Historia

Colonia

Sevilla se mira la ojiva

Con la cita musical de «Gótico», el universo fascinante de la Edad Media continúa atrayendo las miradas de quienes se acercan

Imagen de la Catedral de la capital hispalense
Imagen de la Catedral de la capital hispalenselarazon

A menudo, la Época de los Descubrimientos o la de la Conquista de América oscurecen el periodo medieval de la capital hispalense. Parece como si todo lo anterior a ese momento, del Puerto de Indias al que todos querían llegar para hacer fortuna en el Nuevo Mundo, hasta el regionalismo de la Exposición Iberoamericana de 1929 no hubiera vivido otros «momentos estelares» de su historia. Muy consecuente con el carácter de aquella época, el medievo queda oscurecido a unos pocos actos guardados en la memoria popular donde se hilvanan los recuerdos del cerco de la ciudad por las tropas castellanas, los versos de Almutamid, el fogoso y justiciero Pedro I «El Cruel» o la matanza de los judíos en 1391. La llegada del mundo cristiano a Sevilla supuso que la ciudad entrara en contacto con las tradiciones de pensamiento imperantes en ese periodo de tiempo en el continente y la absorción de un estilo de vida que se alejaba de lo vivido en la etapa inmediatamente anterior. Sevilla se hacía, más que nunca, ciudad en la pura esencia de este término, situación que ya era disfrutada por otras como París, Colonia, Florencia, Venecia o Toledo. Un mundo en el que se mirará la próxima edición del Festival de Música Antigua de Sevilla (FeMÁS), que centra su programación bajo el epígrafe «Gótico».

Como la Virgen de las Batallas, llegada de Francia, el gótico fue el estilo que se hizo presente desde entonces en todos los ámbitos de la nueva ciudad cristiana. Desde la arquitectura civil y religiosa hasta las artes manufacturadas pasando por la música y la literatura. El arte propio del arco apuntado, tan francés y elevado, tan espiritual y hermético, competía con una larga tradición islámica aún presente que dio lugar a otra peculiar manera de entenderlo y reinterpretarlo. El gótico se islamiza en Sevilla, como en otras ciudades reconquistadas, amalgamándose en lo que conocemos como mudéjar. La Catedral aglutina, sin embargo, la «pureza» del arte galo en las portadas enmarcadas por las estatuas de Lorenzo Mercadante de Bretaña, que sustentan en sus fascinantes gestos y sonrisas todo el mensaje críptico que Fulcanelli expresó en «El misterio de las catedrales». Cuenta el maestro hermético que el término gótico es fruto realmente de la evolución de «art goth», que da lugar a argot. La lengua de los gremios, de los comerciantes, de quienes compartían una inquietud y un secreto que expresaban, cifrado, en los muros de los templos medievales. Están no sólo en la Catedral, sino que se reparten a lo largo de distintos soportes en iglesias y palacios, sobre tapices, pinturas murales, miniaturas u otras artes ornamentales. ¿Cuál era la «banda sonora» de aquellos siglos? Después de la conquista cristiana, el ingente y variado patrimonio musical musulmán fue readaptado, mientras que llegaron otras formas más acordes con la nueva religiosidad. Alfonso X «El Sabio», que instala su corte en el Real Alcázar en la que hay músicos musulmanes y judíos, realiza un juego de dos caras, muy sevillano por cierto, ya que usa la música trovadoresca propia de la Provenza bajo el velo sacro de las cantigas a Santa María. En ellas, la Virgen es tratada como la dama de un caballero enamorado. En las casas nobiliarias el matiz religioso es menor y se apuesta más por los gustos mundanos. Ganan peso las danzas europeas como el «trotto», el «saltarello» o el «branle», mientras que en los templos se representan los dramas litúrgicos en Navidad, Cuaresma y Pascua, que tanto reconocimiento tendrán en el barroco. El baile de Los Seises es una muestra que ha llegado hasta la actualidad, aunque profundamente transformado, que dentro de dos semanas se puede disfrutar por el Triduo del Carnaval. Hay que tener en cuenta que los límites entre lo religioso y lo profano en la Edad Media eran muy difusos y menos delimitados de lo que hoy se piensa. Junto a los oficios divinos, en el calendario medieval de las ciudades europeas se celebraban de manera habitual otras festividades nada sacras como la «Fiesta de los locos», la «Fiesta del Asno» o el «Entierro del Carnaval», herederas de las de la antigüedad.

Con esta cita musical, el universo fascinante de la Edad Media continúa atrayendo la mirada de quienes se acercan para cerciorarse de que se mantienen vivas aquellas palabras de Averroes, cordobés, en su discusión con Avenzoar, sevillano: «Yo no sé por qué será, pero el hecho es cierto: si muere un sabio en Sevilla, llevan los libros a Córdoba para venderlos; si en Córdoba muere un músico, van los instrumentos a Sevilla para venderlos».