Novela

Rivero Taravillo: «Franco no tiene nada que ver con José Antonio»

El libro «El Ausente» desvela con rigor las interioridades del mito de la camisa azul

Rivero Taravillo: «Franco no tiene nada que ver con José Antonio»
Rivero Taravillo: «Franco no tiene nada que ver con José Antonio»larazon

José Antonio Primo de Rivera se convirtió en el gran mártir que necesitaba el franquismo. Durante años, su retrato estuvo colocado junto al del dictador y desde 1975 ambos están enterrados en el Valle de los Caídos. En la actualidad, es un personaje desconocido para la mayoría de los españoles que sólo tienen en mente la caricatura fascista de los brazos en alto y las botas de montar. «El Ausente» (La Esfera de los libros) recrea desde la novela sus últimos años.

–¿Por qué José Antonio?

–Porque es un personaje absolutamente novelesco que desde hace años notaba que me interpelaba para que escribiera una novela sobre él. Aparece aquí y allá en algunos textos narrativos, pero exigía ser protagonista de una novela. Digo que es novelesco porque reúne muchas de las características del héroe trágico, porque se embarcó en aventuras que de algún modo lo superaron y además se convirtió en un mito. Todo eso hace que su figura quede nimbada por un atractivo que muchos sienten por él y por su propio potencial, que luego fue tergiversado por el franquismo.

–Siempre se habla de su potencial, de lo que pudo hacer, pero realmente qué hizo en vida para ser el gran mártir.

–Lo que sí es cierto es que no pudo cuajar una ideología como un sistema firme y establecido porque no tuvo tiempo, pero es interesante su evolución hacia un fascismo si quieres de izquierdas o de una evolución de la llegada de conquistas sociales. José Antonio en el año 35 tiene un discurso totalmente contrario a la derecha: habla de reforma agraria, de derechos de los trabajadores, de conceptos que son inimaginables por la derecha. Es verdad que tenía una carga nacional, lo que tampoco era atribuible a la izquierda. Nadó entre dos aguas dentro de una corriente turbulenta que al final se lo llevó.

–Pero los nazis y el fascio italiano tenían un ideal muy parecido para contrarrestar la oleada comunista.

–Sí, pero lo que pasa es que José Antonio al llegar a Alemania pierde la fascinación que tenía, como muchos, por el régimen de Hitler pero le repelió el racismo. Del fascismo italiano sí se sintió más cercano por el ascendente que tuvo Mussolini sobre su padre. De hecho en el libro intento explicar sus contradicciones como decir que Falange no es un partido fascista cuando en el periódico F.E. existía una página dedicada al fascismo italiano y estaban patrocinados por ellos. No sabremos a dónde habría llegado pero sí es cierto que iba adquiriendo una fisonomía propia.

–Si durante el franquismo era el «El Ausente», ¿ahora qué es?

–Mucho más ausente, pero en aquel momento era una figura que jugaba con la paradoja, porque aunque se le diera ese epíteto estaba presente. Había un culto al héroe, una especie de martirologio en torno a él muy notable. Hoy en día es un desconocido y si se le conoce es por alguna idea pedestre de que era un fascista más. No lo era, era alguien que tenía una vida inteligente que se volcaba hacia la reflexión, le gustaba escribir y aunque tenía brotes de violencia no era alguien que la preconizara, lo que pasa es que siempre se le ha puesto el sambenito de la frase «los puños y las pistolas». En el contexto de la II República todos preconizaban la violencia. No es justo que pasado el tiempo esa adjudicación violenta sea para unos y para otros no.

–En la cárcel, antes de que lo condenaran a muerte, trató de llegar a un acuerdo para parar la guerra y lograr un gobierno de concentración nacional. ¿Se arrepintió de haberle metido fuego al bidón de gasolina?

–En cierto modo sí, pero no fue el único. Conspiró contra la República y planeo sabotajes con otros militares, pero nunca pensó que fuera a acabar en una guerra civil. Cuando le llegan las noticias de lo que estaba pasando se asustó y trató de alcanzar una solución pactada entre las partes, pero no tuvo margen de operación.

–Pero en realidad tampoco era nadie.

–Es cierto que no era nadie, pero en el bando sublevado tenía un ascendente importante porque Falange, que tenía muy poca militancia, cuando llega 1936 se ve desbordada por ex militantes de otras formaciones como la CEDA.

–¿Hubiera podido con Franco?

–Es muy difícil saberlo porque Franco tenía detrás al ejército y a poderes muy fuertes, pero él tenía una autoridad moral entre los alzados. Probablemente hubiera estado abocado a un enfrentamiento además de que nunca sintieron una simpatía mutua. De hecho, en alguna ocasión consta que Franco habló despectivamente de él. Sí se sabe que José Antonio se dirigió a Franco para instarlo a que se alzara pero sólo como jefe militar, no como político.

-Pues vaya gracia para ambos, que están enterrados juntos.

-Es parte del mito y lo que se hace cuando muere es tratar de conseguir una especie de mártir público para todo el país. Es una faena, porque Franco no tiene nada que ver con José Antonio.