Actividades deportivas y culturales conforman la mayoría del programa mensual de estos espacios, donde se puede reconocer el perfil de Alicia Koplowitz, José María Aznar, Juan Iranzo o Juan Manuel Urgoiti. Por la noche son otros los que toman el relevo en estos espacios: actores, top models, diseñadores y hasta los mismísimos Reyes de España (repitiendo lo que ya hicieron en su momento Don Juan Carlos y Doña Sofía, habituales del Club Financiero Génova cuando todavía eran Príncipes de España) le ponen color a la ciudad cuando el sol se esconde.

Pero que nadie se lleve a equívocos o engaños. No hablamos de sociedades secretas donde se gesta el futuro del país o se descubren los secretos más ocultos de la alquimia. Hablamos de grandes y espaciosos lugares donde, en muchos casos, se ha realizado una gran labor de restauración para devolver a la ciudad rincones que podrían haber tenido un mal final. Los colores claros reinan en unas paredes donde se pueden contemplar cuadros de Picasso, Barceló o Antonio López y la alta gastronomía se disfruta en mesas con algunas de las mejores vistas de Madrid (ya sea su «skyline» o alguno de los desconocidos jardines interiores que pueblan el ensanche madrileño).

El Club Matador fue el primero en volver a poner de moda esta idea de asociarse y actualizarla enfocándose a jóvenes empresarios y Cha Chá The Club ha convertido un antiguo teatro en una sesión que nada tiene que envidiar al delicioso Club Silencio parisino. El último en llegar es Alma Sensai, que abre sus puertas este sábado en pleno barrio de Salamanca con la idea de convertirse en el lugar favorito de las mujeres madrileñas (sólo se aceptan a «algunos hombres buenos»).

El éxito de estos escondites es tal que muchos de sus socios se repiten de un lugar a otro poniendo en valor así el diferente carácter de cada club. Si alguien pensaba que Madrid se estaba convirtiendo en una ciudad aburrida, quizá es que no estaba en la lista adecuada.

Club Financiero Génova, el gran clásico

Nació en 1972 de la mano del prestigioso abogado Juan Garrigues Walker y el alma mater de Sotogrande, Antonio Muñoz Cabrero, con ánimo de importar la idea de los clubes británicos y estadounidenses. Desde entonces, se ha convertido en un lugar imprescindible de la vida social y el «networking» empresarial madrileño. Pero no sólo se fomentan los negocios: su club deportivo ha visto cómo el Rey Emérito se ejercitaba cuando todavía era Príncipe. Manolo Santana era otro de sus habituales. Sus ocho salones, su espectacular piscina y su impresionante terraza hacen las delicias de los grandes empresarios de nuestro país y acogen todo tipo de eventos, en los que podemos encontrarnos con José María Álvarez del Manzano, Juan Iranzo, Ramón Calderón o Carlos Fitz-James Stuart. La apertura de su terraza es uno de los eventos en los que hay que dejarse ver y sus impresionantes vistas de Madrid lo convierten en uno de los espacios favoritos para diseñadores como Jorge Vázquez, que una temporada llevó sus modelos hasta la piscina, alrededor de la cual pasearon en un recordado desfile. Actualmente, lo preside Juan Pablo Lázaro, presidente de CEIM (la patronal de empresarios de Madrid), que se enfrenta a la tarea de rejuvenecer el club, que cuenta ya, además de con su prestigioso premio taurino, con una comisión de jóvenes y otra de mujeres.

Cha Chá The Club , sólo por lista

Hasta este espectacular teatro cercano al Congreso de los Diputados se escapaba Alfonso XIII para sus encuentros íntimos con Carmen Ruiz Moragas, la artista que robó el corazón del Rey a la Reina Victoria Eugenia y fue madre de Leandro de Borbón. Tras un periodo como cine Bogart y un abandono casi total, la cuidada restauración (dicen que hasta intervino la Unesco) ha devuelto a Madrid un rincón único, de pan de oro y terciopelo rojo, al que sólo pueden acceder aquellos que aparecen en la selecta lista que se cierra los viernes. Una vez dado de alta como miembro de Cha Chá The Club, los invitados descubrirán cómo detrás de una discreta fachada se encuentran con un club de fumadores de decoración burlesca donde los famosos se refugian al inicio del fin de semana. Y es que el porcentaje de «celebrities» por metro cuadrado es insuperable. En sus pocos meses de funcionamiento ya ha recibido a lo más granado del nuevo famoseo patrio: Úrsula Corberó, Quim Gutiérrez, Pelayo Díaz, Luis Medina, Brianda Fitz-James Stuart, Moisés Nieto (ganador el pasado jueves del premio «Who’s On Next?» de «Vogue») o hasta el top internacional argentino Nicolás Ripoll encuentran en Cha Chá The Club su lugar favorito los viernes por la noche. Ahora prometen recuperar los pisos superiores para convertirlo en la terraza más «cool» de este verano.

Club Matador, para los nuevos caballeros

Alberto Anaut, nombre fundamental de La Fábrica, tenía un sueño: llevar el espíritu de su revista Matador a un lugar que sirviera de encuentro para la sociedad madrileña. Y así nació este impresionante espacio de 800 metros cuadrados en la calle Jorge Juan, al que se accede a través de una puerta que se abre con la huella digital. Sólo los miembros (que tienen que abonar una cuota anual de 1.200 euros) y sus invitados pueden acceder a sus salas, decoradas con cuadros de Picasso, Antonio López o Miquel Barceló, donde está prohibido el uso del teléfono móvil (aunque algunos se saltan las normas y lo consultan en su sala de fumadores). Entre sus socios fundadores encontramos a Alicia Koplowitz, que fue una de las emprendedoras que abonó los 10.000 euros iniciales que se les solicitó. El selecto grupo, del que como en todos estos espacios no se facilita su nombre, lo completan Carlos Delso (director general de Suárez), el publicista Agustín Vivancos (creador de las exclusivas chaquetas Tristana), el bodeguero Telmo Rodríguez o el ex presidente de Pescanova, Juan Manuel Urgoiti. Todos pueden disfrutar allí de la cocina de la chef de Matador, Yolanda Olaizola. El secretismo que rodea provocó que incluso se llegara a afirmar que el «Pequeño Nicolás» había disfrutado de acceso libre al club.

Club Alma Sensai, sólo para mujeres

Como Cha Chá The Club, Alma Sensai se ha encargado de devolver a la vida un espacio que hasta ahora estaba reservado exclusivamente para eventos. El edificio de la calle Príncipe de Vergara, 9 alojó en su momento al eminente doctor Carlos Jiménez Díaz y después a la fundación que su mujer, Conchita Rábano, fundó para continuar la memoria de este eminente médico. Tras su remodelación y puesta a punto, hoy sábado organiza la fiesta de inauguración de este club de mujeres donde sólo «unos pocos hombre buenos» son aceptados (así reza su lema). La invitación exige etiqueta «creativa» y prohíbe terminantemente hacer fotos de los invitados. La discreción se exige también en esta cita donde sí se pueden hacer selfies, pero nada de planos generales. Tras una espectacular escalera de ensueño, que sorprende a todo el que tiene la oportunidad de verla, se accede a un impresionante espacio en el que destaca una inmensa vidriera que da luz al distribuidor por donde ya ha pasado la eminente bioquímica Margarita Salas, que demuestra el nivel de los miembros (¿las miembras?) de este club que abre por fin sus puertas. El primer piso es una sucesión de salones con una decoración de principios de siglo que cambia drásticamente en su espacio destinado al deporte. Aquí vida sana y champán conviven sin ningún problema, ya que existen salas de belleza, fitness y bienestar, a las que sólo pueden acceder las socias que previamente han superado la aceptación del comité, formado por nueve mujeres de distintos ámbitos empresariales designadas por los fundadores. La admisión masculina resulta curiosa. El formulario que deben rellenar es el mismo que el de las féminas, pero con un añadido exigente: detallar una experiencia que compartiría con una mujer, «demostrando así su sensibilidad con el universo femenino». Se valora, sobre todo, la originalidad de la propuesta.

Otros escondites en la capital

La Real Gran Peña, de origen militar, es uno de los grandes clásicos junto con el Club Financiero Génova, por donde pasaron desde Canalejas a Miguel Primo de Rivera, Franco o Mariano Benlliure. Ahora comparte espacio con el hotel The Principal y una de las terrazas más animadas de Madrid. El más desconocido, Casa Club, destaca por lo discreto de su ubicación, cerca de la calle María de Molina. Su muro infranqueable impide contemplar su jardín y el chalet donde de vez en cuando se deja ver José María Aznar. Mucho más informal es el Costello Prive, una de las barras más espectaculares de Madrid y un secreto entre la gente «cool» de la capital por donde se ha llegado a ver al Rey Felipe VI y a la Reina Letizia.

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